martes, 23 de mayo de 2017

El coronel de Infantería Edgar Rubio Castañeda : Desde el cuartel: otra visión de Guatemala

Edgar Rubio habla sobre Desde el cuartel

 

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Desde el cuartel: otra visión de Guatemala

 

El coronel de Infantería Edgar Rubio Castañeda decidió escribir un libro: un libro alejado de lo que hemos visto y oído durante años de boca de otros militares. Basta ver los principales títulos del índice: I. Reflexión inicial, estadistas en los Estados. II. El Estado, la oligarquía y los gobiernos. III. Los recursos naturales. IV. El secuestro y la extorsión de la deuda interna (terrorismo financiero oligárquico). V. Los monocultivos y la seguridad alimentaria. VI. El Ejército de guatemala: La relación de los generales con la oligarquía. VII. ¿Qué nos ha dejado el neoliberalismo? VIII. Reflexión final: la liberación del Estado. Lo explica así el sociólogo Bernardo Arévalo: Este libro contiene dos libros. El primero hace una crítica, desde la economía política, a cómo se actualiza el Estado depredador histórico. El segundo es una sociología militar que critica el papel del Ejército en su historia y su actualidad. Este es el capítulo 1.

Edgar Rubio Castañeda

Estadistas en los Estados

En la historia de la humanidad hay grandes personajes que fueron inmortalizados por las transformaciones políticas, sociales, educativas y culturales de sus países. Sus ideas y actuaciones son objeto de estudios para encontrar aspectos relevantes que se puedan aplicar a nuestra época. Abraham Lincoln, en Estados Unidos de América, abolió la esclavitud; Lázaro Cárdenas, en Estados Unidos Mexicanos, nacionalizó el petróleo y llevó a cabo una reforma agraria; Juan José Arévalo, en Guatemala, realizó importantes transfor­maciones políticas, económicas, sociales y culturales; Jacobo Arbenz Guzmán, también en Guatemala, inició una importante reforma agraria y el rompimiento de mo­nopolios; y Hugo Chávez, en Venezuela, nacionalizó el petróleo e impulsó una auténtica revolución social. Todas ellos tienen en común haber sido estadistas que mejoraron significa­tivamente las condiciones de vida de sus conciudadanos, para que pudieran vivir con dignidad e igualdad de oportunidades para todos.

 

El liderazgo político es el más importante de todos los liderazgos, debido a que permite transformar países atrasados o subdesarrollados en países desarrollados. Sin embargo, un mal liderazgo político puede hacer retroceder a los pueblos y llevarlos a la miseria, al atraso, a la pobreza total y en consecuencia al caos.

 

La política es un noble oficio que permite servir al prójimo, en especial a los más necesitados: los desnutridos, analfabetas y enfermos. Requiere independencia, disciplina y entrega total. Lamentablemente, los políticos tradiciona­les que han gobernado nuestro país lo han prostituido y degenerado, exclusivamente para sus amos y patrones, quie­nes han patrocinado las campañas electorales para hacerse del poder y, luego, cobrarse las facturas y recuperar la "inversión". Estos oscuros financistas son vulgares y avorazados ladrones de cuello blanco.

 

Con las excepciones de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, Guatemala no ha tenido líderes que puedan considerarse estadistas, que se comprometan con la trans­formación política, económica y social del país, para que pueda dejar atrás el legado de violencia, corrupción, atraso, miseria y privilegios que nos condenan a ser un país eternamente tercermundista o, por disfuncional e invia­ble, intervenido permanentemente por organismos inter­nacionales.

 

Urgen políticos progresistas comprometidos con el sistema democrático, para que cambien radicalmente el destino que le depara al país; comprometidos con causas sociales y consensos, transparentes, visionarios: políticos de nación, de pueblo, de Estado.

 

Es importante que la mayoría, la de estómagos vacíos, los marginados, explotados y olvidados, se mantenga uni­da y organizada. De lo contrario, no podrá cambiar los cimientos y estructuras de este modelo empobrecedor lleno de privilegios y corrupción. Las condiciones están da­das para que el pueblo reaccione y aporte a la trans­formación nacional. Nosotros, como militares, haremos la parte que nos corresponde sumándonos a ese movimiento social progresista.

 

A lo largo de la historia, muchos de nuestros hermanos y compañeros revolucionarios inicia­ron el camino de la reivindicación y la justicia social. Ahora, nosotros los progresistas, estamos más que obligados o continuarlo de manera pacífica para no darle oportunidad a los violentos a que actúen contra nosotros.

 

De 1821 a 1871, en el tiempo que gobernaron los con­servadores,1 tuvieron la oportunidad de hacer los cambios profundos que se necesitaban y no lo hicieron. De 1871 a 1944 los liberales2 compitieron con los conservadores para acumular riquezas, olvidando al pueblo.

 

El período de 1944 a 1954 ha sido el único en que no se acumularon riquezas particulares sino que se gobernó para el pueblo, con verdaderas políticas sociales, de largo plazo, que aún pre­valecen. Fue llamada la Primavera Democrática porque floreció realmente la democracia. En esa época hubo un esfuerzo extraordinario para solucionar de fondo los pro­blemas sociales y económicos heredados de periodos anteriores.

 

De 1954 a la fecha, conservadores y liberales se han unido para retomar el control del Estado y seguir acumulando riquezas en detrimento del pueblo. Las consecuencias están a la vista: Somos un país con pobreza, con hambre, sin educación, con enfermedad, violencia, sin oportunidades de empleo, sin un Estado eficaz; un pueblo aún con miedo a expresarse libremente, descara­damente manipulado y desmoralizado, sin esperanza de que cambie la situación social y se alcance un futuro mejor.

 

Lo que no nos han podido robar ni cambiar son nues­tros sueños e ilusiones de ver una Guatemala con bienestar y desarrollo, donde todos, sin excepción, nos sintamos orgullosos del país que nos vio nacer.

 

Así que estaremos dispuestos a dar nuestro aporte, para sumar a la transformación social, para que nuestros sueños e ilusiones se hagan realidad. El camino que segui­re­mos no será fácil. Tendremos que enfrentarnos a la oli­garquía más atrasada, reaccionaria, corrupta y saqueadora del mundo y a su maquinaria mediática muy bien aceitada.

 

 

1. Los conservadores, integrados por "la llamada aristocracia y el clero" y la "aristocracia terrateniente, escolástica y tradicionalista, amurallada en su orden religioso, fueros y privilegios por ley, religión única y una Iglesia cargada de riquezas y poder político, metida hasta en la sopa para mantener una cultura de casta (…) todos los conventos acumularon enormes bienes y riquezas: fueron los prestamistas y banqueros de la colonia". (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).

 

2. "Entre los liberales militaron criollos, mestizos de la pequeña bur­guesía y pocos indígenas (…) algunos criollos y mestizos se apasionan por el liberalismo ilustrado, las ideas positivistas, el na­cionalismo hasta originar clara noción de patria" (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).