miércoles, 10 de mayo de 2017

DE NUESTRO INTERES...

La mejor respuesta para probar científicamente que Cristo resucitó

por Daniel Prieto

 

Ver video primero, por favor:

¿Habría algo que corregirle o añadirle al video de hoy? Por un lado, el argumento es claro: nos plantea una necesaria distinción para poder abordar mejor la Resurrección de Cristo como hecho "razonable", es decir, digno de ser creído en cuanto racionalmente verosímil, y no caer así en la trampa de quienes lo tildan de creencia "irracional" fruto de pura autosugestión y fantasía, en cuanto carente de pruebas científicas. En ese sentido, es cierto que se trata de un evento que por su misma condición histórica (o mejor dicho, meta-histórica, pues en su mismo acontecer la trasciende), no puede ser enmarcado en el ámbito de lo "demostrable" científicamente, como si pudiese ser juzgado según pruebas experimentales, lo cual sería no solo inútil, sino ridículo. No se le pueden pedir peras al olmo, como se dice, de la misma manera que no se puede esperar que haya pruebas científicas de que los muertos resucitan; sin embargo, cabe decir que, en lo que respecta a la ciencia actual, los avances en nuestra comprensión de lo que es la materia, o mejor dicho, en nuestra incomprensión ante su enorme misterio, nos llevan más bien a acoger como posibles hechos de este tipo.

 

Como nos lo recordaba el P. Manuel Carreira SJ (astrofísico) refiriéndose a la materia estudiada en sus dimensiones microscópicas (campo denominado "mecánica cuántica"):

«Ni partículas ni ondas son estrictamente localizables: más bien se comportan como distorsiones, más o menos concentradas, del "vacío físico", con posibilidad de ser detectadas fuera del lugar ocupado según la mecánica clásica.  Esta falta de localización estricta se expresa en el Principio de Indeterminación de Heisenberg, y da lugar a fenómenos como el de difracción de electrones  o átomos enteros, y al "efecto túnel", importante como explicación de la radioactividad y base de dispositivos electrónicos de utilidad industrial y científica. En estos casos tenemos que admitir que una partícula está en varios lugares simultáneamente (difracción) o que pasa de un lugar a otro sin pasar por el medio y sin perder energía o emplear tiempo medible en su paso (efecto túnel).. »

 

Tan difícil se ha vuelto para los científicos explicar el comportamiento de la flexible, indeterminada y misteriosa materia como fue para los discípulos narrar el comportamiento del cuerpo glorioso de Cristo resucitado, que presenciaron en diversas ocasiones. Una cosa es cierta, como decía el papa Benedicto XVI, la incongruencia de los hechos no disminuye ni desacredita la atendibilidad de lo que sucede (o sucedió; por el contrario, en no pocos casos la refuerza, pues como arguye el papa:

«La dialéctica que forma parte de la esencia del Resucitado es presentada en los relatos realmente con poca habilidad, y precisamente por eso dejan ver que son verídicos. Si se hubiera tenido que inventar la resurrección, se hubiera concentrado toda la insistencia en la plena corporeidad, en la posibilidad de reconocerlo inmediatamente y, además, se habría ideado tal vez un poder particular como signo distintivo del Resucitado. Pero en el aspecto contradictorio de lo experimentado, que caracteriza todos los textos, en el misterioso conjunto de alteridad e identidad, se refleja un nuevo modo del encuentro, que apologéticamente parece bastante desconcertante, pero que justo por eso se revela también mayormente como descripción auténtica de la experiencia que se ha tenido» (Ver Jesús de Nazaret, Tomo II)

En realidad, en un tiempo como el de los discípulos los Evangelios parecen estar narrados solo para escandalizar y generar confusión, lo cual no sale muy a cuenta si se quiere convencer a alguien. Basta mencionar que, en un contexto fuertemente monoteísta, un hombre se proclama Dios y muere (Dios ha muerto como sentenció dos mil años tarde Nietzche); que resucita antes del final de los tiempos, siendo las primeras testigos de tal evento mujeres (algo escandaloso, visto que eran consideradas como testigos sin relevancia); que la Resurrección como decíamos antes viene contada de forma incongruente por los diversos testigos (Jesús es reconocible y luego no lo es, tiene corporeidad y luego atraviesa las puertas como un fantasma, etc.); los discípulos se describen a sí mismos como incrédulos, muertos de miedo, reunidos con las puertas cerradas para protegerse. En fin, todo parece escrito por alguien a quien solo le interesa decir cómo ocurrieron las cosas sin mucho maquillaje.

Por último, añadiría que otro gran signo que nos ha dejado el Señor para sostener nuestra fe, y que constituye todavía un gran desafío para la ciencia, es la Sábana Santa de Turín. ¿Qué decir entonces ante todo esto? Que tenemos razones para creer, que la fe no niega ni la razón ni los hechos, sino que apoyándose en ellos los lleva a su plenitud en un asentimiento que se abre a una realidad nueva, una realidad que, al ser donada, no puede ser fruto de nuestros cálculos y razonamientos; una realidad tan sencilla y grande que para abrazarla solo pide una razonable humildad y confianza.

 

Tres pasos sencillos para saber si una noticia sobre el Papa es Falsa

 

Los bulos o noticias falsas son el pan de cada día en las redes sociales. ¿Nunca te has topado con la noticia de una supuesta fórmula secreta recién descubierta para eliminar una enfermedad hasta hoy incurable? ¿y qué tal la noticia de la muerte de un actor famoso que a las pocas horas es desmentida? Todos hemos leído alguna vez una de esas noticias falsas y no son pocos los que las creen y las vuelven virales. ¡Ni el Papa se salva de esos bulos!

¿Recuerdan que el Papa Francisco supuestamente dijo que "necesitamos santos con jean y zapatillas"? Es falso.
¿La noticia del Papa convocando a un nuevo concilio? También falso.
¿Y las declaraciones de su santidad diciendo que "Dios no usa Facebook"? Tampoco lo dijo.

Pero vayamos al grano: ¿Cómo puedo saber si una noticia del Papa es falsa o verdadera?

En este post te enseñaremos cómo saberlo en muy pocos pasos:

1) Desconfía de los títulos escandalosos

 

Existen muchas páginas creadas solo para conseguir visitas a toda costa. Por eso recurren mucho al clickbait, un truco que consiste en usar títulos llamativos (muchas veces mentirosos) con el fin de atraer a la mayor cantidad de visitantes. Por eso, si ves un título demasiado llamativo al punto de ser escandaloso lo más probable es que se trate de una noticia falsa.

2) Si ya entraste a leer la noticia mira el nombre de la página

¡Esto es muy importante! Y en este punto apelaremos a nuestro sentido común ¿En serio podemos creer en una página llamada laverdadqueteocultan.com? ¿Tomaremos en serio una noticia de una web llamada solocreemeamiynoalvaticano.org? Obviamente que no. Lamentablemente existen cientos de páginas con ese estilo; si alguna vez te topas con ellas NO les creas.

Por cierto, también existen páginas dedicadas solo a fake news. Son humorísticas y no deben ser tomadas en serio (Ejemplo: El Deforma, Eye of the Tiber, Hechos 215, The Onion, etc).

3) Contrasta la información en sitios católicos confiables

Todo lo que diga públicamente el Papa Francisco queda registrado en medios católicos serios. Es simple: Si no aparece allí ES FALSO.

Les recomendamos estos medios serios que siempre están atentos a lo que diga el Papa:
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ACI Prensa
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EWTN Noticias
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ChurchPOP Español :D
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Página web del Vaticano

 

«Estudiar el universo con la ciencia es un acto de oración», explica el astrónomo Guy Consolmagno

Guy Consolmagno es una autoridad mundial en el campo de la astronomía. Este jesuita es el director del Observatorio astronómico del Vaticano ha sido además reconocido con la Medalla Carl Sagan de la Sociedad Astronómica Americana.

Zenit le ha entrevistado tras presentar el Congreso científico sobre los agujeros negros, las ondas gravitacionales y la peculiaridad del espacio-tiempo, que se realiza desde el 9 al 12 de mayo en el Observatorio Astronómico Vaticano de Castel Gandolfo.

"Dios es la evidencia de la existencia del universo"
"Al inicio del tiempo Dios habló con nosotros a través de lo creado, dice la carta de san Pablo a los Romanos. Por lo tanto estudiar el universo con la ciencia es un acto de oración, un modo de encontrar a Dios", dijo Consolmagno. Pero para ello, explicó, "antes es necesario encontrar a Dios, como padre, como Abba, contrariamente no se puede encontrar a Dios en la Ciencia". O sea que "la Fe está antes si se quiere poder ver a Dios en la creación".
El astrónomo estadounidense Guy Consolmagno, cuando ya contaba con un brillante currículo científico, ingresó en 1989 a la Compañía de Jesús, tomando los votos en 1991. En 2015 fue nombrado director de la Specola Vaticana,  el Observatorio astronómico del Vaticano. En el 2000 la Unión Astronómica Internacional le dio su nombre a un asteroide de la faja principal, 4597 Consolmagno, conocido también como "Little Guy".
Interrogado sobre si Dios no es una evidencia, y sobre el universo como un reflejo de Dios, señaló: "Dios es la evidencia de la existencia del Universo. Porque si no se cree en un Dios se podría pensar que el universo no existe, que es todo una imaginación".
"Un Dios bueno que ha creado el Universo"
El jesuita añadió que "si no se cree en un Dios como en el Dios del cristianismo, no se puede creer en el universo que obra con leyes y con un sistema". Contrariamente "sería un universo del caos, de dios naturaleza, como Jove o Júpiter". Precisó así que "esta no es nuestra idea de Dios. La idea es de un Dios sobrenatural que da espacio para las leyes de la Ciencia".
"También creemos –añadió Consolmagno– en un Dios bueno que ha creado el Universo por su voluntad y no por un accidente o por un caso". En un Dios "que ha dicho que el Universo es bueno, y que dijo 'Esto es bueno'.
Un congreso sobre agujeros negros
Sobre el evento que realizarán esta semana en Castel Gandolfo, precisó: "Es un congreso científico que quiere juntar a tantos expertos de varios campos especialistas en agujeros negros". Y precisó que el congreso reúne no solo los teóricos de los agujeros negros, sino también aquellos que observan y a los que los estudian desde otras perspectivas científicas.
"Porque muchas veces sucede que hay un convenio de observadores, otros de teóricos, otros de agujeros negros, etc. Pero aquí queremos poner a los diversos científicos juntos, como en un taller". Además porque "faltará siempre el tiempo para hacer presentaciones y discusiones, por ello queremos favorecer el intercambio libre de ideas".

 

 

Evangelio según san Juan (14,1-12) del 5° Domingo de Pascua -14 de Mayo de 2017-

A TODO AQUEL QUE QUIERA CONOCER A JESUCRISTO  RESUCITADO

Jesús, quiero ser dócil a tus inspiraciones, ¡ilumíname!

Sosteniéndome con tu gracia me das la vida y, porque me amas, quieres mostrarme EL CAMINO, LA VERDAD Y EL ESTILO DE VIDA que me puede llevar a la felicidad.

Ilumina mi oración, aparta la distracción para que pueda experimentar tu presencia y tu cercanía.

Padre Celestial: Te damos gracias por nuestras madres, a las que Tú les has confiado el cuidado precioso de la vida humana desde su inicio.

Tú has dado a la mujer la capacidad de participar contigo en la creación de nueva vida. En la voluntad y el amor...

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"Hoy me quiero centrar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo "les guiará en toda la verdad", siendo él mismo "el Espíritu de la Verdad".

Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?". Pilato no llega a entender que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, "se hizo carne", que vino entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona".

(S.S. Francisco, catequesis del 15 de mayo de 2013)

Comunicar el amor misericordioso del Señor. ¡Esta es nuestra misión! También a nosotros nos han dado la "lengua" del Evangelio y el "fuego" del Espíritu Santo, porque mientras anunciamos a Cristo resucitado, vivo y presente en medio de nosotros, calentamos el corazón de los pueblos acercándoles a Él, camino, verdad y vida".

(Homilía de S.S. Francisco, 24 de mayo de 2015).

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PRIMERA LECTURA

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

 

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

 

—«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra».

 

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

 

La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos, incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

Palabra de Dios.

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Salmo 32

 

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

 

Que la palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

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SEGUNDA LECTURA

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9

 

Queridos hermanos:

 

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

 

Dice la Escritura:

 

«Yo coloco en SIÓN una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado».

 

Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.

 

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa.

 

Palabra de Dios.

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Evangelio según san Juan (14,1-12), del domingo, 14 de mayo de 2017

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

 

—«No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino».

 

Tomás le dice:

 

—«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

 

Jesús le responde:

 

—«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

 

Felipe le dice:

 

—«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

 

Jesús le replica:

 

—«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre».

 

Palabra del Señor.

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«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida».

COMENTARIO

Por Mons. Rafael Escudero López-Brea, obispo prelado de Moyobamba.

El Evangelio de este domingo es una palabra llena de consuelo, pues en él nos ofrece Jesús la perspectiva de la gloria futura, en compañía de Él y del Padre. El cielo es nuestra meta, el camino para llegar a él es el mismo Cristo.

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No se angustien". Jesús ha anunciado su muerte y esta noticia deja a los discípulos llenos de tristeza y turbación. La manera de superar esos sentimientos es la confianza en Dios y en Él. Toda la humanidad, toda la amistad de Jesús se manifiestan en estas palabras de aliento. Nuestro Dios no es indiferente ni frío, sino sensible a nuestros sufrimientos.

Cuando se levanten  tormentas en nuestra vida, no se turbe nuestro corazón mientras tengamos a Dios con nosotros. Con Santa Teresa de Jesús recemos: "Nada te turbe. Nada te espante. Quien a Dios tiene. Nada le falta. Sólo Dios basta".

Para el cristiano, creer en Dios es inseparable de creer en Aquel que él ha enviado, su Hijo amado. El Señor mismo dice a sus discípulos: "Crean en Dios y crean también en mí". Podemos creer en Jesucristo porque es Dios. El Verbo hecho carne nos da a conocer al Padre porque ha visto al Padre. Él es el único en conocerlo y en poderlo revelar.

"En la casa de mi Padre hay lugar para todos; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes.

Así ve Jesús su muerte, como una vuelta a casa para encontrarse con Alguien a quien se ama y de quien se sabe amado. Solo el que salió del Padre puede volver al Padre: Cristo.

Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a "la casa del Padre", a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, "ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino" (Prefacio de la Ascensión del Señor, I).

"La casa de mi Padre" nos habla del cielo, nos remite al misterio de Dios. Él está en el cielo, es su morada. "La casa del Padre" es, por tanto, nuestra patria. De la patria del cielo el pecado nos ha desterrado, y hacia el Padre, hacia el cielo, la conversión del corazón nos hace volver. En Cristo se han reconciliado el cielo y la tierra, porque el Hijo ha bajado del cielo para prepararnos sitio, y nos hace subir allí con Él, a través de nuestra muerte, por la fuerza de su Cruz, su Resurrección y su Ascensión.

Vivir en el cielo es estar con Cristo. Los elegidos viven en Él. Decía San Ambrosio: "Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino".

"Y adonde yo voy, ya saben el camino". El camino es la fe, la íntima unión con Cristo. Cristo es el que abre el camino, el que va delante, el que ha roto el círculo infernal de la muerte y el pecado.

Los apóstoles no han comprendido la enseñanza de Jesús y "Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?".

La fe en Jesús es el camino que  nos introduce en el conocimiento del Padre, porque Jesús es "el camino, y la verdad, y la vida".  La fe da su fruto en el amor: guardar su Palabra, sus mandamientos, permanecer con Él en el Padre que nos ama.

La referencia primera y última de nuestra vida ha de ser siempre Jesucristo. Contemplándole en la fe, los fieles de Cristo podemos esperar que Él realice en nosotros sus promesas, y amándolo con el amor con que Él nos ha amado realizaremos las obras que corresponden a nuestra dignidad de hijos de Dios y discípulos de Cristo.

SAN JUAN EUDES comenta: "Te ruego que pienses que Jesucristo, Nuestro Señor, es tu verdadera Cabeza, y que tú eres uno de sus miembros. Él es con relación a ti lo que la cabeza es con relación a sus miembros; todo lo que es suyo es tuyo, su espíritu, su corazón, su cuerpo, su alma y todas sus facultades, y debes usar de ellos como de cosas que son tuyas, para servir, alabar, amar y glorificar a Dios. Tú eres de Él como los miembros lo son de su cabeza. Así desea Él ardientemente usar de todo lo que hay en ti, para el servicio y la gloria de su Padre, como de cosas que son de Él".

En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. Él es "la Verdad". Si creemos en él, no permanecemos en las tinieblas. Si permanecemos en su palabra conoceremos la verdad que nos hace libres, y que nos santifica. Seguir a Jesús es vivir del Espíritu de la verdad que el Padre envía en su nombre y que nos conduce a la verdad completa. Jesús nos enseña el amor incondicional a la verdad.

Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, al conocimiento de Cristo Jesús. Es preciso que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo.

Por todo ello, solo por Cristo se va al Padre. "Nadie va al Padre, sino por mí".  Reprende el Señor serenamente a los Apóstoles, porque a pesar de sus enseñanzas y sus milagros, todavía no le han conocido: "Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre". Los dos tienen la misma naturaleza, iguales propiedades y atributos.  "Ahora ya lo conocen y lo han visto", durante el tiempo que han convivido con Él. 

"Felipe" no comprende que Jesús habla de conocer al Padre por la inteligencia de la fe por eso, ahora "le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta".

"Jesús le contesta: Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Nuestro Señor, al hacerse hombre para cumplir la voluntad del Padre nos manifestó el amor que nos tiene con los rasgos más sencillos de sus misterios. Viendo a Jesús vemos a Dios, escuchando a Jesús escuchamos a Dios, siguiendo a Jesús seguimos a Dios.

"¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre".

Aclara el Señor su pensamiento sustituyendo el verbo  "mostrar" que ha usado Felipe, por el verbo "creer". Creyendo se ve al Padre con los ojos de la fe. De esto dan testimonio las enseñanzas y los milagros  de Jesús.

¡Jesús, danos esa fe. Ayúdanos a contemplarte más, a meditar tu palabra con más frecuencia!

Ya estamos próximos a la Ascensión del Señor y de Pentecostés, son las últimas vivencias que tiene los discípulos con el Cristo resucitado y uno de los más bellos pasajes previos a la "Ida" definitiva de esta Tierra. 

Parece como que Cristo quería "afinar" hasta el más mínimo detalle antes de su partida. 

Dejarles fresco en la mente a sus discípulos en donde estaba el Camino de la Verdad y de la Vida eterna, que era Él, parte del Padre que lo había enviado. 

De hecho es ya un Evangelio de Despedida de Jesucristo hacia sus fieles seguidores.   

Jesús no dice solamente: "Yo conozco un camino", sino: "Yo soy el Camino". El "camino" es aquí la palabra principal; la "verdad" y la "vida", explican por qué Jesús es el camino.

Evidentemente una persona no es un camino, pero sí puede ser el medio para llegar a otra. Jesús mismo es el Camino. Él es el único medio para llegar al Padre. Él es el acceso, el único, para llegar a Dios. Él es la puerta abierta por la que llega la luz del cielo. En medio de todas las oscuridades de este mundo, ya brilla la luz de Pascua. A Dios no se llega estudiando ciencias ocultas, ni practicando una cantidad de reglas cada día. Para llegar al Padre, es necesario unirse a Jesús.

Él es el camino porque, y en cuanto, es la verdad –la revelación total del Padre– gracias a la cual tenemos la vida. Él es también la meta: la Verdad y la Vida. La verdad de Dios no es en primer lugar una doctrina, es la persona de Jesús, es Vida. Es la vida en abundancia. No hay desorientación posible teniendo a Jesús, que es el camino que conduce a Dios, la verdad que libera, la vida que alimenta.

Para el evangelista Juan, el camino no es meramente una moral, como la verdad no es una serie de proposiciones doctrinales; son una persona viviente:

Jesucristo, nuestro mediador para llegar al Padre; fuera de Él sólo hay muerte. 

Tomás es el prototipo de quienes quieren pisar siempre sobre terreno firme.

No arriesga.

La respuesta que Jesús le da suena más a propuesta: Si Él es el Camino, ya sabe por dónde hay que ir; si Él es la Verdad, ya sabe de quién ha de fiarse; si Él es la Vida,

ya sabe por quién la entrega.

"¡Señor, muéstranos al Padre!"

El Dios invisible se hace visible en Cristo. Por eso cuando más conozcamos a Jesús, tanto más conoceremos a Dios Padre. Jesús está en el Padre por amor, por el mismo pensar, sentir y obrar, por su obediencia absoluta y el cumplimiento de su Voluntad. El Padre está en Jesús porque en Él y a través de Él, se da a conocer, se comunica al mundo y lo salva.

Él es "Dios con nosotros"; "Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre." Dios Padre se hace ver por medio de Jesús. "Quien me ve a mí, ve al Padre", dice Jesús de sí mismo.

Tomás y todos los demás discípulos, cuando se escribía esto, ya habían comprobado que descubrir a Jesucristo no viene de planteamientos teóricos, sino de un encuentro personal y supone una adhesión incondicional.

No se trata de recuerdos pasados, sino de realidad presente. Cristiano es el que conoce a Cristo por experiencia, porque experimenta «la fuerza de su resurrección y la comunión en sus padecimientos», porque es tocado por la eficacia de la fuerza poderosa que Dios despliega en Cristo Resucitado.

El que realmente experimenta en su vida esta acción del Resucitado necesita proclamar las hazañas que el Señor ha realizado en él.

El verdadero cristiano es necesariamente testigo, y por eso «no puede callar lo que ha visto y oído».

Desde ahí se entiende:

«El que cree en mí hará las obras que yo hago y aún mayores».

Lo mismo que Cristo hace cosas grandes porque está unido al Padre, porque el Padre y Él son una sola cosa, porque el Padre permaneciendo en Él hace las obras, así también ocurre entre el cristiano y Cristo. Cristo Resucitado se une a nosotros, vive en nosotros.

Jesús hace una promesa sorprendente: los que se unan a Él, harán las mismas obras que Él, y aún mayores. Si Él fue capaz de amar hasta la muerte, el cristiano que vive su Bautismo también dará su vida por sus hermanos.

Pero, ¿cómo es posible que un cristiano haga una obra mayor que Jesús?

Sencillamente porque Jesús se vio limitado en el tiempo: "me voy al Padre".

Sólo le quedó tiempo para recorrer la tierra de Israel.

Y los cristianos recorrerán a lo largo de los siglos, todo el mundo para anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios.

El que está unido a Cristo, el que deja que Cristo viva en él, realiza las obras de Cristo. La condición es estar unido a Él por la fe: «el que crea en mí».

Si no suceden «obras mayores» es porque nos falta fe. «Si tuvieran fe como un granito de mostaza...».

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El Camino

Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos.

La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación.

Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: "Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí".

Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí". No lo han de olvidar nunca.

"Yo soy el camino".

El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino?

¿A quién se puede dirigir?

¿Adónde puede acudir?

Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino.

A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

"Yo soy la verdad".

Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa.

Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

"Yo soy la vida".

Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna.

Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

Rev. José Antonio Pagola

Parroquia de San Vicente Mártir de Abando

Bilbao – España.