martes, 25 de abril de 2017

This company's being acquired tomorrow

Its share price is going through the stratosphere.



The cat might be out of the bag now but there is still a massive opportunity to benefit.

I say that the secret is out because the stock price has gone up two days in a row but the reality is that it must be very few people who know information otherwise it would've gone ten times higher.

In case you missed my message yesterday, here is what is happening.. A big pharma corp is acquiring a minuscule public co and this is happening at a price that is 20 times greater than where it currently is.

This means that if you can put 10 thousand in right now, you will take out 200 grand by Thursday morning.

This info is solid. It comes from an attorney who's a long time friend of mine and who literally saw the acquisition documents with his own eyes.

You must be wondering what the company's trading symbol is, and I will not tease you any longer� it's Q like in Quality, S like in Straight, M like Mary and G like Gold

These four letters together make up the company's ticker and that's what you will need to give to your broker, or type into your online account to purchase the stock.

I highly recommend you do this as quickly as possible because there is no guarantee that the price will remain this low much longer.

I expect it'll continue to rise and rise as the insider information spreads. Nonetheless the potential to benefit is absolutely gigantic here.




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Best Regards,
Noelle Allison

This company's being acquired tomorrow

Its share price is going through the stratosphere.



The cat might be out of the bag now but there is still a massive opportunity to benefit.

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This means that if you can put 10 thousand in right now, you will take out 200 grand by Thursday morning.

This info is solid. It comes from an attorney who's a long time friend of mine and who literally saw the acquisition documents with his own eyes.

You must be wondering what the company's trading symbol is, and I will not tease you any longer� it's Q like in Quality, S like in Straight, M like Mary and G like Gold

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I highly recommend you do this as quickly as possible because there is no guarantee that the price will remain this low much longer.

I expect it'll continue to rise and rise as the insider information spreads. Nonetheless the potential to benefit is absolutely gigantic here.




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Best Regards,
Ladonna Lopez

By tomorrow evening this stock will be twenty times higher

Did you read my urgent email yesterday?

I outlined very specifically a game plan for you to make more than 20 times on your principle within the next 48 hours.

Let me hit you with the gravy and leave out all the boring details� there's a friend of mine who works at a top 50 firm upstate and he was privy to details of a take over.

In a nutshell there is a very large pharmaceutical company (its name starts with a P) who is finalizing the acquisition of a small public corporation that is currently trading at around 80 cents.

The take over price will be a little over 20 bucks and the official announcement is coming tomorrow night (wed night).

They're paying this much for it because of a novel stem cell treatment which eradicates cancer.

I don't need to tell you what will happen to the share price when this announcement hits the news outlets.

The company's trading symbol is Q as in Quest, S as in Sam, M as in Mother, G as in Great.

These are the 4 letters you need to type into your brokerage account to buy the stock or give to your broker over the phone.

Just ten thousand bucks into this will turn into over two hundred grand by Thursday morning.

You need to act quickly though because it seems I may not be the only one with this information, as I am seeing the price creep up a little already since Monday.



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Best Regards,
Drew Hoover

La memoria + El suicidio de manejar en las carreteras de Guatemala + Retrato de la decadencia del gobierno + El presidente Morales y el futuro del país

                La memoria

 

Las sociedades que quieren evitar cometer los mismos errores y valorar los éxitos del pasado tratan de transmitir a las nuevas generaciones la realidad de los hechos y sus actores. Es a eso a lo que se ha llamado memoria histórica, que exige explicar y conocer, en el presente y en el futuro, lo que efectivamente sucedió en el pasado inmediato o lejano y quiénes fueron sus actores.

 

Sin embargo, en países donde los que manipulan y controlan las distintas formas de poder (político, social, económico, ideológico) se avergüenzan de lo sucedido, pero no tienen el coraje de evidenciarlo, simplemente lo ocultan y procuran que el olvido esconda crímenes, abusos y engaños. Y, lo más grotesco, tratan de convertir en héroes a quienes envilecieron la función pública y las prácticas sociales o fueron simples acompañantes complacientes de los perpetradores.

 

Contarles a quienes nos sucedan los hechos de nuestra época con honestidad y objetividad implica reconocer éxitos y sufrimientos, logros y vejámenes de quienes compartieron con nosotros un período de existencia, dejar constancia de los hechos sin dobleces ni silencios, sin magnificar virtudes y logros, sin esconder errores o crímenes.

 

Lo actuado por el Congreso de la República el año pasado al aprobar que el estadio nacional llevara el nombre correcto del homenajeado es un buen ejemplo de los esfuerzos necesarios para construir nuestra memoria colectiva. Construido en 1948,  fue llamado estadio Revolución en sus primeros años.

 

Derrotado este proceso, y con esa intención mezquina de quienes lo realizaron, en 1954 se quiso rendir homenaje a un valioso deportista, solo que deformaron su nombre, avergonzados porque este no los retrataba como clase exitosa. Les pareció poco liberacionista lo de Doroteo Guamuch y lo dejaron en Mateo Flores. Aunque pasaron más de 60 años, finalmente el error y la ofensa histórica fueron reparadas y ahora nos sentimos orgullosos de ese deportista de apellido Guamuch, tan guatemalteco como el que más.

 

Los nombres y las referencias personales son elementos importantes para definir una época y recordar logros individuales que nos invitan a imitarlos. Es aquí donde el poderoso impone su visión de la historia y del mundo.

 

Los conquistadores, deseosos de hacer olvidar la toponimia de los lugares subyugados, crearon pueblos y ciudades dedicados a sus santos y reyes y consiguieron que, pasados 500 años, nos adscribamos culturalmente a esos nombres, y no a los que antiguamente poseían. Al conquistar la tierra impusieron la cristianización de nuestras referencias.

 

Hospitales, escuelas e instituciones públicas por todo el país mantienen la nomenclatura del período del más abominable régimen militar que en la época moderna hayamos vivido. Esposas de militares sanguinarios y autoritarios prestan sus nombres para nombrar hospitales y centros asistenciales, sin más mérito que el de haber compartido lecho con ellos.

 

Si en Cobán el hospital nacional sigue llamándose Helen Lossi de Laugerud, el centro de educación especial de la Secretaría de Bienestar Social continúa llamándose Álida España de Arana. Pero la pleitesía a los líderes de esa época llega a tal grado que aun el complejo deportivo de Jalapa se denomina Romeo Lucas García y el hospital de Chiquimula Carlos Arana Osorio.

 

El alcalde de la ciudad de Guatemala ha dispuesto llamar con nombres de dictadores los pasos a desnivel por donde transitan mayoritariamente las clases altas y con nombres de líderes políticos asesinados apenas los que utilizan los sectores populares. Con claridad meridiana ha dado a cada clase social los nombres que le son referencia a esta.

 

¿Por qué el viaducto de la zona 15, en lugar de llamarse Rafael Carrera, no se llama Justo Rufino Barrios o Manuel Colom Argueta? ¿Y por qué darle el nombre de Carrera al de la zona 6, y no el del alcalde asesinado? Porque en el grupo que dirige la Municipalidad capitalina hay el interés de grabar en la memoria de los ciudadanos pudientes los nombres que consideran su referencia, hacer amplios homenajes a dictadores y dejar de lado a los políticos progresistas.

 

Muchos centros escolares públicos llevan el nombre de políticos vinculados a procesos altamente represivos, como los institutos experimentales de Jutiapa y Chiquimula, dedicados a Efraín Nájera Farfán y David Guerra Guzmán, respectivamente. Otros han sido dedicados a políticos de la más baja calaña, como los institutos, los centros culturales y las escuelas de Escuintla dedicados a Arístides Crespo. Las nuevas generaciones crecen escuchando esos nombres y valorando sus logros muchas veces sin conocer a fondo lo que hicieron o dejaron de hacer por el país y su localidad.

 

Los distintos regímenes de la época contemporánea (de 1985 a la fecha), marcadamente conservadores y pusilánimes, han optado no solo por mantener tales nomenclaturas sin entrar a cuestionarlas, mucho menos a rectificarlas, sino, lo más siniestro, también por incrementarlas con nominaciones para nada edificantes ni representativas.

 

En ese contexto, en muchas de las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha exigido al Estado de Guatemala que algunas calles o escuelas lleven el nombre de ciudadanos víctimas de los aparatos terroristas del Estado a causa de sus ideas y posiciones, sentencias que lamentablemente se han cumplido a medias, pues, si bien se hacen las nominaciones, no existe mayor información pública que explique los motivos por los cuales tales calles (de no más de cien metros en su mayoría) o centros escolares llevan tales denominaciones.

 

Colocar placas conmemorativas, como se hizo en los años 70 y 80, para indicar lugares donde fueron acribillados ciudadanos, en su mayoría estudiantes universitarios o políticos, no es suficiente. Son necesarios, como mínimo, paneles informativos resistentes, semejantes a los que la Municipalidad de Guatemala ha instalado en puntos históricos, de manera que todo el que transite por esos lugares conozca las razones por las que se hacen tales referencias.

 

Es hora de que desde los ministerios de Educación y Salud, desde la Universidad de San Carlos y las municipalidades, se dejen de lado la cobardía y la complicidad y se trabaje seriamente a favor de la memoria histórica del país. No es lo mismo dedicar un hospital a Elisa Martínez o a Pablo Fuchs que a Helen Lossi de Laugerud o a Carlos Arana Osorio.

 

No es lo mismo dedicar un instituto a Carlos Martínez Durán o a Héctor Neri Castañeda que a líderes de la Liberación. En todos los casos, además, es indispensable una amplia información a los usuarios directos e indirectos para que esos nombres no sean simplemente amontonados de letras, sino referencias directas a acciones y momentos de nuestra historia colectiva.

 

Nuestra memoria se construye con base en referencias de hechos y procesos. Narrarlos adecuada y objetivamente es indispensable. De nosotros depende que el autoritarismo, la corrupción y la violencia, en lugar de cuestionarse y criticarse, se enquisten aún más en nuestras prácticas colectivas. Rendir tributo a los sacrificados, violentados y esforzados es una obligación histórica, como lo es también rechazar lo fútil, violento y personalista.

 

La memoria

 

Las sociedades que quieren evitar cometer los mismos errores y valorar los éxitos del pasado tratan de transmitir a las nuevas generaciones la realidad de los hechos y sus actores. Es a eso a lo que se ha llamado memoria histórica, que exige explicar y conocer, en el presente y en el futuro, lo que efectivamente sucedió en el pasado inmediato o lejano y quiénes fueron sus actores.

 

Sin embargo, en países donde los que manipulan y controlan las distintas formas de poder (político, social, económico, ideológico) se avergüenzan de lo sucedido, pero no tienen el coraje de evidenciarlo, simplemente lo ocultan y procuran que el olvido esconda crímenes, abusos y engaños. Y, lo más grotesco, tratan de convertir en héroes a quienes envilecieron la función pública y las prácticas sociales o fueron simples acompañantes complacientes de los perpetradores.

 

Contarles a quienes nos sucedan los hechos de nuestra época con honestidad y objetividad implica reconocer éxitos y sufrimientos, logros y vejámenes de quienes compartieron con nosotros un período de existencia, dejar constancia de los hechos sin dobleces ni silencios, sin magnificar virtudes y logros, sin esconder errores o crímenes.

 

Lo actuado por el Congreso de la República el año pasado al aprobar que el estadio nacional llevara el nombre correcto del homenajeado es un buen ejemplo de los esfuerzos necesarios para construir nuestra memoria colectiva. Construido en 1948,  fue llamado estadio Revolución en sus primeros años.

 

Derrotado este proceso, y con esa intención mezquina de quienes lo realizaron, en 1954 se quiso rendir homenaje a un valioso deportista, solo que deformaron su nombre, avergonzados porque este no los retrataba como clase exitosa. Les pareció poco liberacionista lo de Doroteo Guamuch y lo dejaron en Mateo Flores. Aunque pasaron más de 60 años, finalmente el error y la ofensa histórica fueron reparadas y ahora nos sentimos orgullosos de ese deportista de apellido Guamuch, tan guatemalteco como el que más.

 

Los nombres y las referencias personales son elementos importantes para definir una época y recordar logros individuales que nos invitan a imitarlos. Es aquí donde el poderoso impone su visión de la historia y del mundo.

 

Los conquistadores, deseosos de hacer olvidar la toponimia de los lugares subyugados, crearon pueblos y ciudades dedicados a sus santos y reyes y consiguieron que, pasados 500 años, nos adscribamos culturalmente a esos nombres, y no a los que antiguamente poseían. Al conquistar la tierra impusieron la cristianización de nuestras referencias.

 

Hospitales, escuelas e instituciones públicas por todo el país mantienen la nomenclatura del período del más abominable régimen militar que en la época moderna hayamos vivido. Esposas de militares sanguinarios y autoritarios prestan sus nombres para nombrar hospitales y centros asistenciales, sin más mérito que el de haber compartido lecho con ellos.

 

Si en Cobán el hospital nacional sigue llamándose Helen Lossi de Laugerud, el centro de educación especial de la Secretaría de Bienestar Social continúa llamándose Álida España de Arana. Pero la pleitesía a los líderes de esa época llega a tal grado que aun el complejo deportivo de Jalapa se denomina Romeo Lucas García y el hospital de Chiquimula Carlos Arana Osorio.

 

El alcalde de la ciudad de Guatemala ha dispuesto llamar con nombres de dictadores los pasos a desnivel por donde transitan mayoritariamente las clases altas y con nombres de líderes políticos asesinados apenas los que utilizan los sectores populares. Con claridad meridiana ha dado a cada clase social los nombres que le son referencia a esta.

 

¿Por qué el viaducto de la zona 15, en lugar de llamarse Rafael Carrera, no se llama Justo Rufino Barrios o Manuel Colom Argueta? ¿Y por qué darle el nombre de Carrera al de la zona 6, y no el del alcalde asesinado? Porque en el grupo que dirige la Municipalidad capitalina hay el interés de grabar en la memoria de los ciudadanos pudientes los nombres que consideran su referencia, hacer amplios homenajes a dictadores y dejar de lado a los políticos progresistas.

 

Muchos centros escolares públicos llevan el nombre de políticos vinculados a procesos altamente represivos, como los institutos experimentales de Jutiapa y Chiquimula, dedicados a Efraín Nájera Farfán y David Guerra Guzmán, respectivamente. Otros han sido dedicados a políticos de la más baja calaña, como los institutos, los centros culturales y las escuelas de Escuintla dedicados a Arístides Crespo. Las nuevas generaciones crecen escuchando esos nombres y valorando sus logros muchas veces sin conocer a fondo lo que hicieron o dejaron de hacer por el país y su localidad.

 

Los distintos regímenes de la época contemporánea (de 1985 a la fecha), marcadamente conservadores y pusilánimes, han optado no solo por mantener tales nomenclaturas sin entrar a cuestionarlas, mucho menos a rectificarlas, sino, lo más siniestro, también por incrementarlas con nominaciones para nada edificantes ni representativas.

 

En ese contexto, en muchas de las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha exigido al Estado de Guatemala que algunas calles o escuelas lleven el nombre de ciudadanos víctimas de los aparatos terroristas del Estado a causa de sus ideas y posiciones, sentencias que lamentablemente se han cumplido a medias, pues, si bien se hacen las nominaciones, no existe mayor información pública que explique los motivos por los cuales tales calles (de no más de cien metros en su mayoría) o centros escolares llevan tales denominaciones.

 

Colocar placas conmemorativas, como se hizo en los años 70 y 80, para indicar lugares donde fueron acribillados ciudadanos, en su mayoría estudiantes universitarios o políticos, no es suficiente. Son necesarios, como mínimo, paneles informativos resistentes, semejantes a los que la Municipalidad de Guatemala ha instalado en puntos históricos, de manera que todo el que transite por esos lugares conozca las razones por las que se hacen tales referencias.

 

Es hora de que desde los ministerios de Educación y Salud, desde la Universidad de San Carlos y las municipalidades, se dejen de lado la cobardía y la complicidad y se trabaje seriamente a favor de la memoria histórica del país. No es lo mismo dedicar un hospital a Elisa Martínez o a Pablo Fuchs que a Helen Lossi de Laugerud o a Carlos Arana Osorio.

 

No es lo mismo dedicar un instituto a Carlos Martínez Durán o a Héctor Neri Castañeda que a líderes de la Liberación. En todos los casos, además, es indispensable una amplia información a los usuarios directos e indirectos para que esos nombres no sean simplemente amontonados de letras, sino referencias directas a acciones y momentos de nuestra historia colectiva.

 

Nuestra memoria se construye con base en referencias de hechos y procesos. Narrarlos adecuada y objetivamente es indispensable.

 

De nosotros depende que el autoritarismo, la corrupción y la violencia, en lugar de cuestionarse y criticarse, se enquisten aún más en nuestras prácticas colectivas. Rendir tributo a los sacrificados, violentados y esforzados es una obligación histórica, como lo es también rechazar lo fútil, violento y personalista

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El suicidio de manejar en las carreteras de Guatemala

 

Es más peligroso de noche, pues, además del mal estado de la carretera, existe un sinnúmero de vehículos pesados que irresponsablemente circulan sin luces y sin respetar las normas de tránsito.

 

No hay necesidad de hacer grandes análisis en materia de infraestructura vial. Es suficiente con salir a manejar en las carreteras de Guatemala para darse cuenta del ineficiente modelo de administración y gestión de caminos. Por una parte, las carreteras asfaltadas se encuentran en muy mal estado, a tal punto que se puede perder la vida al maniobrar en ellas o caer en uno de los muchos hoyos de diferentes tamaños y profundidades que pueden encontrarse. Además, se arriesga la vida a causa de la carente supervisión de los vehículos de transporte pesado, que incumplen todos los requerimientos de seguridad vial.

 

En los últimos dos viajes que he realizado a otros departamentos, especialmente al suroccidente, los gastos en que he incurrido incluyen la compra de llantas nuevas por daños irreparables y servicios completos al tren delantero a manera de prevención. Esos gastos son un daño y perjuicio ocasionado por incumplimiento del Estado mismo. Así pues, debería acudir a este a solicitar que se me reparen dichos desperfectos, pero estoy seguro de que encontraría un sistema de ignorancia y de evasión de responsabilidad.

 

En uno de esos malos ratos en carretera, junto con otros tres vehículos más, todos detenidos por llantas explotadas, algunos camiones nos rebasaban sin llevar sus luces encendidas. A algunos solo una luz les funcionaba. Cambiar las llantas se volvió una proeza, con adrenalina al tope y con nuestros acompañantes de vigías gritando: «Viene uno. Eso parece».

 

El modelo de gestión de carreteras ha fracasado no solo por ineficiencia administrativa, pues también hay que sumarle corruptos y corruptores. Pero, en todo caso, ¿cómo crear un sistema de gestión que permita tener redes viales con mejor mantenimiento?

 

Me di a la tarea de indagar quiénes eran los responsables en ciertas carreteras, caminos y rutas. Encontré que las respuestas son: «Esa calle sí entra al municipio, pero es carretera, así que no es la municipalidad la responsable. Le toca al ministerio». Y así podríamos encontrar una serie de responsabilidades evadidas.

 

Promuevo a partir de ello que el Estado busque alternativas. Quizá sea cuestión de un sistema subdividido ya no por regiones, sino por departamentos. Así, cada gobernación, en conjunto con las direcciones departamentales del Ministerio de Comunicaciones, debería tener un presupuesto para administrar sus redes viales y con ello generar un sistema de gestión coordinado con las municipalidades, o bien la descentralización de la unidad ejecutora de la red vial.

 

Eso, a mi criterio, tiene implicaciones en cuanto a descentralizar el impuesto de circulación para que los vehículos del departamento aporten a este. Además, se requiere un sistema de peaje para vehículos pesados que obligue a mayores controles de circulación. Me parece fundamental hacer crecer el sistema de policía de tránsito en carreteras para que como unidad especializada aplique acciones de supervisión, control, auxilio y sanción a infractores.

 

Por supuesto que todo ello conlleva una amplia fiscalización de la Contraloría General de Cuentas y de otros órganos de supervisión. Lo importante es encontrar soluciones rápidas y asumir responsabilidades. Ya no se trata solo de movilización o de desarrollo económico, sino de la vida misma.

 

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Retrato de la decadencia del gobierno

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El poder político no podrá regenerarse por sí mismo cuando su desarrollo está viciado y corrompido, pervertido o cuando vive depravado. Las formas de recomposición brusca de los sistemas políticos, económicos o sociales sin el uso de los calabozos, mazmorras y ejecuciones extrajudiciales se ha refinado hasta en los procesos "revolucionarios" cambiando el garrote por la tribuna; la violencia física fue sustituida por una violencia política expresada en la alternancia, de reforma o refundación.

 

Costará mucho esfuerzo y tiempo volver a una época de políticos decentes con proyección social donde impere la democracia interna; pues la interacción de la Historia del país que es tan asertiva nos demuestra que todos los partidos gobernantes y los militares jefes de gobierno comenzaron con la promesa de la salvación y todos terminaron con tremendos déficit de credibilidad moral y ejecutoriedad de los programas gubernamentales.

 

Los períodos de imperdonable corrupción vigentes hasta hoy, la irremediable burocratización con su irreparable insensibilización convirtieron a los gobiernos en una máquina de inefable desgobierno amparados por las dictaduras militares desde hace más de cincuenta años y no hay modo de civilizar ni al país ni a los políticos.

 

El nombre que se le podría asignar a la putrefacción de los órganos de gobierno sería el de CRATOSIS – de cratos = poder – y a la burocratización con su inflamación de aparatos gubernamentales CRATITIS; la insensibilidad de los funcionarios que autorizan la compra y distribución de frijol CON GORGOJOS Y BAÑADOS EN INSECTICIDA NO APTOS PARA CONSUMO ANIMAL para la alimentación de la población se le podría llamar CRATALGIA o CRATESIA y a la ingobernabilidad como parálisis administrativa CRATOPLEJIA.

 

La patología del sistema político en Guatemala indica que el "organismo político" sufre de alteraciones disfuncionales de sus células, en palabras concretas, se evidencia la presencia de un CRATOMA que podría llegar a convertirse en una CRATOMETÁSTASIS donde la única solución es la extirpación o la amputación del sistema que se degeneró, es decir una CRATOSTOMÍA.

 

La impotencia, indecencia, indolencia e ineficiencia de los funcionarios públicos debería ser sancionada con la MUERTE CIVIL (inhabilitados de por vida para ser funcionarios y proveedores del Estado) pues hasta la fecha NO HAN PAGADO SUS PECADOS PÚBLICOS y eso lleva a la DECADENCIA GUBERNAMENTAL que en otras palabras se interpreta como "Declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina".

 

La Historia de Guatemala demuestra que la corrupción es progresiva, que la insensibilidad es irreversible y que la ingobernabilidad es terminal. Quien no acepte con madurez la existencia de las enfermedades políticas se balanceará entre el suicidio y la eutanasia. Es como creer que el Alzheimer es pasajero, que el cáncer se cura solito o que el infarto nada más punza, pero no mata.

 

Los políticos no desean oxigenarse como personas de bien y reconocimiento público; se empeñan en enlodar su prestigio y se echan baldonadas de mierda que el tiempo no les limpiará y legarán a sus hijos como herencia maldita.

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El presidente Morales y el futuro del país

 

A pesar de que es lógico pensar que la última elección fue una especie de loteriazo para el Presidente Morales, de todos modos terminó siendo una elección en la que el soberano generó un mandato para el electo. Y en un país como el nuestro, donde las campañas políticas son carentes de contenido, de compromisos claros porque se ganan los votos a cambio de cancioncitas más o menos pegajosas y slogans vacíos, como el de la mano dura o el de que la violencia se combate con inteligencia, seguramente que el mandato del 2015 fue el más claro y categórico de los que han otorgado los ciudadanos a cualquiera de nuestros gobernantes, porque sin qué ni para qué, simplemente por no ser del montón de políticos ya identificados como corruptos y sinvergüenzas, se eligió a Morales. Por supuesto hay que empezar preguntando si conocen el significado de "mandato", pero supongamos que sí.

 

Eso quiere decir que la gente, harta de lo que había visto cuando se destapó la corrupción gracias a la CICIG y el Ministerio Público, decidió no votar por ninguno de los rostros marcados con la "C" de la corrupción y la "I" de la impunidad. Se las jugó con un salto al vacío votando por alguien de quién literalmente no sabía nada y cuyo único mérito era, cabal, ser un absoluto desconocido. Y no fue únicamente el voto capitalino ni siquiera el voto urbano. Fue un vuelco de la población del país para rechazar a la sarta de "dirigentes" que representaban la política tal y como la veníamos conociendo.

 

Morales nunca entendió eso porque demandaba, de entrada, mucha humildad reconocer que fue electo como el "peor es nada" o el que mereció el voto por no tener ninguna ejecutoria que acreditar, más que la de haber sido un cómico de medio pelo, si somos generosos con la crítica.

 

Pero el caso es que la gente demostró que no quería más de lo mismo y, en consecuencia, el deber de Morales era convertirse en el mandatario encargado de ejecutar ese mandato, cosa que no ha sabido hacer porque el país no ha tenido un liderazgo correcto para salir del atolladero.

 

Si el Presidente hubiera entendido el mandato no permite que se conforme su bancada con la escoria que precisamente el pueblo había rechazado. No se hubiera convertido en instrumento de un grupito de militares que tenía su propia agenda de cooptación ni reparte puestos entre los que le habían conseguido fondos que, de todos modos, nunca fueron oficialmente declarados ante el Tribunal Supremo Electoral.

 

Hubiera sido el Presidente que convoca a ese pueblo a la plaza para depurar al Congreso e iniciar la transformación del país. Nunca lo pudo, supo o quiso hacer y hoy vivimos las consecuencias de esa forma de traicionar un mandato muy claro.

 

Sin embargo, pienso que su mandato fue por cuatro años y que todavía está vigente y que si él entiende para qué lo eligieron verá que no fue para administrar la crisis ni para continuar protegiendo al sistema corrupto. Morales tiene la capacidad de convocarnos como pueblo, llamar a una consulta popular o simplemente a la plaza, para que la depuración absoluta sea una realidad.