jueves, 25 de mayo de 2017

Evangelio según san Mateo (28,16-20) y Reflexiones sobre la Ascensión de Jesucristo a los Cielos

A todo aquel que quiera conocer a JESUCRISTO RESUCITADO

https://3.bp.blogspot.com/-e2z65eMUoTY/VX4Ma5P0asI/AAAAAAABizw/Tas7IzFfgJs/s400/MAR4.jpg

«Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, dice el Señor, y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».

Con afecto, aprecio y la fe en JESUCRISTO que asciende a los cielos.

_____________________________________________________________________________________________

Primera lectura

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (1,1-11):

 

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseno desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».

Les dijo:

«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y "hasta el confín de la tierra"».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

 

Palabra de Dios    

_____________________________________________________________________________________________

Salmo 46,2-3.6-7.8-9

 

R/. Dios asciende entre aclamaciones;

 el Señor, al son de trompetas

 

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor altísimo es terrible,

 emperador de toda la tierra. R/.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad;

 tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

 

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

 Dios se sienta en su trono sagrado. R/.       

_____________________________________________________________________________________________

Segunda lectura

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,17-23):

 

HERMANOS:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

 

Palabra de Dios    

_____________________________________________________________________________________________

https://1.bp.blogspot.com/-h1-YsmdRcaM/Ter24nrhHDI/AAAAAAAAIkE/j0VQgrDspEE/s1600/the_ascension_jekel.jpg

Evangelio según san Mateo (28,16-20)

 

28,16: «Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús.

28,17: Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron.

28,18: Jesús se acercó y les habló: — Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra.

28,19: Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

28,20: y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado.

Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo».

 

Palabra del Señor

_____________________________________________________________________________________________

«En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado».

San Mateo confiere a esta escena una muy especial grandeza. Están los once esperándole en el monte. Parece que los discípulos ven venir a Cristo de un lugar entre el cielo y la tierra, movido por un gran ímpetu, tan grande como el poder que va a conferir a los suyos. Viene con paso firme. Impresiona. Tanto que "al verlo, lo adoraron pero algunos dudaban". Esta vez su postura ante él era de adoración, como si ahora vieran en Él más al Dios que era que al compañero que había sido.

Y Jesús vuelve a hablar de lo que siempre habló: del reino de Dios que anunció en este monte. Pero ahora todo es más claro, ya no hay veladuras. El reino de Dios ya se ha realizado en él. Y habla con autoridad, con una verdad que no es de este mundo. Sus palabras son palabras de eternidad. Oyéndole hablar y experimentando su presencia los Apóstoles ven realizado lo que les anunciara. Jesús hace ahora tres declaraciones de importancia capital para sus discípulos. Declaraciones que ellos grabaron muy bien en sus mentes.

"Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado pleno poder en el ciclo y en la tierra". Este pleno poder no es nuevo en Él, pero ahora su condición de resucitado le permite desplegarlo en toda dirección y ejercerlo en toda su intensidad. Es un poder que le ha sido dado por el Padre, cuyo enviado es. Es un poder sobre el cielo: sobre cuanto a Dios se refiere; y sobre la tierra: sobre cuanto atañe a los hombres. 

En su persona se juntan los destinos del hombre y de Dios, con lo que afirma su soberano poder de Dios-hombre.

El Señor tiene poder en el cielo y en la tierra. Y sólo quien tiene todo este poder posee el auténtico poder, el poder salvador. Sin el cielo, el poder terreno queda siempre ambiguo y frágil. Sólo el poder que se pone bajo el criterio y el juicio del cielo, de Dios, puede ser un poder para el bien. Y sólo el poder que está bajo la bendición de Dios puede ser digno de confianza.

Jesús tiene este poder en cuanto resucitado: este poder presupone la cruz, presupone su muerte. Presupone el otro monte, el Gólgota, donde murió clavado en la cruz, escarnecido por los hombres y abandonado por los suyos. El reino de Cristo es distinto de los reinos de la tierra y de su apariencia que se disipa. El reino de Cristo crece a través de la humildad de la predicación en aquellos que aceptan ser sus discípulos.

De este poder se derivará la misión que, a continuación, va a encomendar a los suyos. Misión que es, a la vez, una orden y una fuerza, un mandato y una gracia para realizarla. Esta gracia conducirá a los discípulos a la conquista del mundo. Pero no a una conquista dominadora. Se trata de una penetración espiritual que respetará la libertad de cuantos la reciban.

"Vayan, pues, y hagan discípulos de todos los pueblos…"

Hay que romper ya el estrecho círculo de Israel al que hasta ahora nos hemos limitado. Habrá que emprender el camino de las naciones, porque todas pueden convertirse en campo de siembra y recolección, en todas hay ovejas que pueden y deben formar parte de este redil. El horizonte se ensancha. Los apóstoles harán lo que Jesús solamente ha comenzado. Porque ahora Él se va al Padre.

https://3.bp.blogspot.com/-pwKQ5NO1M5s/Ter7F5WvgPI/AAAAAAAAIkg/_NvkPQaQ2EU/s400/obrien_ascension.jpg

Nos enseña el Catecismo: "Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. 

Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano del hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. 

Para lograrlo, llegada la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo como Redentor y Salvador. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada. Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, Dándoles el mandato de anunciar el Evangelio".

Jesús ha cumplido su misión.

Debe retornar a su lugar de origen, al lado del Padre, para continuar viviendo en plena comunión con él y el Espíritu.

Ahora comienza el tiempo de sus discípulos.

En aquel tiempo de la Ascensión, eran los discípulos que practicamente vivieron con ÉL, más de ahí en adelante hasta nuestros tiempos, nos incluye a todos nosotros los creyentes,  los verdaderos seguidores.  

Es la hora de la Iglesia, su momento; como comunidad creyente. Igual que el Maestro, la comunidad de discípulos va a sufrir persecuciones, calumnias, injurias, cárceles y muerte.

Sin embargo, Jesús garantiza a sus discípulos que, si son fieles, el Espíritu Santo no los abandonará.   El, a través de el Espiritú Santo,  será la garantía para no desfallecer en el conflicto.

El será el testigo fiel que los defenderá de todos los ataques. Hoy, muchos hermanos siguen sufriendo persecución y martirio por causa de su fe y coherencia de vida conforme al Evangelio. 

En forma paradójica, el Espíritu sigue suscitando mártires, como testigos idóneos de Jesús. La defensa del Espíritu no consiste en que no se den el martirio y la persecución. La acción del Espíritu radica en comunicar luz y fuerza para ser fieles hasta el final. Haz memoria de algunos mártires del pasado o presente que han dado la vida por su compromiso con el Evangelio, y da gracias a Dios por su testimonio.

_____________________________________________________________________________________________

No cerrar el Horizonte.

https://4.bp.blogspot.com/-WYiSJLcqhPM/U4J9IlmSqNI/AAAAAAAACUc/bBeGPQdQAiE/s1600/140601-fano_Mt.-28,-16-20-c.jpg

ABRIR EL HORIZONTE

 

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

 

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte está creciendo en la comunidad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

 

Por otra está creciendo al mismo tiempo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

 

Es cierto que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

 

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va «salvando» solo de algunos males y solo de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

 

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia, tampoco ideología o doctrina religiosa. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal. Busca un horizonte, necesita una esperanza más definitiva.

 

No pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras de aquel gran científico y místico que fue P. Teilhard de Chardin: «Cristianos a solo veinte siglos de la Ascensión. ¿Qué habéis hecho de la esperanza cristiana?».

 

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Dios es una puerta abierta a la vida eterna. Nadie la puede cerrar.

 

Sacerdote José Antonio Pagola

Parroquia de San Vicente Martir de Abando

Bilbao - España

miércoles, 24 de mayo de 2017

img_6552.pdf

IMG_0537.pdf

martes, 23 de mayo de 2017

El coronel de Infantería Edgar Rubio Castañeda : Desde el cuartel: otra visión de Guatemala

Edgar Rubio habla sobre Desde el cuartel

 

<iframe width="1920" height="1080" src="https://www.youtube.com/embed/Iv1cpUv-LH8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

 

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

 

Desde el cuartel: otra visión de Guatemala

 

El coronel de Infantería Edgar Rubio Castañeda decidió escribir un libro: un libro alejado de lo que hemos visto y oído durante años de boca de otros militares. Basta ver los principales títulos del índice: I. Reflexión inicial, estadistas en los Estados. II. El Estado, la oligarquía y los gobiernos. III. Los recursos naturales. IV. El secuestro y la extorsión de la deuda interna (terrorismo financiero oligárquico). V. Los monocultivos y la seguridad alimentaria. VI. El Ejército de guatemala: La relación de los generales con la oligarquía. VII. ¿Qué nos ha dejado el neoliberalismo? VIII. Reflexión final: la liberación del Estado. Lo explica así el sociólogo Bernardo Arévalo: Este libro contiene dos libros. El primero hace una crítica, desde la economía política, a cómo se actualiza el Estado depredador histórico. El segundo es una sociología militar que critica el papel del Ejército en su historia y su actualidad. Este es el capítulo 1.

Edgar Rubio Castañeda

Estadistas en los Estados

En la historia de la humanidad hay grandes personajes que fueron inmortalizados por las transformaciones políticas, sociales, educativas y culturales de sus países. Sus ideas y actuaciones son objeto de estudios para encontrar aspectos relevantes que se puedan aplicar a nuestra época. Abraham Lincoln, en Estados Unidos de América, abolió la esclavitud; Lázaro Cárdenas, en Estados Unidos Mexicanos, nacionalizó el petróleo y llevó a cabo una reforma agraria; Juan José Arévalo, en Guatemala, realizó importantes transfor­maciones políticas, económicas, sociales y culturales; Jacobo Arbenz Guzmán, también en Guatemala, inició una importante reforma agraria y el rompimiento de mo­nopolios; y Hugo Chávez, en Venezuela, nacionalizó el petróleo e impulsó una auténtica revolución social. Todas ellos tienen en común haber sido estadistas que mejoraron significa­tivamente las condiciones de vida de sus conciudadanos, para que pudieran vivir con dignidad e igualdad de oportunidades para todos.

 

El liderazgo político es el más importante de todos los liderazgos, debido a que permite transformar países atrasados o subdesarrollados en países desarrollados. Sin embargo, un mal liderazgo político puede hacer retroceder a los pueblos y llevarlos a la miseria, al atraso, a la pobreza total y en consecuencia al caos.

 

La política es un noble oficio que permite servir al prójimo, en especial a los más necesitados: los desnutridos, analfabetas y enfermos. Requiere independencia, disciplina y entrega total. Lamentablemente, los políticos tradiciona­les que han gobernado nuestro país lo han prostituido y degenerado, exclusivamente para sus amos y patrones, quie­nes han patrocinado las campañas electorales para hacerse del poder y, luego, cobrarse las facturas y recuperar la "inversión". Estos oscuros financistas son vulgares y avorazados ladrones de cuello blanco.

 

Con las excepciones de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, Guatemala no ha tenido líderes que puedan considerarse estadistas, que se comprometan con la trans­formación política, económica y social del país, para que pueda dejar atrás el legado de violencia, corrupción, atraso, miseria y privilegios que nos condenan a ser un país eternamente tercermundista o, por disfuncional e invia­ble, intervenido permanentemente por organismos inter­nacionales.

 

Urgen políticos progresistas comprometidos con el sistema democrático, para que cambien radicalmente el destino que le depara al país; comprometidos con causas sociales y consensos, transparentes, visionarios: políticos de nación, de pueblo, de Estado.

 

Es importante que la mayoría, la de estómagos vacíos, los marginados, explotados y olvidados, se mantenga uni­da y organizada. De lo contrario, no podrá cambiar los cimientos y estructuras de este modelo empobrecedor lleno de privilegios y corrupción. Las condiciones están da­das para que el pueblo reaccione y aporte a la trans­formación nacional. Nosotros, como militares, haremos la parte que nos corresponde sumándonos a ese movimiento social progresista.

 

A lo largo de la historia, muchos de nuestros hermanos y compañeros revolucionarios inicia­ron el camino de la reivindicación y la justicia social. Ahora, nosotros los progresistas, estamos más que obligados o continuarlo de manera pacífica para no darle oportunidad a los violentos a que actúen contra nosotros.

 

De 1821 a 1871, en el tiempo que gobernaron los con­servadores,1 tuvieron la oportunidad de hacer los cambios profundos que se necesitaban y no lo hicieron. De 1871 a 1944 los liberales2 compitieron con los conservadores para acumular riquezas, olvidando al pueblo.

 

El período de 1944 a 1954 ha sido el único en que no se acumularon riquezas particulares sino que se gobernó para el pueblo, con verdaderas políticas sociales, de largo plazo, que aún pre­valecen. Fue llamada la Primavera Democrática porque floreció realmente la democracia. En esa época hubo un esfuerzo extraordinario para solucionar de fondo los pro­blemas sociales y económicos heredados de periodos anteriores.

 

De 1954 a la fecha, conservadores y liberales se han unido para retomar el control del Estado y seguir acumulando riquezas en detrimento del pueblo. Las consecuencias están a la vista: Somos un país con pobreza, con hambre, sin educación, con enfermedad, violencia, sin oportunidades de empleo, sin un Estado eficaz; un pueblo aún con miedo a expresarse libremente, descara­damente manipulado y desmoralizado, sin esperanza de que cambie la situación social y se alcance un futuro mejor.

 

Lo que no nos han podido robar ni cambiar son nues­tros sueños e ilusiones de ver una Guatemala con bienestar y desarrollo, donde todos, sin excepción, nos sintamos orgullosos del país que nos vio nacer.

 

Así que estaremos dispuestos a dar nuestro aporte, para sumar a la transformación social, para que nuestros sueños e ilusiones se hagan realidad. El camino que segui­re­mos no será fácil. Tendremos que enfrentarnos a la oli­garquía más atrasada, reaccionaria, corrupta y saqueadora del mundo y a su maquinaria mediática muy bien aceitada.

 

 

1. Los conservadores, integrados por "la llamada aristocracia y el clero" y la "aristocracia terrateniente, escolástica y tradicionalista, amurallada en su orden religioso, fueros y privilegios por ley, religión única y una Iglesia cargada de riquezas y poder político, metida hasta en la sopa para mantener una cultura de casta (…) todos los conventos acumularon enormes bienes y riquezas: fueron los prestamistas y banqueros de la colonia". (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).

 

2. "Entre los liberales militaron criollos, mestizos de la pequeña bur­guesía y pocos indígenas (…) algunos criollos y mestizos se apasionan por el liberalismo ilustrado, las ideas positivistas, el na­cionalismo hasta originar clara noción de patria" (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).

 

 

 

lunes, 22 de mayo de 2017

sábado, 20 de mayo de 2017

ZVenezuela: el guion antes que los hechos + ¿Es posible ser comunista en la actualidad

 

 

Venezuela: el guion antes que los hechos

 

Por: Matías Bosch 

En la "valiente oposición democrática" venezolana, el guion puede prescindir de los hechos. | Foto: Reuters

Publicado 17 mayo 2017

·         <="" span="" fb-xfbml-state="rendered" style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px; background: transparent;">13

Comentarios

 

...La andanada mediática sin pruebas ni rigor ético ninguno, acompaña todas las "denuncias" y "acusaciones" de los dirigentes de la MUD para hacer valer que en Venezuela otra vez reinan "el caos" y "la dictadura".

 

 

María Elvira Salazar, famosa en Miami y Estados Unidos, corre a decir los nombres de los últimos jóvenes asesinados en Venezuela, asegurando que han sido víctimas de los "colectivos armados chavistas".

 

 

Lilian Tintori -que para CNN es la equivalente a la esposa del Nelson Mandela venezolano- asegura en televisión que la "quieren matar" y que chavistas han disparado contra ella.

 

 

Henrique Capriles llama a los venezolanos a salvar la República hasta que los "30 millones caigan presos".

 

 

En Youtube aparece un video titulado "Cámara graba a Colectivos Asesinan a Paola Ramírez en Venezuela 19 abril 2017", aludiendo a los "colectivos chavistas" y a la joven Ramírez efectivamente asesinada en la fecha indicada.

 

En ninguno de los casos antes mencionados se dan pruebas. Ninguno cuenta con testimonios y con elementos demostrativos. En una época en que producir una imagen tiene un costo menor a 0, en que cualquiera anda con toda clase de dispositivos que graban voz y video, nadie de la MUD muestra un solo ejemplo de un policía, un militar o un militante oficialista asesinando a ninguno de los ya 41 muertos. Ninguno de los conductores televisivos distingue entre los fallecidos cuáles eran opositores al gobierno, cuáles no, y cuáles sencillamente no tenían nada que ver, porque los hay.  

 

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo los opositores a la famosa "dictadura madurista" pueden hacer tan poco, demasiado menos que los opositores a la tiranía de Pinochet en Chile, treinta años atrás? ¿Cuántas víctimas del horror de Somoza podían contar con tantas empresas mediáticas a su favor y darse el lujo de no convencer al público? ¿Cómo no logran María Elvira, Tintori, Capriles, CNN y las cadenas privadas colombianas que por fin alguien les pueda creer? ¿Acaso no le temen al ridículo, a hablar y hablar sin demostrar nada, faltando a los mínimos preceptos de la ética periodística y política? ¿Cuál es el límite entre no probar lo que se dice y mentir? ¿Cómo es posible que por toda América Latina y el mundo se propaguen noticias calcadas sin la menor disección?

 

En Venezuela ya hay precedentes más que serios. En 2002 engañaron al mundo, con imágenes trucadas, adjudicando a militantes chavistas 19 muertes que fueron causadas por francotiradores estratégicamente ubicados en aquella marcha del 11 de abril. El objetivo: presentar el golpe de Estado como un "resultado natural" del "caos" y la "violencia" en que Chávez había hundido a Venezuela. CNN y todas las televisoras que hoy participan de la orgía informativa, no dudaron en pasar, cuantas veces fuera necesario, aquel video falseado del intercambio de disparos sobre Puente Llaguno.

 

La oposición venezolana volvió con todo al ruedo en 2017. En enero (ninguna gran cadena de los massmedia lo difundió) declararon en la Asamblea Nacional que Nicolás Maduro había abandonado el cargo de presidente, implicando el llamado a elecciones en 30 días. Sencillamente decretaron cancelado al Poder Ejecutivo. De manera sospechosamente coincidente, Luis Almagro redactó su informe de la Secretaría General de la OEA planteando la misma exigencia: elecciones en 30 días o nada.

 

Mientras tanto, la andanada mediática sin pruebas ni rigor ético ninguno, acompaña todas las "denuncias" y "acusaciones" de los dirigentes de la MUD para hacer valer que en Venezuela otra vez reinan "el caos" y "la dictadura". Ya lo anunciaba Henry Ramos Allup, el connotado dirigente, cuando habló, semanas atrás, "de los muertos potenciales y eventuales" como un pitoniso clarividente.

 

En la "valiente oposición democrática" venezolana, el guion puede prescindir de los hechos. La información puede prescindir de la verdad. Grabar con un celular es mucho más difícil que contar ya 41 personas muertas. La cuenta a favor tiene que ser muy grande para que costos tan grandes puedan ser pasados por alto. Los luchadores por "la libertad" se dan lujos extraordinarios.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

¿Es posible ser comunista en la actualidad?

 

 

Publicado el 18 Mayo, 2017 , en Análisis, Historia - Memoria

18 de mayo de 2017

"El Socialismo solo funciona en dos lugares: en el Cielo, donde no lo necesitan, y en el Infierno donde ya lo tienen".
Activista antichavista en Venezuela

 

"Si hay 200 millones de niños en las calles, ninguno es cubano; si hay 100 millones de niños trabajando sin poder ir a la escuela, ninguno es cubano".
Fidel Castro

I

Hoy día hablar de comunismo (o de socialismo, o de marxismo) no pareciera estar muy "de moda"; es más, a cualquiera que se precie de defenderlo, el discurso dominante con asombrosa rapidez lo tildará de anacrónico, desfasado, dinosaurio de tiempos idos. Ya ni siquiera es "peligroso" para el sistema (o, al menos, eso se quiere hacer creer); su evocación como rémora de un pasado "oprobioso que no debe volver nunca más" funciona ya como antídoto. Aunque, en lo profundo del sistema capitalista, por supuesto que sigue siendo altamente peligroso.

 

¿Por qué, si no, perdura el continuo armarse contra la posibilidad de "estallidos sociales", de "ingobernabilidades"? Como dijo Néstor Kohan: "curioso cadáver el del marxismo, que hay que estar enterrándolo continuamente". En realidad, para usar la expresión apócrifa equivocadamente atribuida a José Zorrilla: "los muertos que vos matáis gozan de buena salud". Pero la ideología que, hoy por hoy, domina la escena, lo presenta como "terminado, muerto y sepultado".

 

El epígrafe que abre el texto –el primer epígrafe, pronunciado con el más visceral odio de clase por un contrarrevolucionario venezolano– marca en buena medida los tiempos que corren. Quizá, jugando con los versos de Rafael de León, podría decirse: ¿comunismo? "¡Pamplinas! ¡Figuraciones que se inventan los chavales! Después la vida se impone: tanto tienes, tanto vales".

 

Aunque la caída del muro de Berlín en 1989 –y con esa caída, la puesta entre paréntesis de los sueños de transformación del mundo que venían materializándose en la primera mitad del siglo pasado: Rusia, China, Cuba, Nicaragua, Vietnam, liberación de países africanos, movimientos revolucionarios varios, espíritu contestatario– ha abierto una serie de interrogantes aún por responderse respecto a lo que fue socialismo real, la pregunta que da título al presente escrito necesita hoy de imperiosas respuestas, quizá más imperiosas y urgentes que años atrás. El fantasma de un tal "castro-comunismo", sin que eso pueda traducirse en forma clara en términos conceptuales, con su sola mención ya sirve para asustar, para horrorizar incluso, buscando santiguarse.

 

En Venezuela, por ejemplo, (o en todo el mundo, mostrando la Revolución Bolivariana de Venezuela), con ese epíteto se moviliza lo más conservador y fascista de la sociedad, remedando la lucha ideológica de la Guerra Fría. "Si viene el comunismo te van a poner obligadamente una familia a compartir tu casa, y a tus hijos te los van a quitar para mandarlos a campos de entrenamiento guerrillero en Cuba". Aunque parezca mentira, ya entrado el siglo XXI esas patrañas son las que dominan la inteligencia de la población mundial.

 

Desde el surgimiento del pensamiento anticapitalista en los albores de la gran industria europea, allá por el siglo XIX, e incluso después de la puesta en marcha de las primeras experiencias socialistas en el siglo XX, con la Rusia bolchevique, con la República Popular China, estaba bastante claro qué significaba ser comunista. Hoy, a inicios del siglo XXI, luego de toda el agua corrida bajo el puente, la pregunta tiene más vigencia que antes incluso. El descrédito que se le ha adosado hace más que urgente responder con claridad qué significa.

 

Las verdades que inaugura el Manifiesto Comunista en 1848 siguen siendo válidas aún hoy; y sin duda, en tanto verdades universales, lo serán por siempre, dado que develan estructuras de la naturaleza social misma: la explotación a partir de la apropiación del trabajo ajeno, la lucha de clases como motor de la historia, la violencia en tanto "partera de la historia", las revoluciones sociales como momento de superación de fases de desarrollo que signan el devenir humano.

 

Todas estas verdades son expresión de un saber que se instaura como objetivo, neutro, científico en el sentido moderno de la palabra –los conceptos científicos no tienen color político–. Otra cosa es el llamado a la práctica que esas formulaciones teóricas posibilitan, es decir: la acción política; y para el caso, la revolución. ¡Obviamente eso es ideológico! Tan ideológica es la defensa del sistema vigente como la voluntad de transformarlo. ¿Quién dijo que las ideologías habían terminado? ¿Sería ello acaso remotamente posible?

 

Dicho rápidamente: el comunismo como expresión teórica y como práctica política no ha muerto, porque la realidad que le dio origen –la explotación de clase, las distintas formas de opresión de unos seres humanos sobre otros seres humanos (de clase, de género, étnica)– no ha desaparecido. Mientras persistan las inequidades y las diversas formas de explotación humana, el comunismo, en tanto aspiración justiciera, seguirá vigente.

 

II

Con la desaparición del campo socialista de Europa del Este hacia la década de los 90 del pasado siglo, la vorágine triunfalista del capitalismo ganador de la Guerra Fría arrastró al mundo a una suerte de aturdimiento intelectual, presentando el descrédito del comunismo como la demostración de su inviabilidad. Tan grande fue el golpe que, por algún momento, la prédica triunfal pareció ser verdadera: ¡el comunismo no era posible! Y todos pudimos llegar a creerlo. "¡Pamplinas! ¡Figuraciones que se inventan los chavales! ". El darwinismo social se agigantó.

 

Hoy, a casi tres décadas de esos acontecimientos, con una China que ha tomado caminos que, aunque no han derrumbado al Partido Comunista, al menos abre interrogantes sobre lo que el comunismo significa, y con un talante planetario donde decirse de izquierda conlleva una carga casi despectiva, vale la pena –o mejor aún: es imprescindible– plantearse la pregunta: ¿qué significa en la actualidad ser comunista? ¿Es posible serlo?

 

Las injusticias, la explotación, la apropiación del trabajo ajeno, la lucha de clases, todo ello sigue siendo la esencia de las relaciones sociales. Es más: caída la experiencia soviética, el capitalismo ganador ha avasallado conquistas de los trabajadores conseguidas con sangre durante décadas de lucha, entronizando un modelo ultraexplotador (llamado "neoliberalismo" ) que retrotrae peligrosamente la historia.

 

Capitalismo triunfante, por otro lado, que se alza unilateral, insolente, con una potencia militar hegemónica –Estados Unidos de América– dispuesta a todo, con una posición provocativa que puede llevar al mundo a un holocausto nuclear, y que no ofrece –ni lo pretende, pero además, no podría lograrlo– soluciones reales a los problemas crónicos de la humanidad. Capitalismo triunfante sobre las primeras experiencias socialistas habidas pero que, pese a un descomunal desarrollo científico-técnico, no consigue remediar los males humanos de la pobreza, de la escasez, de la desprotección.

 

En ese sentido, es válido el segundo epígrafe, la cita de Fidel Castro. Si toda esta barbarie capitalista continúa, –y tal como van las cosas, pareciera que tiende a aumentar– el comunismo, en tanto expresión de reacción ante tanta injusticia, lejos de desaparecer tiene más razón de ser que nunca. Porque la gente, la población de a pie, los que reciben los efectos de ese capitalismo salvaje, sin duda siguen protestando, aunque no conozcan nada de marxismo en términos teóricos.

 

Las vías de construcción de los primeros socialismos, por innumerables y complejas causas, quedaron dañadas, y merecen ser revisadas: el autoritarismo, el patriarcado y el Gulag fueron realidades palpables. "El socialismo clásico fue prepotente y arrogante. Siempre nos enviaba a ver tal página para encontrar verdades y soluciones.

 

Nos dieron catecismos. Y eso es un grave error ", reflexionaba críticamente Rafael Correa, ex presidente de Ecuador. Sin duda que hubo errores, y muchos. Los comunistas son seres humanos de carne y hueso. Un comunista italiano, por ejemplo, se quejaba porque su hija se iba a casar con un siciliano. "¿Cómo con un africano, hija mía?", le reprochaba amargamente. ¿No hay derecho a la equivocación en el comunismo acaso?

 

Aunque todo eso existe: errores, desaciertos, exageraciones, ello no desautoriza el ideario comunista y su lucha por un mundo de mayor justicia. Debe quedar claro que todos esos errores –monstruosos en algunos casos, injustificables desde una posición comunista (como prohibir la homosexualidad por contrarrevolucionaria, por poner solo un ejemplo)– no desdibujan la lucha contra las injusticias que ese ideario significó.

 

Valen aquí palabras de Frei Betto: " El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducir a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana".

 

Ahora bien: ese pretendido "fracaso", de ningún modo autoriza a decir que las injusticias desaparecieron, y menos aún que las expresiones de búsqueda de mayor armonía y equidad social que representa el proyecto comunista, se hundieron igualmente.

 

Hoy por hoy, aunque el discurso hegemónico ha llevado los valores del capitalismo triunfal a un endiosamiento nunca antes visto en otros modelos sociales, la protesta de los excluidos sigue estando. Y pasados los primeros años del aturdimiento post Guerra Fría, vuelve a hacerse notar.

 

Dicho así, entonces, el comunismo no ha desaparecido y está muy lejos de desaparecer, porque las injusticias continúan siendo la esencia cotidiana de la vida de los seres humanos. ¿Pero por qué este rechazo en decirnos claramente, con todas las letras, "comunistas"? ¿Pasó a ser el comunismo una "pamplina de chavales", una estupidez "fuera de moda", una utopía absolutamente irrealizable?

 

III

Las injusticias continúan (o se acrecientan); por tanto –no podría ser de otro modo– las protestas también continúan. Tal vez no crecen, no ponen la situación social al rojo vivo, tal como fueron las primeras décadas del siglo pasado, pero por supuesto que siguen presentes. Aunque la voz triunfal del capitalismo se levantó sobre la emblemática caída del muro de Berlín proclamando que "la historia terminó", a cada paso la experiencia nos demuestra que ello no es así.

 

Para prueba, ahí están los movimientos que recorren nuevamente Latinoamérica, protestas y reivindicaciones campesinas, la Revolución Bolivariana en Venezuela como propuesta de una integración continental alternativa a los tratados de "libre" comercio impuestos por Washington; ahí está la reacción de los pueblos europeos diciendo "no" a una constitución política ultraliberal centrada en el gran capital que intenta desconocer conquistas populares históricas y desmontar los Estados de bienestar; ahí sigue Cuba revolucionaria resistiendo y, como dice el segundo epígrafe, con logros incontrastables; ahí está la resistencia de los pueblos árabes ante toda intervención armada estadounidense; ahí está el pueblo palestino alzándose contra el genocidio.

 

Protestas, todas éstas, a las que debe sumársele un amplísimo abanico de fuerzas contestatarias, progresistas, propulsoras también de cambios sociales: ahí está la reivindicación del género femenino ganando espacio día a día; ahí están todas las luchas antirracistas a partir de las reivindicaciones étnicas; ahí está una conciencia ecológica que va ganando terreno en todo el mundo para ponerle freno a la voracidad consumista y a la depredación planetaria realizada en nombre del lucro privado; ahí está un sinnúmero de voces que se alzan contra diversas formas de discriminación y/o opresión –sexual, cultural, contra la guerra, por derechos específicos–. ¿Son comunistas todas estas expresiones?

 

Sin dudas nadie se atreve a llamarlas así hoy día. Lo cual nos lleva a las siguientes reflexiones: a) la prédica anticomunista que la humanidad vivió por años durante prácticamente todo el siglo XX ha tornado al comunismo un siniestro monstruo innombrable, y b) hay que redefinir, hoy por hoy, qué significa exactamente ser comunista.

 

Sobre la primera consideración no es necesario explayarnos demasiado; archisabido es que si un fantasma comenzaba a recorrer Europa a mediados del siglo XIX, el fantasma que recorrió el mundo con una fuerza inusitada durante el XX se encargó de satanizar con ribetes increíbles todo lo que sonara a "crítico", a "contestatario", haciendo del término comunismo sinónimo inmediato del mal, de terror, de fatalidad deplorable, diabólica y pérfida, presentificación en la Tierra del peor y más deleznable de los infiernos. La prédica, por cierto, dio resultado (véase una vez más el primer epígrafe).

 

Pero más allá de esta consecuencia, producto de una despiadada política desinformativa del capitalismo, ¿por qué hoy día es tan difícil reconocerse comunista? Ello lleva a la otra consideración que mencionábamos: ¿es posible, efectivamente, seguir siendo comunista hoy día? Pero, ¿qué significa ser comunista?

 

IV

El comunismo, en tanto formulación conceptual, en buena medida recogida en esa brillante creación intelectual que fue su Manifiesto publicado por Marx y Engels a mediados del siglo XIX, se mueve en el ámbito de lo sociopolítico, ya sea como lectura crítica de la realidad, ya sea como guía para la acción práctica. El meollo toral de todo su andamiaje pasa por la lucha de clases sociales, motor último de la historia humana.

 

Si contra algo luchan los comunistas, buscando su superación justamente, es contra la injusticia social, contra la explotación del ser humano por el mismo ser humano. En tal sentido, comunismo es sinónimo de "búsqueda de la igualdad", "búsqueda de la justicia". Siendo así, entonces, el comunismo no está muerto: la equidad social entre todos los seres humanos sigue siendo una agenda pendiente.

 

Por tanto, su búsqueda continúa siendo una aspiración comunista en el sentido más cabal del término. Otra cuestión –que no tocaremos acá– es el tipo de medios a utilizarse para la concreción de la tarea: guerra popular prolongada, movilización obrera urbana, organizaciones campesinas alternativas, lucha armada de una vanguardia con base popular, incidencia parlamentaria, elecciones presidenciales en el ámbito de la democracia representativa.

 

Seguramente por miedo, por efecto de la monumental propaganda anticomunista desplegada en décadas pasadas, por cuestionables experiencias que nos dejó el socialismo real, o por una sumatoria de todas estas causas, hoy día la tendencia no es usar el término "comunista". Por el contrario, quienes portaban ese nombre se lo han sacado de encima. Pareciera que es una peste de la que hay que desembarazarse. La "moda", evidentemente, anda por otro lado. " Nueve de cada diez estrellas son de derecha ", satirizaba Pedro Almodóvar.

 

Pero más allá de "modas", de "tendencias", el estado de inequidad que dio nacimiento a un pensamiento comunista un siglo y medio atrás aún sigue vigente. Por tanto, con las adecuaciones del caso, sigue también vigente el instrumento forjado para enfrentar esas inequidades.

 

A quienes seguimos creyendo que es necesario buscar un mundo más justo, más solidario, más equitativo, ¿nos da miedo llamarnos hoy comunistas? ¿Nos avergüenza el estalinismo, las "dictaduras del proletariado" que tuvieron lugar en el socialismo real? (más dictaduras que otra cosa). ¿Realmente logró mellarnos la propaganda capitalista con su inacabable cantinela anticomunista? ¿Ganamos algo cambiándonos el nombre? ¿Qué ganamos?

 

Sin dudas lo que propone el Manifiesto Comunista de 1848, aunque sigue siendo válido en su núcleo, necesita adecuaciones. Un siglo y medio no es poco, y muchas cosas, por diversos motivos, no fueron consideradas en aquel entonces. El comunismo se ocupó de la lucha de clases pero dejó fuera otras opresiones: no puso particular énfasis en la explotación del género masculino sobre el femenino ni consideró la temática de las discriminaciones étnicas. Por el contrario, incluso, peca de cierto eurocentrismo civilizatorio, y el tema ecológico aún no entraba en su consideración. Obviamente, todos somos hijos de nuestro tiempo; también Marx y Engels.

 

Tal como se dijo anteriormente, en la actualidad asistimos a un sinnúmero de fuerzas progresistas que, sin decirse comunistas, abren una crítica sobre los poderes constituidos, sobre el ejercicio de esos poderes, sobre las distintas formas de opresión vigentes.

 

Fuerzas, en definitiva, que buscan también un mundo más justo, más solidario, más equitativo. Fuerzas que sin llamarse comunistas en sentido estricto, son definitivamente comunistas en su proyecto, en tanto entendemos que comunismo es la búsqueda de "otro mundo posible", ese mundo más justo, más solidario, más equitativo.

 

Y esto, elípticamente, contesta la pregunta inaugural: ser comunista –aunque hoy día asuste, incomode o fastidie el término, aunque esté "pasado de moda" llamarse así, aunque su uso fuerce un debate en torno a qué entender por revolución y cómo lograr la justicia–, ser comunista, entonces, no es una " pamplina ", pasajera " figuración de chaval ".

 

Es luchar por un mundo más justo, más solidario, más equitativo. Esa lucha, por tanto, no se agota con una nueva organización económico-social, con una nueva relación de fuerzas en torno a las clases sociales; necesita también de cambios en la relación de poderes entre los géneros, en la consideración del otro distinto, en el respeto a la diversidad.

 

Después del aturdimiento de la caída del muro de Berlín –que provocó mucho ruido, sin dudas– ya va siendo hora de dos cosas: 1) quitarnos el miedo, el estigma de usar la palabra "comunismo", y 2) sobre la base de las lecciones aprendidas en el siglo XX, abrir un serio debate no sobre cómo nos designaremos (¿no nos gusta "comunista"?, ¿es mejor decirse "de izquierda"?, ¿queda más elegante "revolucionario"?, ¿y qué tal "luchadores por la justicia"?) sino sobre cómo lograr efectivamente ese mundo más justo, más solidario, más equitativo.

 

Es cierto que la tarea que nos espera es dura, pero… ¿quién dijo que iba a ser sencillo?

*Fuente: Rebelión