viernes, 21 de abril de 2017

A veces sólo necesitamos una excusa...

 

Duarte en Guatemala, huele muy mal + Un intoxicador fracasado + ¿Quién con una luz se pierde? + Duarte en Guatemala, huele muy mal

 

 

El silencio cómplice del CACIF

 

Que se apruebe esa reforma constitucional!", repitió nunca el CACIF con convicción.

 

 

Quizá tú también lo creíste: que cuando las autoridades indígenas se dijeron dispuestas a sacrificar el artículo de la reforma constitucional que hablaba de la jurisdicción indígena, ya estaba todo hecho.

 

 

 

Por ejemplo, lo lógico –lo biempensado- era imaginar que el CACIF, que había salido a decir "mano, es que la reforma nos parece necesaria, pero no con esta barbaridad", después habría depuesto su resistencia y habría invitado a los diputados –conferencias, comunicados, entrevistas en los medios– a que se aprobara la agenda mínima de la reforma.

 

Si ya no era posible alterar cómo entendemos el derecho de antejuicio, al menos que apoyaran lo aún rescatable: la independencia judicial, la reforma de la carrera judicial, la concreción normativa de la meritocracia que siempre dicen anhelar, la separación de las funciones jurisdiccionales de las administrativas –o sea, que los dilectos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, doctos en derecho y leyes, se ocupen del derecho y las leyes, y no de la contabilidad y la gestión: esa arma con que castigan a quienes hacen bien su trabajo–.

 

O prever que el CACIF y sus portavoces, que tanto miedo al pluralismo y la jurisdicción indígena nos habían inculcado, saldrían ahora  –ya tranquilos, ya disipados sus temores– a hacer proselitismo a favor de la reforma, de la lucha contra la corrupción, de un Estado más razonable y justo y que incluso prepararían videos de dibujitos para las redes sociales y todo el merequetengue, para hablarle de tú a tú a esa joven juventud cívica, ciudadana, que aspira a una nación en la que todos seamos guatemaltecos y guatemaltecas con los mismos derechos y deberes, etcétera. [Suena el himno.]

 

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Quizá tú también lo creíste (te lo creíste). Tenemos una noticia: va a ser que no.

 

Va a ser que no.


O sea, hasta ahora, en estos días –ayer, hoy, estos días, los días críticos–, no, nada, ni un comunicado, ni una entrevista, ni una conferencia, ni un videíto con dibujitos para ciudadanitos.


Que todo se quede igual no les da miedo. El miedo es a la jurisdicción indígena.


Quince abogados para defender a 6.5 millones de indígenas y no lo entienden y no solo no lo entienden sino que les da pánico, dicen. El miedo era a la jurisdicción indígena (o eso quisieron hacernos creer). Luego se lamentan porque algunos piensan mal de ellos y les llaman cosas: oligarcas, hipócritas y todo eso que les llaman sin razón.

 

Pero cuando se quedan callados tras un periodo vocinglero, su silencio no parece derivado del cansancio y la renuncia y el traspaso de mando en su presidencia, sino que huele tanto pero tanto tanto a complicidad.

 

Cuando se quedan callados en los momentos cruciales y no respaldan la transformación de la justicia que dicen respaldar pero (el pero en la sopa)… en esos momentos parece que en realidad es como si no quisieran. En esos instantes cabe pensar si es cierto que ese desprecio y esa distancia que manifiestan en privado con las vertientes más extremistas del reaccionariado (la Fundación contra el Terrorismo, sus prosélitos, algún muchacho que abandonó la escritura por los videos pero nunca dejó de HABLAR CON LETRAS MAYÚSCULAS y precisión minúscula) son reales.

 

En privado, les preocupa que los comparen.
En privado, se desmarcan.
En público nunca trazan la raya divisoria.
Es más, a menudo hasta parece que están de acuerdo.
O que se benefician.

Lo ha escrito alguien de derecha para pedirle a la derecha que espabile:

 

"Se escuchan mensajes vociferantes de una derecha retrógrada. De una derecha que no quiere avanzar. O somos capaces de separarnos contundentemente de estas ideas y personajes, o fallaremos a la sociedad guatemalteca. Quien en esta coyuntura haga esfuerzos para preservar el estatus quo es un enemigo político.


En la derecha hay nuevas voces y buenas ideas para mejorar la vida de todos. Sin embargo las instituciones e individuos que se adscriben al liberal-conservadurismo parecen callados en el debate público actual. Eso hace que gritos radicales y en algunos casos indeseables se escuchen con mayor fuerza y sea fácil pensar que son más representativos de lo que son."

 

Una encuesta del año pasado sugería que más de la mitad de la población desconfía de la "empresa privada". Dadas las circunstancias del estudio, cabe pensar que "empresa privada" se refería sobre todo al CACIF. Un desprestigio asombroso. Quizá no lo hayan notado, pero por defender nefandos intereses personales o empresariales de corto plazo, están matando a su organización más robusta.

 

Y quizá, bien visto, y a la luz de su papel en los últimos sesenta años, eso sea lo mejor que nos deje esta crisis de sistema: el CACIF en una lenta y agónica decadencia, reducido en el abstracto futuro al espacio y el tamaño que le corresponden, despojado de esa autoinvestidura de tótem económico y político, de ese aire de salvador en que a veces se embadurnan, de esa manera de llamarse el sector productivo, como si lo abarcaran todo y más allá de su organización no hubiera nada
nadie trabajara nada
nadie produjera nada
nadie tuviera nada que ver con que la gente sobreviva en este país
–aun si a duras penas o no siempre.


(Lo que sí es cierto es que pocas otras organizaciones tienen tanto que ver con la captura y la cooptación del Estado, con las políticas extractivas, con el corporativismo, con la deriva. Por eso las cámaras empresariales han seguido siendo vistas casi exclusivamente como los interlocutores del Congreso en las negociaciones de la reforma constitucional: parecieran el último filtro, los portadores del último permiso,
"¿Les complace así la ley a Sus Excelencias?").

 

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Pero no son los únicos que mantienen (¿mantienen?) el país ni tampoco su palabra debe tomarse por única y definitiva. Otras organizaciones deben emerger entre los empresarios, otras –las que ya existen– deben manifestarse dignamente: las cooperativas, las de trabajadores, las campesinas, las indígenas de nuevo, las sociales, las resistencias.


Donde debiera haber mil voces, hay poco

más que un silencio fatuo o resignado; o derrotado; o, peor aún, indiferente.

Parece como si no existiéramos.

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Un intoxicador fracasado

 

La mentira ha salido de paseo. Ha viajado de la mano de quienes trabajan en contra de las reformas a la Constitución, esas que están encaminadas a modificar el mecanismo de designación de autoridades en el campo de la justicia en virtud de que las vigentes han facilitado la captura del sistema. Un cambio indispensable es la formación del consejo de la judicatura a fin de desarrollar un verdadero régimen de carrera judicial.

 

 

Esa opción abre la posibilidad de que paulatinamente se cierre la grieta por donde la impunidad se ha enraizado. Al convertirse en un fenómeno estructural, la arquitectura de la impunidad y de la corrupción sirve a intereses que pueden pagar sus servicios y sostenerla. Es útil a varios actores con poder económico y político. El riesgo de que desaparezca como resultado de una reforma sustancial pone a estos beneficiarios en un trance peligroso.

 

Ello explica, por lo tanto, la necesidad de evitar que se aprueben. Y por ello recurren al mismo método empleado cuando tiraron por la borda la reforma constitucional derivada de los acuerdos de paz. El instrumento socorrido por excelencia fue una millonaria campaña de propaganda falsa que generó dudas en torno al contenido de la reforma. Luego gestó la implantación de confusiones y finalmente levantó el imaginario del miedo, que movilizó fundamentalmente a la población citadina y mestiza a votar por el no. El racismo arropado con el miedo fue la mezcla perfecta para que el propósito se alcanzara.

 

Esas campañas intoxican el entorno que rodea una situación con tal de lograr su propósito. Se diseñan y ponen en marcha con un método quirúrgico o como si se tratase de una operación de inteligencia. Una modalidad es el astroturfing, como se les llama a ciertas campañas de publicidad que dan una falsa imagen de base social. Al esquema organizacional trazado se añade un contenido basado en afirmaciones falaces, las cuales sirven para construir los imaginarios de miedo, rechazo y objeción a la propuesta.

 

Quienes lo realizan son los llamados astroturfers (intoxicadores), quienes, en el caso que nos ocupa, han empezado su libreto. Por medio de mensajes directos en redes sociales han circulado grabaciones en audio que contienen un discurso de Giovanni Fratti, el asesor en comunicación de la magistrada de la Corte Suprema de Justicia Silvia Cuchi Valdés, compañera de fórmula de la procesada, aunque todavía magistrada, Blanca Stalling.

 

El asesor malinterpreta el contenido de la reforma y afirma falazmente que incluso personas sin título de abogadas podrían alcanzar una judicatura. Habla de un ente con superpoderes y le lanza un mensaje de miedo a su público. Un coro de operadores de redes sociales con perfiles falsos replica los contenidos y reproduce los mensajes clave a fin de construir el nuevo imaginario del miedo.

 

Se cuidan, eso sí, de indicar que su propósito es instalar ese imaginario, ya que favorecen a las estructuras que procuran impunidad. Se cuidan de afirmar con palabras (aunque sus acciones apuntan a ello) que desean impedir que avancen los procesos anticorrupción.

 

Mucho se protegen de mostrar su verdadero rostro. De hacerlo, se enfrentarían a una base social muy amplia que ha expresado su rechazo a la corrupción y la impunidad. Se mostrarían del lado del crimen y del robo al presupuesto público, lo cual ha significado la muerte de usuarios y usuarias del servicio de salud o por falta de seguridad.

 

Sin embargo, en esta ocasión, a diferencia de lo sucedido con la reforma de 1999, esta vez sí hay reclamo social por que se produzca. Ahora los intoxicadores la tienen difícil. El debate social es más amplio que el alcance de sus diatribas. Máxime cuando estas son como castillos de naipes, que de un ligero soplido caen por la ausencia de argumentos y verdades que los sostengan.

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¿Quién con una luz se pierde?

 

Cada día se va cobrando más conciencia de que el problema del país es estructural y que necesita, por ello, cambios profundos para salir de ese marasmo creado por la corrupción y la impunidad. Esta mañana en Prensa Libre hay dos columnas de opinión que me parecen ilustrativas sobre la realidad del país en esa materia, pues se reitera que no se trata de que estemos viviendo los efectos de un fenómeno aislado de podredumbre durante el gobierno de Pérez Molina, que ciertamente se voló la barda en muchos sentidos, pero que al fin de cuentas no fue sino otra escalada en la carrera por el saqueo de los recursos nacionales que, insisto, viene de mucho tiempo atrás.

 

Hablo de la columna de Karin Slowing que hace una recapitulación de los dos años de lucha contra la corrupción que se instaló a partir del destape de La Línea. Recuerda los movimientos Renuncia Ya, Justicia Ya y Reforma Ya, de los cuales únicamente el primero fue exitoso al lograr la salida tanto de Baldetti como del mismo Pérez Molina.

 

Pero en términos de justicia todavía está todo pendiente y, como dice la columnista, en cuanto a la reforma es donde peor estamos, porque las modificaciones que se intentaron al sistema político con las reformas a la ley electoral no llegaron a cambiar la forma en que se eligen a las autoridades.

 

Con toda la razón del mundo, Slowing señala cómo el actor responsable de ese fracaso es el Congreso, lo cual la lleva a concluir, con mayor razón aún si cabe, que no bastan los procesos del MP contra los diputados ni las acciones del TSE, por lo que "debemos presionar por la depuración masiva e inmediata del Congreso." ¡No es posible, dice Karin Slowing, que consintamos que el futuro del país siga en manos de esta legislatura carente de legitimidad!

 

La otra columna es de Alejandro Balsells, quien trae a colación el tema de la reforma al sector justicia y lo que se debe hacer, recordando el aporte que hicieron dos de los mejores juristas que ha tenido Guatemala, Edmundo Vásquez Martínez y Jorge Mario García Laguardia. Alejandro explica con detalle cómo es que la reforma constitucional de la época de Ramiro de León Carpio, con el dulce de la depuración del Congreso, modificó todo el poder judicial para concretar ese diseño perverso que mencionó hace poco el comisionado de la CICIG, Iván Velásquez, al afirmar que el sistema fue diseñado para garantizar la impunidad que ha generalizado la corrupción.

 

Los cambios en la Corte Suprema de Justicia con la presidencia rotativa y el aumento de magistrados, además de la forma de integrar las Salas de Apelaciones mediante Comisiones de Postulación debidamente cooptadas, han causado lo que ahora tenemos y que es un sistema judicial con profundos e insolventables problemas.

 

Si la plaza y la sociedad hicieron exitoso el "Renuncia Ya", tienen pendientes los temas de Justicia Ya y Reforma Ya, los cuales no tienen solución mientras se mantenga en manos de este Congreso decidir el futuro del país.

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Duarte en Guatemala, huele muy mal

 

 

El sábado 15 de abril, uno de los gobernadores más corruptos de donde abundan los gobernadores corruptos, fue capturado en un hotel a las orillas del Lago Atitlán en Guatemala ("el más bello del mundo" Aldous Huxley dixit). La captura de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz (2010-2016), ha generado extendidas suspicacias en México.

 

En primer lugar, desde antes de su salida del gobierno, era sabido que Duarte terminaría encarcelado por su escandalosa corrupción. Inmediatamente después de una entrevista en la televisión, Duarte fue prófugo con el contubernio de diversas instancias gubernamentales. Se dijo que el gobierno de México le pagaba así los millones de dólares que aportó a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto.

 

Ahora vemos en medios periodísticos y redes sociales una asombrosa imagen de Duarte, esposado y con chaleco de seguridad: una amplia sonrisa le ilumina el rostro. ¿Cómo puede estar tan feliz alguien que enfrentará años de cárcel y el embargo de su fortuna? La felicidad de Duarte llama la atención cuando se sabe que se le acusa de malversación de fondos por 35 millones de dólares, de haber sido omiso o comiso en la desaparición forzada de 15 mil personas y en el asesinato de 15 periodistas.

 

La hipótesis circulando en México es que su captura es un hecho arreglado por el gobierno para usarlo electoralmente en un contexto de profunda crisis de credibilidad del PRI. El 4 de junio de este año se celebrarán elecciones para gobernador o presidencias municipales en el estado de México, Veracruz, Nayarit y Coahuila. Se dice que estas elecciones son estratégicas para quien quiera ganar la presidencia en 2018. El estado de México es densamente poblado y por tanto de una importancia electoral suprema.

 

Y en dicho estado, otrora bastión del PRI, éste se encuentra en una situación sumamente de precariedad: en tercer lugar de las preferencias electorales (detrás de Morena y PAN) y con un 64% de percepción negativa. Los ocho gobernadores (siete priístas y uno panista) que hoy están prófugos o indiciados, acumularon una deuda de 186 mil millones de pesos (más de 300 millones de dólares) durante su gestión. Se presume que buena parte de esa deuda se fue por el caño de la corrupción. PRI y PAN están naufragando.

 

Huelen mal las capturas de Duarte, y hace unos días de Tomás Yarrington (el exgobernador de Tamaulipas), cuando ya han arrancado las campañas electorales de 2017. Se busca lavarle la cara a Peña Nieto y al PRI, dándole una imagen justiciera. Duarte podría negociar impunidad y resguardo de buena parte de su mal habida fortuna, si aceptara a propalar la calumnia de que le dio dinero a Andrés Manuel López Obrador y a Morena en los comicios de 2016 en Veracruz. Que mejor que el exgobernante más desprestigiado manche sin pruebas al político más honesto de México. El PRI podría levantarse de su lecho de muerte y agradecerle el favor a Duarte.

 

Táctica desesperada y perversa del establishment neoliberal. Total, "de la calumnia algo queda".