sábado, 6 de mayo de 2017

La pesada herencia + Venezuela: votos sí, balas no + Corea del Norte: razones y sinrazones de una crisis

 

 

La pesada herencia de la OEA: oscura trayectoria y malas juntas

Por: Silvina M. Romano / CELAG 

Publicado 3 mayo 2017

·         <="" span="" fb-xfbml-state="rendered" style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px; background: transparent;">2

·                     

En el año 2014, la Heritage publicó un informe en el que enfatizaba las "amenazas del socialismo del Siglo XXI", asegurando que Venezuela era cabeza de playa del terrorismo islámico en la región (repitiendo parte del libreto que suelen desplegar los militares estadounidenses para justificar su presencia en la región).

 

 

En los últimos años han sido publicados análisis, notas periodísticas e incluso documentos filtrados que dan cuenta de las reuniones, proyectos y planes para desestabilizar el proceso de cambio en Venezuela y eventualmente derrocar al actual gobierno de Nicolás Maduro: documentos del Departamento de Estado (filtrados por Wikileaks)[1]; Operation Freedom II del Comando Sur[2], el Plan Estratégico Venezolano (2013)[3]. Entre otros actores de peso como la USAID, suele aparecer la OEA como institución clave para legitimar las diversas estrategias.

 

 

No se trata, como suele argumentarse para desestimar la veracidad de los documentos y planes mencionados, de una conspiración. Por el contrario, se trata del modo en que opera una red de intereses y de poder que trasciende (y vulnera a) los Estados nacionales, se nutre de la vinculación entre el sector público y privado, entre las ONGs y los Organismos Internacionales e Instituciones Financieras Internacionales; entre el gobierno estadounidense y los think-tanks.

 

 

Con respecto al rol de la OEA en Venezuela, tomemos el caso de la Heritage Foundation, que se encuentra entre los 10 think-tanks con mayor peso en Estados Unidos, es una de las principales asesoras de Trump y fue la guía para la "revolución de Reagan" a inicios de los '80[4] -trayectoria que ha llevado a definirla por los mismos estadounidenses como think-tank de derecha[5]-.

 

 

Los intereses de la Heritage tienen un profundo arraigo en la historia más oscura de América Latina, pues fue una de las fundaciones que participó en el financiamiento de los operativos encubiertos contra el Sandinismo en Nicaragua[6], a la vez que se ocupó de desprestigiar y deslegitimar a los organismos e instituciones estadounidenses que denunciaban la injerencia de su gobierno en Centroamérica.[7]

 

 

En el año 2014, la Heritage publicó un informe en el que enfatizaba las "amenazas del socialismo del Siglo XXI", asegurando que Venezuela era cabeza de playa del terrorismo islámico en la región (repitiendo parte del libreto que suelen desplegar los militares estadounidenses para justificar su presencia en la región)[8].

 

 

Por eso, el informe advertía sobre la imperiosa y urgente necesidad de proteger los "derechos humanos" y los "derechos de la oposición democrática en Venezuela". Proponía como objetivo clave que la OEA organizara sesiones especiales del comité permanente para debatir sobre Venezuela y "hacer valer las libertades garantizadas por la Carta Democrática. En caso de que la OEA fallara en este intento, habría que trabajar con aliados regionales"[9].

 

 

Sumado a eso, la Heritage publicó informes que convocaban a que el gobierno estadounidense presionara al presidente Maduro para que liberalizara la economía Venezolana (abril 2013)[10], o que alentaban la Alianza del Pacífico como estrategia para contrarrestar al ALBA-TCP, concebido como un acuerdo que solo favorece a las "élites populistas"[11]. Uno de los últimos informes sobre Venezuela (febrero 2017) se titula "Venezuela es una bomba de tiempo" y destaca que lo preocupante es que la inestabilidad afecte a un país que "está sentado sobre una de las reservas más grandes de petróleo a nivel mundial"[12] –no es casual entonces que el objetivo más urgente sea liberalizar la economía.

 

 

A la luz de la constante presión que ejercen el gobierno estadounidense y la OEA sobre Venezuela, parece que estas sugerencias fueron atentamente escuchadas y bien recibidas por el establishment de política exterior de Estados Unidos (y celebradas por la derecha venezolana).

 

 

El asunto es cómo se logra que esta voz "experta" llegue a los oídos adecuados, es decir, a personas con mayor vinculación a la toma de decisión o influencia en la opinión pública. La primera vía es garantizada por el hecho de que la mayoría de los think-tanks y fundaciones de peso, albergan en su seno a miembros del establishment estadounidense, particularmente a celebrities de las relaciones exteriores.

 

 

Es el caso de Otto Reich, quien fue "Senior Research Fellow" de la Heritage mientras se desempeñaba como Subsecretario de Asuntos Hemisféricos durante el gobierno de George W. Bush. Reich fue uno de los funcionarios estadounidenses con mayor implicación en la organización y despliegue de las fuerzas contrainsurgentes en América Central en los '80 (incluida la CONTRA) y que también estuvo presente en la gestión del derrocamiento a Zelaya en 2009[13]. Además de esta "puerta giratoria" de funcionarios, la Heritage es uno de los think-tanks con mayor número de "expertos" que acuden al Congreso a dar su opinión.

 

 

Pero a eso hay que sumar la incidencia en la opinión pública. Una de las voces expertas de la Heritage sobre el "Hemisferio Occidental" (la autora de varios de los informes arriba enunciados), escribe asiduamente sobre América Latina (particularmente sobre Venezuela y Cuba), publicando en diversos medios, generando una opinión nefasta sobre estos países[14]. Esto, en el marco de una vasta presencia de la Heritage en los medios y redes sociales, tal como ellos mismos se promocionan: "nuestros expertos aparecen diariamente en Fox, CNN, Wall Street Journal, además de Facebook y Daily Signal"[15].

 

 

En virtud de la digna e histórica retirada de Venezuela de la OEA y a partir de lo expuesto aquí, vale destacar que lo que hace ilegítimo a esa institución interamericana no es solo su trayectoria, sino los sectores y grupos que la invocan para hacer valer "la democracia y los Derechos Humanos", valores que la misma OEA (por su vinculación con estas otras instituciones y grupos, como la Heritage Foundation), viene socavando desde el momento mismo en que fue creada.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Venezuela: votos sí, balas no

 

Con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el presidente Nicolás Maduro ha dado un paso de gran audacia estratégica. Si resulta, colocará a la revolución bolivariana en una sólida posición ofensiva que le permitirá derrotar contundentemente la extrema violencia golpista fraguada por Washington y la derecha local.

 

Romperá con la deriva hacia el caos, la efusión de sangre y el derrocamiento de la revolución planificados en la operación Venezuela Freedom 2 del Comando Sur yanqui. Abrirá la puerta grande para que un torrente popular y democrático irrumpa en un revolucionario replanteo institucional. Ampliará la Constitución, como se previó por Chávez en el Plan de la Patria y en su discurso Golpe de Timón, para delinear el nuevo modelo económico pospetrolero, incorporar las grandes misiones sociales de educación, salud, vivienda, comunas y nuevos derechos, como los de la juventud.

 

El miércoles 3, día de la Cruz de Mayo, de enorme significado en la cultura popular venezolana desde hace dos siglos, Maduro entregó a Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, el decreto que convoca a la Constituyente, y luego pronunció un discurso ante una multitud fervorosa de jóvenes en la Plaza Caracas que merece ser considerado de histórico por su valioso y medular contenido. Juzgue el lector.

 

Maduro dijo que el pueblo con su voto directo, secreto y universal decidirá el futuro de la patria en unas elecciones que se celebrarán en las próximas semanas para elegir a los representantes de la ANG. Les entrego el poder a ustedes para que decidan cuál será el destino de la patria y agregó que el pueblo debe decir si quiere guerra o si quiere paz, si quiere violencia o Constituyente y vida.

 

También denunció la existencia de grupos armados insurreccionales opositores, que ha ordenado buscar y detener y retó a la oposición a la disputa por los 500 delegados a la ASG. ¿No querían elecciones? ¿No querían votar?, exclamó. Sin duda, la decisión del presidente ha sorprendido al adversario, que demuestra ya temor y ciega desesperación ante la noticia. Curiosamente, no hace tanto los líderes opositores más radicales exigían la convocatoria a la ANC, que ahora califican de golpe junto a todas las corporaciones mediáticas neoliberales. Maduro emplazó al chavismo a superar su deficiente desempeño en la anterior elección parlamentaria y a asegurar la victoria de los candidatos populares.

 

 La ANC será un gran diálogo nacional, al que se ha convocado al Congreso de la patria (agrupa a los movimientos sociales históricos), los representantes del poder público y representantes religiosos. Igualmente, a los partidos de oposición y bloques parlamentarios chavista y opositor, a los rectores de las universidades públicas y privadas, a las asociaciones indígenas, a los constituyentes que redactaron la Constitución en 1999, a los gremios empresariales, a las confederaciones y federaciones sindicales legalizadas, a los medios de comunicación social, al bloque nacional de comunas, a las federaciones y demás movimientos del sector estudiantil venezolano.

 

Al frente de la comisión que encabezará el diálogo con los sectores, Maduro designó al constituyente de 99 y ministro de educación Elías Jaua, experimentado combatiente y líder revolucionario. La comisión está compuesta por varias mujeres y hombres muy destacados del chavismo, en su mayoría también constituyentes.

 

Uno de ellos, el reconocido abogado constitucionalista Herman Escarrá, explicó que una nueva constituyente lo que busca es darle nuevos horizontes a la de 1999. "La verdad es que en el proceso (de 99) fuimos muy ingenuos (...) nunca nos detuvimos a pensar que esta Constitución podría ser agredida, eso no pasó por nuestras mentes (…) se nos olvidó que la Constitución podría ser objeto, como ha sido objeto, de golpes de Estado y de agresiones".

 

Otros dos movimientos estratégicos fundamentales de Maduro han sido la retirada de Venezuela de la moribunda OEA y reafirmar como escenario diplomático regional a la Celac, creación latino-caribeña donde hay diversidad de opiniones pero no están Estados Unidos ni Canadá y predomina el espíritu constructivo, como se constató el martes 2 en la conferencia de cancilleres de El Salvador. En la OEA era bochornoso convivir con el ambiente irrespetuoso e intervencionista prevaleciente, expresó la brillante canciller venezolana Delcy Rodríguez.

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Corea del Norte: razones y sinrazones de una crisis

 

·        

·        

·        

·        

Por Atilio A. Boron

La escalada de tensiones en la península coreana pone, objetivamente, al mundo al borde de una catástrofe de incalculables proyecciones. Tal como muchos observadores lo han repetido, Corea del Norte (nombre oficial: República Democrática Popular de Corea) no es Libia, no es Irak, no es Afganistán y tampoco es Siria. A diferencia de estos cuatro países, Pyongyang tiene una capacidad de retaliación que ninguno de aquellos jamás poseyó. Y, como lo recuerda periódicamente Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a países indefensos, nunca a los que tienen capacidad de respuesta militar.

 

En estos días, a estas horas, un tremendo operativo naval se está desplegando a escasos kilómetros del litoral norcoreano. Y la prensa hegemónica internacional -en realidad, la prostituta favorita en el lupanar del imperio, en donde se revuelca con los "intelectuales bienpensantes" y los gobernantes y políticos coloniales- no ha dudado en satanizar y ridiculizar al gobierno norcoreano y, por vía indirecta, humillar a su pueblo.

 

Sería conveniente, por lo tanto, mirar con objetividad algunos datos y construir un retrato alejado del maniqueísmo que ha hecho de Corea del Norte la encarnación misma del mal y de Estados Unidos y sus aliados, dentro y fuera de la región, una suerte de ángeles virtuosos sólo interesados en la democracia, la paz, la justicia, la libertad y los derechos humanos. Dado que conocemos al imperio desde sus entrañas, como decía Martí, sabemos que lo último es una escandalosa patraña. Pero, ¿qué hay de Corea del Norte?

 

Para comenzar hay que reconocer que ese belicoso régimen de la península coreana no ha invadido ni amenazado ni agredido a país alguno desde que lograra, a sangre y fuego, su independencia con la derrota del Japón en la Segunda Guerra Mundial. Había estado bajo la feroz ocupación nipona desde los tiempos de la Guerra Ruso-Japonesa de 1905. Pero tal como ocurriera en Cuba en 1898, los norteamericanos se apoderaron de la victoria coreana y avanzaron hacia el norte para derribar al gobierno revolucionario. Lo que siguió fueron tres años de guerra contra un pueblo heroico que se había desangrado, como Vietnam, en su lucha contra el opresor japonés.

 

Y el país quedó partido en dos. La historiografía oficial y la canalla mediática se han preocupado por impedir los crímenes de guerra perpetrados por Washington y sus aliados en esos años, y simultáneamente, presentar a Corea del Norte como un desastre absoluto y a sus líderes, los anteriores como el actual, Kim Jong-Un , como un psicópata descerebrado que le apasiona jugar con el modesto arsenal nuclear que tiene su país.

 

Días atrás Mike Whitney, un estadounidense especializado en el análisis de la política internacional, publicó un excelente artículo en el periódico digital Counterpunch que arroja luz para entender en toda su complejidad los acontecimientos "en pleno desarrollo", como dice nuestro Walter Martínez, en la península coreana.[1] En esa nota, sugestivamente titulada "El problema es Washington, no Corea del Norte" Whitney recuerda que en los 64 años transcurridos desde la finalización de la Guerra de Corea el gobierno de Estados Unidos hizo todo lo que estuvo a su alcance para castigar y humillar a Corea del Norte.

 

Provocó letales hambrunas; le impidió a Pyongyang la llegada de capitales extranjeros y de acceder a mercados externos y créditos internacionales que jamás les negó a regímenes criminales como los de Pinochet, Videla, Stroessner, Somoza y otros de su calaña; le impuso tremendas sanciones económicas y como si lo anterior fuera poco instaló –con el consentimiento del gobierno cliente de Corea del Sur- baterías de misiles y bases militares a lo largo de la frontera en el Paralelo 38.

 

Pese a estas brutales presiones –infligidas por supuesto en nombre de la democracia y los derechos humanos- Corea del Norte no sucumbió a la extorsión mafiosa de Washington y no hay señales de que vaya a hacerlo ahora. En lugar de ello, desarrolló un pequeño arsenal de armas nucleares como único disuasivo a un eventual ataque de Estados Unidos y sus gendarmes regionales: Corea del Sur y Japón.

 

Como asegura nuestro autor, si hay un país que necesita armas nucleares ese país es Corea del Norte. Y pone un ejemplo bien  didáctico: ¿cómo reaccionaría la Casa Blanca si un gobierno enemigo desplegara portaviones y una flota de mar en las costas de California al paso que hiciera ejercicios militares conjuntos en la misma frontera mexicana con la anuencia del gobierno de ese país? Obviamente que los estadounidenses se sentirían amenazados y tratarían de prevenir lo peor haciendo gala de su poderío retaliatorio.

 

Y precisamente eso es lo que está ocurriendo. Y si Kim Jong-Un  no corrió la misma suerte que Gadaffi y Saddam Hussein es por dos razones: primero, porque su país no reposa sobre un mar de petróleo y, segundo,  porque tiene capacidad militar suficiente, aún después de un ataque, "para reducir a cenizas a Seúl, Okinawa y Tokio".

 

¿Suena exagerada esta aseveración de Whitney? Leamos lo que dijera la semana pasada Max Baucus, ex embajador de Estados Unidos en China durante la administración Obama. Preocupado por el estilo de "macho duro" que quiere imponer Trump en las relaciones internacionales Baucus dijo estar seguro que "el Pentágono y el Departamento de Estado y todos su asesores le han explicado al presidente que un ataque misilístico iniciado por Estados Unidos tendría consecuencias absolutamente desastrosas y cataclísmicas, y creo que Trump es lo suficientemente inteligente como para no querer tal cosa." [2]

 

Pero, ¿no estará sobreactuando Pyongyang en relación a la amenaza que representa Estados Unidos? Eso es lo que dicen algunos de los voceros vergonzantes del imperio. En este sentido, un informe reciente sugestivamente titulado "Los estadounidenses se olvidaron de lo que hicieron en Corea del Norte" permite colocar el asunto bajo una luminosa perspectiva.[3] En esa nota, que me voy a permitir citar en extenso, se afirma que "durante la Guerra de Corea EEUU arrojó más bombas en Corea del Norte de las que había arrojado en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Esto incluía 32.000 toneladas de Napalm a menudo deliberadamente lanzada en contra de objetivos militares y civiles por igual, devastando al país muy por encima de lo que hubiera sido necesario para terminar la guerra."

 

En este mismo informe el periodista norteamericano Blaine Harden afirma que "a lo largo de esos tres años exterminamos un 20 por ciento de la población norcoreana", según lo atestiguara el Jefe del Comando Aéreo Estratégico de EEUU Curtis LeMay, un criminal serial que redujo Tokio a cenizas cuando Japón estaba totalmente derrotado.

 

Dean Rusk, que a su vez fue Secretario de Estado del progresista John F. Kennedy y del conservador texano Lyndon Johnson dijo también con indisimulado y criminal orgullo que "bombardeamos cada cosa que se movía en Corea del Norte y cada ladrillo apilado sobre otro". Una vez que no quedó nada en pie en ninguna ciudad las valientes tropas de Estados Unidos "se dedicaron a bombardear plantas hidroeléctricas y represas para el riego, a los efectos de inundar los campos y destruir las cosechas", provocando tremendas hambrunas.

 

En Enero del 1953, cuando las fuerzas de la resistencia coreana estaban diezmadas y los que quedaban vivos exhaustos los estadounidenses bombardearon durante dos días ininterrumpidamente a Pyongyang …. Al final del ataque quedaban en esa ciudad apenas unos 50.000 habitantes, de los 500.000 que antes había." El número de víctimas fatales durante la guerra superó los dos millones de habitantes, sobre un total de unos diez millones. Si Corea del Norte no sucumbió fue por la ayuda, principalmente alimentos, recibida de China y la Unión Soviética mientras que los Estados Unidos convirtieron a ese país en un páramo: sin comida, sin cosechas, sin electricidad, sin nada.

 

Mucho después, en una carta enviada al Washington Post, el ex presidente James Carter manifestó que "Pyongyang ha enviado consistentes mensajes a Washington indicando que está preparada para firmar un acuerdo que ponga fin a sus programas nucleares, sometiéndose a las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica y también para firmar un Tratado de Paz que reemplace al precario "cese del fuego" transitorio que se estableció en 1953.[4]

 

 El problema es que Estados Unidos no quiere negociar absolutamente nada con un régimen que si bien no derrotó a las tropas americanas como ocurriera en Vietnam las obligó a un vergonzoso repliegue y a firmar un armisticio. Es que la Roma americana, como decía Martí, no negocia con nadie aunque la realidad es otra. Pero no lo hace con países o pueblos considerados inferiores. Herederos del racismo xenófobo de Hitler, los grupos dirigentes norteamericanos comparten el mismo desprecio hacia las naciones del Tercer Mundo. Y es esta misma arrogancia que convierte a Estados Unidos en un "estado canalla", que viola sistemáticamente la legalidad internacional.

 

Por ejemplo, desoyendo el dictamen de la Corte Internacional de Justicia en la demanda entablada por el gobierno de Nicaragua contra Estados Unidos por el minado de los puertos nicaragüenses, la agresión militar a su país a través de los contras y los atentados y sabotajes realizados en su territorio. La condena de la Corte fue taxativa, obligando a Estados Unidos a indemnizar al país centroamericano por todos los daños causados por su accionar. Washington desconoció el dictamen y, en 1992, una vez derrotado en las urnas el sandinismo, el gobierno títere de Violeta Barrios de Chamorro se hundió en los cloacas de la historia al retirar su demanda ante la Corte y de ese modo "perdonó" la deuda que Estados Unidos tenía para con su país.[5]

 

La soberbia y la barbarie imperiales, al igual que su patología belicista, siguen siendo factores determinantes de la política exterior de Estados Unidos. Pero sus socios y laderos en Extremo Oriente, en su nerviosismo, le han transmitido un mensaje muy claro a Trump: un ataque a Corea del Norte provocaría una catástrofe de proporciones en Corea del Sur y Japón y las víctimas civiles, que seguramente se contarían por decenas de miles, superarían con creces a las militares. Será tal vez por eso que Trump sorprendió a propios y ajenos cuando hace unas pocas horas (esta nota se escribe al anochecer del 1º de Mayo de 2017) anunció en una entrevista con la Agencia de noticias Bloomberg que "Si fuera apropiado reunirme con él –se refiere a Kim Jong-Un-  lo haría absolutamente. 

 

Me sentiría honrado de hacerlo. Siempre y cuando ocurra bajo las circunstancias correctas. Pero lo haría". Si se iniciaran las negociaciones que Corea del Norte viene reclamando hace largo rato las chances de evitar una tragedia termonuclear (cuyas consecuencias se sentirían en todo el planeta y no sólo en el Sudeste asiático) se incrementarían sensiblemente y este planeta se convertiría en un lugar un poco más seguro para vivir. Habrá que ver como reaccionarán los "halcones" que pululan en Washington y los mercaderes de la muerte del "complejo industrial-militar" ante la sorprendente declaración del presidente de los Estados Unidos, y si este será fiel a sus dichos. Ojalá que así sea.