martes, 28 de marzo de 2017

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La primera aparición de la Virgen de Lourdes fue el Jueves 11 de febrero de 1858, hace 159 años…

La primera aparición de la Virgen de Lourdes fue el Jueves 11 de febrero de 1858, hace 159 años…

Hace ciento cincuenta y nueve años la Virgen María se apareció dieciocho veces en la gruta de Massabielle, no muy lejos de la ciudad de Lourdes, a la joven de 14 años Bernadette Soubirous, en un periodo de tiempo que va del 11 de febrero hasta la tarde del 16 de julio. Estas breves notas de la crónica de aquellos días (sobre todo como ayuda para revivirlos en la oración), evocan los hechos principales y algunas de las palabras y testimonios referidos en aquellos días por la propia Bernadette.

 

Jueves 11 de febrero 1,858: primera aparición

Bernadette sale de casa con su hermana Toinette y la amiga Jeanne Baloum para recoger leña en el bosque municipal cerca del río Gave. Al no poder cruzar el río sin mojarse los pies, empieza a descalzarse, cuando, citando sus palabras, «oí un ruido como un fuerte viento». Vuelve la cabeza, pero los chopos que están detrás de ella no se mueven. «Entonces», refiere, «seguí descalzándome». De nuevo el ruido del viento. Esta vez mira en dirección de la gruta, que se ilumina, y en esta luz se le aparece a Bernadette una figura blanca que sonríe. «Tenía un vestido blanco, un velo también blanco, una cinta azul y una rosa amarilla en cada pie.

 

También su rosario era amarillo. Me quedé sorprendida. Creyendo engañarme, me restregué los ojos, y volví a mirar. Veía siempre a la misma señora. Metí la mano en el bolsillo donde tenía el rosario. Quería hacer la señal de la cruz, pero no pude llevar la mano hasta la frente. La mano me caía. Entonces, el miedo se apoderó de mí y la mano me temblaba. Pero, no hui. La dama tomó el rosario que sostenía entre sus manos e hizo la señal de la cruz; intenté hacerlo una segunda vez y lo conseguí. No bien hice la señal de la cruz, el gran miedo que sentía desapareció. Me arrodillé y recé el rosario con la bella señora. La visión hacía pasar las cuentas de su rosario sin mover los labios. Al acabar el rosario me hizo señas de que me acercara, pero yo no me atreví. Entonces la bella señora desapareció improvisamente».

 

En el camino de vuelta Bernadette les habló a su hermana y a la amiga de lo que había visto y se hizo prometer que no lo revelarían a nadie, pero Toinette se lo contó a sus padres que, por la noche, interrogaron a Bernadette y le prohibieron ir de nuevo a la gruta. Después de esta primera aparición, que ocurrió en torno al mediodía, todas las demás se verificaron por la mañana menos la decimocuarta y la decimoctava que ocurrieron por la tarde.

 

14 de febrero domingo: segunda aparición

Era el domingo antes del Miércoles de Ceniza. Cuenta Bernadette: «El domingo siguiente volví a la gruta por segunda vez. Me acuerdo muy bien porque sentía una fuerza interior que me empujaba. Mi madre me había prohibido ir. Después de la misa solemne, fui con mis dos compañeras a pedirle a mamá que me dejara ir a la gruta. Ella no quería. Tenía miedo de que me cayera al agua y de que no volviera a tiempo para asistir a las vísperas. Yo le prometí que volvería a tiempo. Y me dio permiso para ir. Antes de salir hacia la gruta me acerqué a la parroquia con un frasquito para tomar un poco de agua bendita. Al llegar al lugar cada una tomó su rosario y nos arrodillamos para rezarlo. Acababa de terminar la primera decena del rosario cuando vi a la misma señora. Inmediatamente comencé a echarle agua bendita diciéndole que, si venía de parte de Dios, se quedara y si no que se fuera. Y me apresuraba a echarle agua. Ella me sonreía e inclinaba la cabeza».

Bernadette cae en éxtasis, sus compañeras no consiguen moverla y huyen asustadas a pedir ayuda. El molinero Nicolau, con toda su fuerza, consigue con esfuerzo separarla de allí. Las voces empiezan a correr. La madre se preocupa y le prohíbe de nuevo que vuelva a la gruta.

 

18 de febrero jueves: tercera aparición

La rica señora Milhet, llevada por la curiosidad, consigue que la madre le dé el permiso de acompañar a la niña a Massabielle, y le ordena a Bernadette que le pregunte el nombre a la figura que se le aparece, y le da papel, pluma y tintero: «¿Tendría la bondad de escribir su nombre?». Bernadette oirá por primera vez la voz de esa señora, que responde: «No es preciso». Y con sorprendente amabilidad le pide a Bernadette: «Tendrías la bondad de venir aquí durante quince días?». Refiere Bernadette: «Yo le dije que sí. Además, añadió que no me prometía la felicidad en este mundo, pero sí en el otro. Volví a la gruta durante quince días. La visión se me apareció todos los días, a excepción de un lunes y un viernes».

 

19 de febrero viernes: cuarta aparición

La aparición dura un cuarto de hora. Bernadette lleva consigo un cirio que le ha dado su madrina, Bernarde Castérot, que la acompaña a la gruta con una decena de personas. La bella señora se limita a sonreír en silencio y Bernadette le responde a gestos: «Saludaba con las manos y la cabeza» cuenta su amiga Josèphe Barinque: «Daba gusto verla. Era como si en toda su vida no hubiese hecho otra cosa que aprender a hacer esos saludos. Yo no hacía más que mirarla».

 

20 de febrero sábado: quinta aparición

Cuando Bernadette comienza el rosario esperando que se le aparezca la blanca señora, hay a su alrededor treinta personas. También este día, 20 de febrero, la visión dura un cuarto de hora. Durante todo el encuentro los párpados de Bernadette «no se cierran, ni siquiera cuando agacha la cabeza para saludar» dice Rosine Cazenave.

 

21 de febrero domingo: sexta aparición

Tampoco esta vez, primer domingo de Cuaresma, la señora habló, sólo gestos y sonrisas. Por la tarde el comisario Jacomet convencido de que la historia es un montaje interroga a Bernadette. En esta ocasión usa el término Aquerò –que en el dialecto de Lourdes quiere decir aquello, eso– para referirse a lo que ve: «Entonces, Bernadette, ¿vas todos los días a Massabielle?». «Sí, señor». «¿Y ves salgo bonito?». «Sí, señor». «¿Así que ves a la santa Virgen?». «Yo no digo que he visto a la santa Virgen». «Ah, bueno. Tú no has visto nada». «Sí. Algo he visto». «¿Qué has visto?». «Algo que era blanco». «¿Algo o alguien?». «Aquerò / Aquello tiene la forma de una joven». «¿Y no te ha dicho: soy la santa Virgen?». «Aquerò no me lo ha dicho».

 

23 de febrero martes: séptima aparición

Obedeciendo a las amenazas del comisario, el padre de Bernadette le prohíbe volver el lunes a la gruta. Ella al principio obedece, pero por la tarde siente una fuerza irresistible que la empuja de nuevo a Massabielle. Sin embargo, no se verifica la aparición. El día siguiente, sus padres le dan permiso y esta vez la aparición dura una hora, ante una multitud de ciento cincuenta personas. Durante el éxtasis, Elénoire Pérand, que un año después se hará monja de San Vicente de Paúl, pincha a Bernadette con una alfiler. La joven no reacciona al dolor. Aquerò le enseña una oración solamente para ella, que desde entonces Bernadette rezará todos los días de su vida, y le revela tres secretos, que dijo Bernadette se referían sólo a ella.

 

24 de febrero miércoles: octava aparición

Este día la bella señora tiene por primera vez un mensaje para todos: «Hoy Aquerò ha pronunciado una nueva palabra: ¡Penitencia! Añadió también: "Rogad a Dios por la conversión de los pecadores". Y yo contesté: "Sí". Me preguntó si esto me acarreaba molestias. Le dije que no. Luego me rogó que subiera de rodillas hacia el fondo de la gruta y que besara la tierra en señal de penitencia por los pecadores».

 

25 de febrero jueves: novena aparición

Este día surge el manantial de agua situado al fondo de la gruta y que hoy alimenta las piscinas y las fuentes de Lourdes.

Ante quinientas personas, Bernadette empieza a subir de rodillas la ligera cuesta que llega al fondo de la gruta, besando la tierra. Sigue las indicaciones de Aquerò, y excava un pequeño agujero con las manos y después de tirar el agua por tres veces, porque estaba sucia, a la cuarta logra beberla.

 

27 de febrero sábado: décima aparición

Esta vez Aquerò se limita a sonreír. Bernadette hace lo mismo que dos días antes: besa la tierra, va hacia el fondo de la gruta y bebe de nuevo el agua que mana de la tierra.

 

28 de febrero domingo: undécima aparición

Un oficial enviado para controlar la situación cuenta la presencia de 1.100 personas durante la aparición, que se desenvuelve con las mismas modalidades que el día anterior. Por la tarde Antonie Clarens interroga a Bernadette sobre los "extraños" ejercicios que Aquerò le manda hacer: «La visión me los ha mandado como penitencia», responde, «ante todo por mí y luego por los demás». Clarens le pregunta: «¿Le ha hecho alguna comunicación… o encargado alguna misión?». «No, aún no». Por la tarde algunos canteros de Lourdes van a la gruta y excavan en el punto donde Bernadette se agachaba para beber. Desde ese momento el agua comienza a manar abundante y límpida.

 

1 de marzo lunes: duodécima aparición

Ante 1.500 personas, Bernadette repite los mismos gestos de penitencia. Antoine Dézirat, joven sacerdote, asiste de cerca: «Bernadette, pasando las cuentas de su rosario, movía apenas los labios, pero de su actitud, de los rasgos de su cara, se veía que su alma estaba en éxtasis. La sonrisa superaba cualquier expresión … Bernadette era la única que veía la aparición, pero todo el mundo parecía sentir su presencia… Yo creía estar en la antesala del Paraíso». Más tarde, Catherine Latapie, una joven embarazada que tenía paralizada una mano, se siente empujada hacia la gruta, mete la mano en el agua del manantial y queda curada de su enfermedad. Será el primer milagro reconocido por la Iglesia y atribuido a Nuestra Señora de Lourdes.

 

2 de marzo martes: decimotercera aparición

Así recuerda Bernadette los hechos de aquel día: «Ella me dijo que yo debía decirle a los sacerdotes que se construya una capilla aquí. Fui a buscar al señor párroco para decírselo».

El mensaje es recibido con frialdad. El párroco Peyramale duda. Bernadette insiste para que se construya «una capilla, aunque sea pequeñísima». «Pues bien», responde Peyramale, «que antes diga su nombre y que haga florecer el rosal de la gruta, luego le haremos la capilla, que no va a ser pequeñísima. Será grandísima».

 

3 de marzo miércoles: decimocuarta aparición

Por la mañana, Aquerò no se aparece. Lo hará por la tarde, a las 21, explicando el motivo del "retraso" con estas palabras: «No me has visto esta mañana, porque había personas que vinieron para observar el comportamiento que habrías tenido ante mí, personas que no eran dignas». Bernadette le pregunta a Aquerò su nombre, pero ella no responde, limitándose a sonreír.

 

4 de marzo jueves: decimoquinta aparición

Es el último de los quince días. La aparición se repite ante una multitud enorme que espera una señal clara para todos, pero queda decepcionada. Al final del rosario rezado ante Aquerò, Bernadette se interrumpe dos veces antes de terminar una de esas señales de la cruz que asombraban a los presentes por su belleza y sencillez. Su prima Jeanne Védère le pregunta: «¿Por qué has recomenzado tres veces a hacerla».

«Aquerò no la había hecho aún. No podía llevar la mano a la frente». «¿Por que a veces estabas alegre y a veces triste?». «Yo estoy triste cuando Aquerò está triste, y sonrío cuando sonríe».

 

25 de marzo jueves: decimosexta aparición

Una fuerza interior empuja Bernadette a volver a Massabielle. Aquerò está de nuevo allí y Bernadette repite la pregunta que el párroco le ha sugerido: «Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quien sois, por favor?». Aquerò sigue sonriendo en silencio, pero Bernadette esta vez insiste. Entonces, levantando los ojos al cielo y juntando las manos a la altura del pecho le responde: «Soy la IMMACULADA COUNCEPCIOU / Yo soy la Inmaculada Concepción». Bernadette no comprende el sentido de estas palabras. Durante todo el camino de la gruta a la casa del párroco las va repitiendo en voz alta para no olvidarlas. El párroco se queda de piedra. «¡Una señora no puede llevar ese nombre! Te equivocas, ¿sabes qué quiere decir?». Bernadette se limita a repetir esas sílabas tal y como las ha oído. Peyramale sabe que la niña, en su ignorancia, no puede haberse inventado una definición dogmática. El párroco se emociona.

 

7 de abril miércoles: decimoséptima aparición

Es la aparición del llamado "milagro del cirio". La llama del cirio que Bernadette tiene en sus manos durante la visión por un cuarto de hora roza las palmas de las manos de Bernadette sin quemarla. El doctor Dozous, al ver el fenómeno, abandona su escepticismo y se convierte. En esta ocasión la santa Virgen renueva la petición de que se construya una capilla en aquel lugar.

 

16 de julio viernes: decimoctava aparición

Al atardecer, Bernadette se siente de nuevo llamada a la gruta. La santa Virgen estaba allí, como la primera vez, para un encuentro silencioso, el último aquí en la tierra. «¿Qué te ha dicho?», le preguntan sus amigas: «Nada». Le basta haberla visto. Y concluye: «No la había visto nunca tan bella».

 

PIDELE EL FAVOR O LO QUE ESTES REQUIRIENDO EN ESTE MOMENTO Y DALE LAS GRACIAS PORQUE YA HA SIDO CONCEDIDO.

Cuando recibas este mensaje reza un Ave María y hazle un pedido de corazón a la santa madre, virgen de Lourdes...

Emil Bustamante y los que no están en ninguna parte + Justicia e inseguridad + Déjese asesorar presidente Morales

 

 

        Emil Bustamante y los que no están en ninguna parte

 

La desaparición forzada fue una de las prácticas contrainsurgentes desarrolladas con toda impunidad por los gobiernos militares. Iniciada con suma violencia por Carlos Arana Osorio, fue siempre un instrumento de represión altamente selectivo y enormemente violento.

 

Se detenía a las personas consideradas enemigas del régimen sin respetar las mínimas normas que la legislación por ellos impuesta establecía. Antes, como ahora, los procedimientos jurídicos eran instrumentos que solo se aplicaban a algunos. La exhibición personal, por ejemplo, nunca se ejecutó en beneficio de los considerados comunistas.

 

Arana Osorio también incurrió en esta práctica, pero fue en el tiempo de Lucas García cuando este mecanismo se utilizó para eliminar sistemáticamente a los opositores. De Manuel Colom a Alberto Fuentes, pasando por Hugo Rolando Melgar, Bernardo Lemus y Carlos Centeno, todo aquel que fuese considerado comunista era eliminado con lujo de saña y violencia. Jóvenes como Julio del Valle e Iván Bravo corrieron la misma suerte. La lista de asesinatos en plena vía pública es innumerable y a casi todos se los acusó anónimamente de comunistas.

 

Durante todos esos años, ser simpatizantes de ideas racionalistas, ateas o anticapitalistas era sinónimo de comunismo y la condena a muerte o desaparición estaba dictada. De esa cuenta, solo era de acusar a alguien de participar de tal pensamiento para quitarlo del camino.

 

El mismo Benedicto Lucas García acusó en varias entrevistas de esos asesinatos a la ultraderecha, interesada, según él, en desestabilizar a su hermano el presidente. No hay hasta ahora nadie enjuiciado por esos crímenes. Y hasta la fecha exmilitantes o simpatizantes de aquellas ideas temen decir que lo fueron, pues eso les puede significar exclusión y marginación.

 

Es evidente que el genocidio de comunistas fue una acción de larga data y de feroz intensidad, al grado de que, a 20 años de firmada la paz, aun aquellos que no se alzaron en armas, pero simpatizaron o formaron parte del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), son vistos con recelo y hasta con menosprecio.

 

Si el genocidio de los pueblos indígenas ha sido puesto en debate y juicio, decir que se eliminó a personas por el simple hecho de sus supuestas creencias no alcanza relevancia, pues hasta los mismos familiares de las víctimas tratan de reivindicarlos por otras acciones, pero no por sus ideas o su militancia.

 

En esa espiral de terror y sangre, el golpe de Estado de 1982 pareció una luz para los familiares de desaparecidos en aquel entonces, como Emil Bustamante. Sin embargo, los ruegos de su madre y de sus tíos cayeron en el vacío, como el ruego de muchas otras familias que esperaban ver a sus familiares al menos tras las rejas para luego intentar defenderlos ante jueces. Pero la situación fue otra.

 

Los militares golpistas no estaban para construir la democracia ni para darle al país un modelo incluyente que quitara las banderas y las demandas a los que desde distintas visiones y posiciones proponían resolver esas desigualdades.

 

El propósito golpista era simplemente reorganizar el Ejército tratando de hacer menos evidente y profunda la corrupción que lo carcomía. El toque de puertas de cuarteles de la ultraderecha para que se les reconociera el supuesto triunfo electoral entusiasmó a esos jóvenes oficiales, que, formados en esa ideología de que todo opositor y crítico al statu quo era comunista, no supieron impulsar la democracia, pues de esta apenas si conocían explicaciones simplistas y autoritarias.

 

El jefe escogido para dirigir el Estado se posicionó en su función y marginó a los golpistas. Ríos Montt decidió gobernar en solitario y, si bien liberó a algunos supuestos guerrilleros, como la exesposa de Édgar Palma Lau y sus hijas, optó por realizar o aceptar sin chistar el asesinato de acusados de comunistas como Emil Bustamante. Prometió que no habría muertos en la calle, pero no fue capaz de hacer juicios públicos y honestos a los detenidos que continúan hasta hoy desaparecidos.

 

La vorágine autoritaria riosmonttista hizo crisis dentro del Ejército, y pronto los viejos oficiales decidieron acabar con ese ensayo mesiánico en el que los jóvenes oficiales no lograron configurar una propuesta coherente. De Muñoz Piloña a López Bonilla, aquellos supuestos modernizadores dejaron los cargos, y otros genocidas asumieron la función.

 

La desaparición forzada se hizo práctica cotidiana en el breve pero sangriento régimen de Mejía Víctores. Si la presión externa era que se entregara el poder a los civiles, la decisión fue hacerlo sin que opositores capaces de articular propuestas críticas pudieran presentarse al juicio de las urnas.

 

Curiosamente, fue con Mejía Víctores con quien se organizó el más macabro de los archivos de la represión, el ahora conocido como Archivo Militar. Su veracidad ha quedado confirmada con la identificación de cinco de las víctimas, todas aparecidas en las fosas donde funcionó el destacamento militar de Comalapa, Chimaltenango. Doscientas quince víctimas más encontradas en esas fosas esperan ser reconocidas.

 

Ese archivo delata que había una estrategia de persecución y detención de comunistas, pues la mayoría de los allí listados son vinculados al PGT. Otras muchas desapariciones y otros muchos asesinatos en la vía pública sucedieron en esa época, pero, por lo que parece, no fueron informados al responsable de este archivo, ya que su desaparición respondía a otras lógicas de terrorismo de Estado.

 

Si el asesinato político es un crimen de lesa humanidad, perpetrarlo cuando la víctima ha sido inmovilizada es la muestra más evidente de la cobardía y del sadismo, pues antes del asesinato se los torturó hasta el cansancio.

 

Todos esos desaparecidos, acusados indistintamente de comunistas o de «portadores de ideas ajenas a nuestra idiosincrasia», claman por aparecer. Informar sobre el paradero de sus restos es un acto indispensable para la sanación de las heridas que esa visión autoritaria y fascista del quehacer político produjo en la sociedad guatemalteca.

 

La verdad y la justicia resultan indispensables si queremos cimentar la democracia. De lo contrario, generaciones tras generaciones irán creciendo y desarrollándose bajo la creencia de que existen seres humanos capaces de capturar, torturar, asesinar y desaparecer a sus congéneres por el simple delito de pensar diferente, de que existen ideas y visiones del mundo que deben ser combatidas eliminando a sus portadores.

 

Informar sobre el paradero de tantas víctimas es indispensable y urgente. La dignificación del Ejército lo exige. La construcción de nuestra democracia lo demanda. Es de esperar que, ahora que acusados como Édgar Ovalle cobardemente se esconden, huyen y dejan a sus compañeros de armas enfrentar juicios que ellos negaron a sus víctimas, las actuales autoridades se decidan a abrir los archivos militares y entreguen la información necesaria que nos permita a todos como sociedad cerrar de una vez por todas esta ignominiosa página de nuestra historia.

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Justicia e inseguridad

 


- Guatemala, 24 de marzo de 2017

Indignado y consternado por fallecimiento de CONCHA DERAS DÍAZ, 86 años, notable luchadora social, víctima de brutal y cobarde golpiza. Solidaridad con familia González Deras. ¡Justicia y Verdad!

 

Condolencias a familias de tres Policías PNC, asesinados esta semana.

 

Las revueltas en centros de detención de menores de edad de ambos sexos, motivadas por presuntos malos tratos, violaciones sexuales e inadecuada alimentación, sucedidas las últimas dos semanas, han dejado 44 muertos, (40 niñas y 4 monitores,) hechos que evidencian situaciones delicadas que el Estado ha omitido atender.

 

Por otra parte, los municipios de Coatepeque, Génova, Colomba y Flores Costa Cuca del departamento de Quetzaltenango, registran una mayor recurrencia de hechos violentos en contra de la vida de personas, la violencia es atribuida al cobro de extorsiones y a rivalidades por control de territorio, disputado entre pandillas pertenecientes a las maras salvatrucha y barrio 18.

 

En estos municipios durante los últimos meses, han sido asesinados agentes de Policía Nacional Civil PNC, comerciantes, pilotos, ayudantes de transporte público y presuntos pandilleros de ambas maras, sin que existan estrategias de seguridad para controlar y combatir a estos grupos que en muchos casos, actúan a plena luz del día y frente a agentes de PNC, quienes se abstienen de intervenir para evitar enfrentarse a los malhechores.

 

Residentes sostienen que cuando ocurren ataques armados, las unidades motorizadas de PNC suenan sirenas para advertir a los delincuentes la presencia de policías, entonces los presuntos sicarios huyen de la escena del crimen y se esfuman, lo que impide hacer capturas.

 

En estos lugares, autoridades del Organismo Judicial OJ son protegidas por custodios, los agentes PNC utilizan chalecos blindados y portan armas defensivas. Pero, la impunidad de los pandilleros llega al colmo de atacar a sus rivales en la misma sede de los Juzgados, ante agentes PNC, empleados del OJ y público usuario, eso ocurrió hace pocos meses dentro del Juzgado de Paz de Colomba.

 

Tal inseguridad mantiene atemorizados y bajo terror a los pobladores de los municipios citados, quienes aseguran que los agentes de PNC, saben quiénes son los responsables de las extorsiones y los ataques, pero no actúan, lo que se interpreta como un estímulo para mantener la impunidad de los pandilleros. Dicen que en Colomba la totalidad de comerciantes, desde pequeños hasta grandes, están "alineados con los extorsionistas", pagan lo que exigen los pandilleros, para evitar ataques o represalias en contra de su integridad y seguridad personal.

 

Allí, la población vive entre la angustia, la incertidumbre y el miedo a denunciar, asustados por las acciones incontroladas del crimen organizado, sin que los pocos elementos de PNC asignados al municipio, tengan la capacidad funcional, operativa y de reacción inmediata para controlar a los criminales, quienes hasta ahora, literalmente tienen de rodillas a pobladores y autoridades.

 

Esas condiciones, dificultan la tarea de operadores y administradores de justicia, provocan fallas y retardos en la aplicación de la misma y desde luego, desaniman a la población que busca infructuosamente acceder a una justicia pronta y cumplida, pero sobretodo, que aspira a vivir con seguridad y tranquilidad, sin temores de ninguna naturaleza, condiciones que actualmente son inexistentes.

 

La incapacidad del Estado para garantizar seguridad ciudadana repercute en el sistema de justicia, que sumada a la creciente pobreza y falta de oportunidades de educación y sano desarrollo de la población, son caldo de cultivo para conductas sociales ilícitas.

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Déjese asesorar presidente Morales

 

La gran mayoría de guatemaltecos dimos gracias a Dios cuando supimos que las fuerzas policíacas habían tomado posesión por la fuerza, sin derramamiento de sangre, del llamado Centro Juvenil Etapa II de San José Pinula, pues temíamos que se produjera otra desgracia similar a la recién ocurrida en el Hogar Virgen de la Asunción.

 

A mi juicio, estos hechos debieran servir de ejemplo que jamás pudieran repetirse, como de enseñanza para el primer mandatario, para que de ahora en adelante se asesore debidamente para iniciar una nueva etapa, que bien podría salvar el período para el cual fue electo, si es que lograra conformar un equipo multidisciplinario que le prestara la asesoría necesaria para sacar avante un nuevo sistema de protección de la niñez, puesto que el actual lleva bastantes años de estar demostrando su ineficiencia.

 

Este es el momento preciso para que usted presidente Morales se percate que la efectividad de los gobiernos solo tienen una manera de ser evaluados y es a través de resultados concretos en beneficio de la ciudadanía en general de tal manera que logre trascender hacia una paz social que sirviera de base para impulsar el desarrollo de nuestro país.

 

No, no hay otra forma presidente, aunque los politiqueros de siempre le quieran llenar la cabeza de otras cosas, ni el populismo, ni el estar apagando incendios a cada rato podrán darle soluciones perdurables. Piénselo, rodearse de un buen equipo le podría hacer pasar a la historia como el presidente que supo asesorarse a tiempo.

 

Para hacer lo anterior solo hay una fórmula, la de ponerse a crear políticas públicas sobre los diversos campos que llevan rato de ser olvidados por sus antecesores, como por ejemplo, educar y formar valores en la ciudadanía, más que acciones aisladas que no van a impedir que a corto plazo le vuelvan a proporcionar otros cinco mil niños y niñas adolescentes institucionalizados para que sigan siendo víctimas de la descarada violación de sus derechos, cosa que ha demostrado el Consejo Nacional de Adopciones.

 

Por ello le propongo que en este momento preciso pueda hacerse asesorar de gente capaz, honesta y trabajadora para integrar una especie de Consejo de Estado que, sin interés politiquero o sectari

o de ninguna especie y sin pretender hacerse ricos en corto tiempo, puedan eliminar la posibilidad de adoptar políticas públicas precipitadas, mal sustentadas o propicias para que continúe la maldita corrupción en la que hemos vivido, lo que ha permitido cooptar la cosa pública, dando las tristes consecuencias por todos conocidas. ¿Requisitos? No necesita rodearse de sabios, pero sí de gente exitosa, honorable, decente, capaz e idónea para lograr el tan ansiado bien común.

 

 

 

 

 

 

 

¿Vamos a permitir que Jimmy saque a Iván? + El tiro por la culata + «Collage» de sueños +

¿Vamos a permitir que Jimmy saque a Iván?

 

Una vez consumada la expulsión de Guatemala del comisionado Iván Velásquez, ¿de qué va a servir la protesta a plaza llena?

 

Cada vez con menos pudor el presidente Jimmy Morales se refiere a sus facultades formales para expulsar a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y a su titular, Iván Velásquez. El senador estadounidense Patrick Leahy, viejo zorro experimentado y hábil en los laberintos del poder y la política, supo tocar fibras sensibles en Guatemala y propiciar una declaración de Morales en la que se desenmascaró a sí mismo.

 

Y si tanto es el interés y deseo de Morales de deshacerse de Velásquez, ¿por qué no lo hace ahora, de una sola vez? De todas formas, no sería la primera vez que logra la salida forzosa de un funcionario de Naciones Unidas: Valérie Julliand y Alberto Brunori, ambos en 2016.

 

Justa esa fue la tentación que al final de 2014 entusiasmaba a Roxana Baldetti y a Otto Pérez Molina. Morales está siguiendo los pasos de Pérez y Baldetti con una fidelidad que cansa y fastidia, pero a su favor tiene a la vista la desgracia pública y bochornosa de sus antecesores. Sabe que tiene que tener cuidado y que es muy probable que asestarle un golpe a la Cicig y al comisionado Velásquez sea su sentencia de muerte política.

 

Porque, tal como el mismo presidente Morales dijo refiriéndose al comisionado Velásquez, «en Guatemala nadie tiene su puesto garantizado», sentencia que se aplica más al presidente que al comisionado. De nuevo, si no, que vaya y le pregunte a Otto o a Roxana. Jimmy Morales efectivamente tiene las herramientas formales para deshacerse de Velásquez, pero no tiene el capital político para hacerlo: depende de la ciudadanía, de la plaza, de todos nosotros.

 

Evidentemente, los amagues del presidente son mediciones del terreno político. Por un lado, a la plaza se la percibe muerta, un recuerdo idílico y nostálgico de algo que fue en 2015 y que hoy ya no es. Sin embargo, él y sus asesores exmilitares saben muy bien que un mal paso, un hecho de corrupción flagrante o cualquier otro detonante de la indignación ciudadana puede provocar la repetición de la pesadilla de 2015. Claro, pesadilla para ellos.

 

Se trata de un capital político que la ciudadanía, que la plaza se ganó de pleno derecho. Sin embargo, es una cuota de poder que no estamos ejerciendo, lo cual abre ventanas de oportunidad para las mafias. Tal como lo estamos viendo en el Congreso, en el que un grupo de diputados ha estado midiendo y haciendo pruebas, como aquellos submarinistas que con un martillito se pasaban golpeando las tuberías para encontrar fugas y así prevenir una inundación catastrófica, para encontrar fisuras o ranuras por donde colar sus intereses y acciones.

 

Ha sido un crescendo de desafíos a los esfuerzos de la Cicig y del Ministerio Público, cada uno viendo si detonaba o no la indignación de la plaza: los privilegios fiscales a los ganaderos, la integración de la juntas directivas del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia, el show de diputados como Fernando Linares Beltranena, etc. Pero ninguno ha logrado detonar la indignación ciudadana, a la que cada vez se la percibe más haragana, acomodada, desinteresada y apática.

 

La simpleza y la contundencia del viejo refrán «a golpe dado no hay quite» son una advertencia para la ciudadanía guatemalteca. Muy lejos estamos de relajarnos y muy cerca de perder lo poco que se ha avanzado desde 2015.

 

De verdad, Guatemala, ¿vamos a dejar que Jimmy Morales se salga con la suya y logre  expulsar al comisionado Iván Velásquez?

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El tiro por la culata

 

Luego de su respuesta al senador Patrick Leahy, respecto a si el gobierno del presidente Morales está tratando de sacar al comisionado Iván Velásquez, se puede decir que al mandatario guatemalteco le salió el tiro por la culata porque es enorme la cantidad de mensajes en las redes sociales que le dicen que, en efecto, nadie tiene el puesto comprado, ni siquiera el mismo Presidente de la República porque también él se tendría que ir si no cumple con su mandato.

 

Y es que justamente son los mandatos los que tienen que servir para evaluar si una persona está cumpliendo su función pública y en el caso del Comisionado tenemos que decir que se nota un desempeño acorde con lo que de su gestión se espera. Me atrevo a decir que fue su impulso lo que colocó el tema de la corrupción en el centro del debate nacional, al punto de que prácticamente todo un gobierno, el del Partido Patriota, se encuentra tras las rejas y sometido a proceso penal.

 

Ciertamente faltan otros delincuentes de otros gobiernos para que se pueda sentir que el mandato está siendo cumplido en estricta, pero amplia búsqueda de la aplicación de la justicia, pero se espera que en un plazo no muy largo se confirme que el objetivo no es un partido político, sino la corrupción en términos generales.

 

En cambio, siempre he pensado que el presidente Morales no llegó a entender el mandato que emanó de las urnas cuando fue electo gobernante de Guatemala. Él se ha convencido de que lo eligieron para seguir administrando un sistema que hace agua por todos lados y que no atina a enderezar el rumbo.

 

El Estado de Guatemala está literalmente en trapos de cucaracha y no hay forma de hacerlo eficiente sin profundizar en cambios porque hay que entender que el sistema fue moldeado por políticos que tenían los ojos puestos no en las necesidades del país y de sus habitantes, sino en las formas de amasar fortunas mediante la corrupción. Es tan grave la situación que ni Morales ni sus ministros se atreven a ejecutar nada porque saben que en el actual marco que rige a la administración pública, todos los mecanismos funcionan para facilitar la podredumbre.

 

Es un engaño creer que fue electo porque el slogan de no ser ni corrupto ni ladrón encandiló a los votantes guatemaltecos. La verdad es que se le eligió para rechazar las formas tradicionales de la política que estaban muy claramente encarnadas en los dos candidatos que aparecieron como punteros durante muchos meses, es decir Baldizón y Torres, quienes representaban a la perfección a esa desprestigiada clase política.

 

En otras palabras, lo eligieron suponiendo que él no era parte del mismo grupo y porque se suponía que, al no serlo, tendría los atributos para romper con un modelo diseñado cuidadosamente para alentar el latrocinio y la impunidad.

 

Cuando se discute si un funcionario, de cualquier rango, cumple o no con sus funciones y deberes, la única forma de establecerlo objetivamente es tomando en cuenta su mandato. Lamentablemente creo que el Presidente Morales nunca se interesó por saber cuál era su verdadero mandato.

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«Collage» de sueños

 

            Ocho días atrás un joven me preguntó: «¿Por qué casi nunca se cumplen los sueños?». Yo le respondí que era necesario luchar por ellos. «¿Acaso se puede en Guatemala?» me dijo y se largó.

 

 

A raíz de esa experiencia (que me dejó una sensación de frustración y vacío) asumí la tarea de conocer algunos sueños: los de dos niños, una adolescente y una jovencita de 19 años a quienes con frecuencia encuentro en el diario caminar de nuestro pueblo.

 

El primero al que le pregunté fue un niño de cuarto grado de primaria de una escuela pública. Su casi quimera iba en orden a sus zapatos. Su respuesta fue contundente: «Quiero crecer rápido para poder trabajar y comprarme unos mejores». Cuando habló, señaló su calzado. Los dos zapatitos, una especie de botines, estaban agujereados y era más que evidente que le quedaban grandes. Sin duda alguna, para él no fueron de nuevo estreno.

 

La respuesta del segundo niño, de sexto grado de primaria de un colegio privado, fue a manera de bofetada: «Yo solo quiero que mis papás dejen de pelear porque ya no los aguanto». Para entonces, sus ojos estaban llenos de lágrimas, y en un arranque de cólera quebró un lapicero que tenía entre las manos. Un abrazo fue lo mejor que pude proveerle en ese momento.

 

Cuando le pregunté a la adolescente, una jovencita q'eqchi', ella me señaló el entorno. Llovía a cántaros y el frío calaba hasta los huesos. «Mire, mire. ¿Esto en marzo?», expresó. Luego me recordó: «Marzo y abril son los meses calurosos aquí en Cobán. Todo esto, sea La Niña, sea El Niño o como se llame, es respuesta de la madre (se refería a la tierra) al comportamiento que hemos tenido con ella». Se quedó pensativa un momento y se quejó: «Aguaceros y aguaceros, y en mi aldea ya no hay agua».

 

De inmediato me vino a la mente la encíclica Laudato si', del papa Francisco. No pude precisar una cita. Le pregunté si conocía el documento (ella estudia en un colegio católico). Me contestó que conocía una versión en idioma q'eqchi'. Me percaté en ese momento de que estaba perdiendo el rumbo de mis propósitos y le volví a preguntar por sus sueños.

 

«Yo, lo que tengo, ya lo tengo», me dijo con mucha seguridad, «pero me gustaría que tratemos a nuestra madre, a nuestra madre tierra, de una mejor manera». La lluvia no cesó. Se colocó el capuchón de su chumpa, abrió una sombrilla y se perdió entre la lluvia, que duró dos horas más. Caí en la cuenta de que sus sueños personales no me los había compartido. Según dijo, lo suyo estaba logrado. Empero, sí fue muy manifiesta en su ilusión de que todos conviviésemos mejor con la madre tierra.

 

La joven de 19 años fue muy concreta: «Quiero graduarme y trabajar para que mi papá se regrese de los Estados Unidos. Se fue para darnos una mejor vida. Creo que ya lo hizo. Los tres hijos estamos logrados». Ella fue muy parca y aprovechó el momento para consultarme acerca de unos libros que no sabía dónde encontrar. Este año obtendrá su título de maestra de educación primaria urbana.

 

Todas las respuestas fueron aleccionadoras. Me di cuenta de que en todas se percibían contextos previos donde cierta ausencia (ética, moral, de solidaridad, etcétera) había generado pobreza, violencia intrafamiliar, un casi terrorismo en contra de la madre tierra y la migración de personas para buscar en otras latitudes la seguridad económica de sus familias. Y esa ausencia había golpeado a las personas con las que dialogué. Como característica común, en todas percibí mucha nostalgia en la mirada.

 

Concluí entonces que para alcanzar los sueños se necesita no solo luchar por ellos, sino la participación generosa de las personas de nuestro entorno a manera de apoyo, así como una apertura al amor que oriente el derrotero de los sueños hacia un puerto seguro, y no hacia una utopía inalcanzable.

 

¿Será mucho pedir que nos abramos al bien?

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