miércoles, 31 de mayo de 2017

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Evangelio según San Juan (20,19-23) y Reflexiones del Domingo de Pentecostés 4 de Junio 2017 —RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO—

A todo aquel que quiera conocer a JESUCRISTO  RESUCITADO

Bienvenido el Espíritu Santo

Pentecostés o Domingo de Pentecostés tiene lugar el 4 de Junio de 2017 celebrando el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la actividad de la Iglesia, por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo, es una fiesta móvil, no tiene fecha fija en el calendario, siendo justo 7 semanas después del Domingo de Pascua. Se trata de una festividad que pone término al tiempo pascual y que configura la culminación solemne de la misma Pascua, su colofón y su coronamiento. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad.

Es la confirmación de la promesa de Jesús: «Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo» (Hechos 1:5). Esto pone de manifiesto la unidad espiritual de todos los que recibieron el Espíritu de Jesús, un solo Cuerpo y un solo Espíritu...un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos (Efesios 4: 4-6)

Así mismo manifiesta la constitución de una comunidad abierta a todos los pueblos. Esto se ve simbolizado por el llamado MILAGRO DE PENTECOSTÉS: todos oían hablar a los apóstoles en su propio idioma (Hechos 2:1-11).

Mientras que en la soberbia de la construcción de la torre de Babel terminaron por confundirse todas las lenguas, de forma que nadie podía comprender al otro, a punto tal de quedar esa construcción inconclusa (Génesis 11:1-9).

Es en PENTECOSTÉS que se materializa la restauración de la unidad perdida en Babel. Si alguien tiene el Espíritu de Jesús, realiza los mismos gestos de Jesús: anuncia la palabra de Jesús (Hechos 5:42; Hechos 6:7; Hechos 9:20; Hechos 18:5); repite la oración de Jesús (Hechos 7:59; Hechos 21:14); perpetúa, en la fracción del pan, la acción de gracias de Jesús (Hechos 2:42), y vive, unido con los demás creyentes y compartiendo con ellos (Hechos 2:44; Hechos 4:32).

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El domingo 4 de junio de 2017 celebramos la Fiesta de Pentecostés…   

 

Es la Venida de Dios, al mundo, rescusitado, triunfal, como Cristo Rey, a depositar y entregar al mundo su Espiritú Santo, su forma Trinitaria:  

"SEÑOR Y DADOR DE VIDA", el Espíritu de Dios Padre e Hijo en su Forma Trinitaria,  que habrá de acompañar a los verdaderos creyentes hasta el fin de los siglos, DIOS en armonía con los hombres de buena voluntad.  En este día  a los creyentes nos es "enviado" el VERDADERO ABOGADO E INTERCESOR, EL PARÁCLITO.  El "amigo" incondicional, el "acompañante" siempre fiel y leal. Al que todo se puede confiar, en la mayor de las alegrías y en la mayor de las tristezas y sufrimiento:

«No habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos hace clamar ¡Abbá, Padre!» (Romanos 8, 15).

«Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno».

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Es el día de Pentecostés.

Rev. Padre: Alberto Ramírez Mozqueda, Parroquia Inmaculado Corazón de María, Ciudad de Guanajuato, México.

La alegría del encuentro de los 11 Discípulos con Cristo Rey,  no lo llenó todo, pues había un encargo muy importante: DARLES EL ESPÍRITU SANTO, darles el poder y la capacidad de perdonar los pecados, enviarlos a llevar su Evangelio a todas las gentes y poner las bases para la Iglesia que haría las veces de Cristo sobre la tierra.

Todo eso se logró cuando Cristo abrió sus brazos cuan largos eran, sopló sobre ellos y les dio la fuerza del Espíritu Santo. Eso cambió sus vidas radicalmente, dándoles una valentía interior que antes no tenían.

Sin embargo aún no era el momento para comenzar el trabajo. Ya estaban en sus marcas, listos para la carrera, pero aún faltaban algunos toques, algunos detalles, que Cristo fue definiendo en los días posteriores, con varios encuentros con ellos, primero en Jerusalén y luego en Galilea, en las orillas del querido lago de Galilea. Ese fuego los impulsó instantáneamente salir, a acercarse, a visitar a cada uno de los hombres, para decirles: "CRISTO JESÚS, EL QUE USTEDES LOS HOMBRES MATARON, DIOS LO RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS, ESTÁ VIVO, ES EL SALVADOR, ES LA LUZ, ES EL ÚNICO CAMINO DE ACCESO AL PADRE". 

El que lo invoque se salvará, Él será la puerta, no hay otra, para pasar a la Casa del Padre.

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"El Espiritu Santos se poso sobre la cabeza de cada uno"

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Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

 

Palabra de Dios    

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Salmo 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34

 

R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

 

Bendice, alma mía, al Señor:

¡Dios mío, qué grande eres!

Cuántas son tus obras, Señor;

la tierra está llena de tus criaturas.

R/.

 

Les retiras el aliento, y expiran

y vuelven a ser polvo;

envías tu espíritu, y los creas,

y repueblas la faz de la tierra.

R/.

 

Gloria a Dios para siempre,

goce el Señor con sus obras;

que le sea agradable mi poema,

y yo me alegraré con el Señor.

R/.      

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Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,3b-7.12-13):

 

HERMANOS:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

 

Palabra de Dios

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— EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (20,19-23) —

19. Al anochecer de aquel día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.

21. Jesús les volvió a decir: «Paz a vosotros» Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»

22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo:

23. a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»

 

Palabra de DIOS

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Pentecostés: Vivir a Dios desde dentro

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Hace algunos años, el gran teólogo alemán, Karl Rahner, se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos es su "mediocridad espiritual". Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es "seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual".

 

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

 

La sociedad moderna ha apostado por "lo exterior". Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.

 

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente.

 

En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿
Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?

 

Acoger al Espíritu de Dios quiere decir dejar de hablar solo con un Dios al que casi siempre colocamos lejos y fuera de nosotros, y aprender a escucharlo en el silencio del corazón. Dejar de pensar a Dios solo con la cabeza, y aprender a percibirlo en los más íntimo de nuestro ser.

 

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, transforma nuestra fe. Uno se sorprende de cómo ha podido vivir sin descubrirla antes. Ahora sabe por qué es posible creer incluso en una cultura secularizada. Ahora conoce una alegría interior nueva y diferente. Me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna, sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.

 

Con todo aprecio y afecto

Sacerdote José Antonio Pagola

Bilbao - España

vgentza@euskalnet.net