viernes, 2 de diciembre de 2016

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Niño cubano le agradece a la revolución. EL QUE QUIERA APRENDER QUE APRENDA

 

 

 

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Fidel, el gran “Dictador” + Fidel, tu honda es la David y ya está en millones de manos + Fidel difunto mueve + El Fidel que conocí

Fidel, el gran "Dictador"

 

por  Níkolas Stolpkin (Chile)

Publicado el 28 noviembre, 2016 , en Opinión

Hasta que ocurrió lo que un día sabíamos que iba a suceder. Lo que no sabíamos era que, por esas casualidades de la vida, elegirías irte la misma fecha que elegirías para zarpar de México junto a tus camaradas en el mítico "Granma" (25 de noviembre de 1956) para ir a liberar a tu pueblo de la dictadura de Fulgencio Batista. Ahora has decidido zarpar hacia la eternidad, para de algún modo habitar ahora en cada ser que ha permitido dar espacio a tu ejemplo de dignidad y valentía, así como muchos ya lo han hecho en su momento con Ernesto "Che" Guevara o tu querido amigo, comandante Hugo Chávez Frías.

Te mentiría si después de enterarme de tu partida no logré derramar alguna lágrima. Cuando escuché a tu hermano Raúl di por hecho la noticia. En el momento, no sentí mucho tu partida; fue al momento de recordar a ese Fidel junto a sus barbudos en la Sierra Maestra y al entrar triunfante en la Habana que comencé a sentir tu partida; al recordar a ese Fidel haciendo trabajos internacionalista en Africa, al igual como lo hizo mi padre en Nicaragüa a principios de los 80. Fue al recordar a ese Fidel junto a líderes y artistas de renombre; fue al recordar a ese Fidel que terminaba "robando" los titulares de prensa allí donde te hacías presente que comencé verdaderamente a sentir tu partida.

 

Te escribo estas palabras y no puedo evitar estar emocionado. Sé que muchos deben estar sintiendo lo mismo o más.

 

Algunos celebrarán tu muerte, pero estoy seguro que los nuestros celebrarán tu vida, no tu muerte, sino lo que representaste en vida; y lo celebrarán con canto popular, poesía, prosa revolucionaria, en fin, como mereces Fidel.

 

Y es que en verdad no entiendo a los que hoy celebran tu muerte. La celebran quizá porque están llenos de odio y porque en vida no pudieron cumplir sus deseos de verte asesinado o verte tras las rejas. Nosotros, en cambio, celebramos tu ejemplo de vida porque, a pesar de no llevarnos bien con nuestros enemigos, estamos llenos de amor hacia el que ha entregado su vida a los pueblos y oprimidos del mundo entero.

 

Te mentiría si alguna vez no discrepé contigo; con respecto a la lucha armada, por ejemplo, o sobre aquel especulador que bien ensalzaste en su momento. Pero a pesar de todo, tus opiniones, erradas o no, nunca lograron separar mi admiración hacia tu persona. ¿Cómo poder separar el amor hacia un padre? Y es que, si no me equivoco, tú mismo nos habías enseñado a dar la batalla por las ideas.

 

Ahora que has "muerto", tus opositores junto a los Grandes Medios comienzan nuevamente a tirar veneno en contra de tu persona. Y no puedo quedar de dedos cruzados y no dar la batalla de ideas ante tamañas mentiras. Sabes bien que nosotros nacimos para defender la verdad.

 

Te acusan de haber sido un "Dictador", de haber "violado" los Derechos Humanos o de haberte "enriquecido" con la revolución. Y comprenderás que ante tamañas mentiras nosotros no podemos quedarnos callados y dejar que hablen canalladas. Se les responde con inteligencia.

 

Fidel, déjame responderles.

¡¡¡Sí, señores. Ha muerto un gran "Dictador", un "criminal!!! Pero fíjense qué "Dictador" más atípico:

Exportador de médicos y no de bombas; exportador de liberación y no de guerras; exportador de solidaridad y no de egoísmo; exportador de dignidad y no de entreguismo. Promotor de la educación y no promotor de ignorancia, ni de fiebre consumista.

¿Qué dictador podría garantizar a su pueblo educación y salud gratuita, y no permitir que se lucre con ello? ¿Qué dictador en el mundo te siembra dignidad, sabiduría, verdad y no mentiras, humillaciones o fosas comunes?

¡¡¡Sí, señores. Ha muerto un gran "Dictador"!!!

 

Es muy curioso, Fidel, que las únicas herramientas que tienen tus opositores es poner delante las supuestas "violaciones" a los Derechos Humanos o el supuesto "enriquecimiento".

 

Te hablan de "violaciones" a los Derechos Humanos… ¡¡¡Fíjate, Fidel!!!! Pero estos "defensores" de los Derechos Humanos se quedan bien calladitos cuando sus "amigos" (¡¡¡sus amos!!!) de Estados Unidos o Europa (la "comunidad internacional") bombardean Yugoslavia, Libia, Siria, Irak, Afganistán, etc….Verdad, se me olvidaba. Todos aquellos bombardeos ha sido "ayuda humanitaria".

 

Te hablan de "Derechos Humanos", pero no dicen nada de las fosas comunes encontradas tanto en México como en Colombia, de miles y miles de muertos, ni de "falsos positivos", desplazados, asesinatos de dirigentes, asesinatos de periodistas, violaciones, amenazas… Verdad, se me olvidaba. Aquellos crímenes no han sido cometidos en dictadura, han sido cometidos en "democracia". Esa "democracia" que tanto desean en Cuba.

 

Te hablan de que no existe la libertad en Cuba, pero omiten que sus verdaderos deseos es que se instale la libre empresa y que haya competencia para que así el pueblo cubano pueda "elegir la educación de sus hijos y pueda elegir el sistema de salud que más le convenga", dejando a un lado la función real que debe cumplir todo Estado y entregando descaradamente la soberanía al gran interés privado.

 

Y es que muchos políticos por estos lados, Fidel, hablan de que te "enriqueciste". No tienen ninguna prueba, pero igual repiten lo que otros dicen. Pero esta "clase política" no habla de que sus mayores ingresos provienen del interés privado, ya que están encargados de diseñarles leyes a la medida para después ser recompensados en alguna gerencia u oficina. "Democracia", Fidel.

 

Ahora Donald Trump habla de que fuiste un "brutal dictador" y que trajiste "pobreza" a Cuba, y los Medios y opositores hacen fiesta. Ignoran la historia, un bloqueo económico, ignoran que Cuba tiene el mejor sistema educativo de América Latina, ignoran que en Cuba no existen niños durmiendo en las calles, ignoran que las drogas en Cuba no son una plaga como en países "democráticos".

 

Y lo peor de todo, es que ignoran que Cuba se rige por un modelo económico socialista y que no existe el circo electoral como existe dentro de un modelo económico capitalista. ¿Qué hacer con semejantes ignorantes? Lo mismo de siempre: repetirles hasta el cansancio verdad sobre verdad, para que puedan ver su propia ignorancia.

 

En fin, gracias, Fidel. Gracias por hacer de Cuba un faro de dignidad en el mundo y por ser inspiración en aquellos pueblos que luchan o que alguna vez lucharon por su liberación. Hasta siempre comandante. Te extrañaremos.

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Fidel, tu honda es la David y ya está en millones de manos

 

por Ricardo Jimenez A. (Perú)

Publicado el 26 noviembre, 2016 , en Opinión, Pueblos en lucha

Ponencia en homenaje a Fidel Castro
Lima, 2 de agosto 2013

He recibido con sorpresa y alegría la invitación a hablar en este homenaje a Fidel Castro. Lógicamente, me pregunté qué podía decir yo sobre la vida, acciones y pensamientos de Fidel, que no sobrara, estando al lado de un cuadro como la embajadora de Cuba en Perú cuya formación política y conocimientos sobre Fidel presumo sin temor a equivocarme son muy superiores a los míos. Razonamientos similares valen para la autora de una de las autobiografías conversadas de Fidel más completas que se hayan hecho, que también nos acompaña.

 

Hace mucho que no leía y no reflexionaba sobre Fidel, y hubo épocas en mi vida que lo hice abundante e intensamente. Y esta invitación me ha hecho reflexionar y darme cuenta que Fidel es una especie de compañero y maestro, al que nunca conocí personalmente, pero que ha estado siempre cruzando en mi vida y en la de generaciones enteras de militantes patriotas y socialistas latinoamericanos.

 

No es una figura, es algo muy real este transitar de Fidel por nuestra vida, siempre importante, siempre formador, alguna vez discrepante por cierto, como es entre compañeros. Por eso, esta invitación me ha resultado como un nuevo cruce más de Fidel en mi biografía, uno de esos "círculos del destino que se cierran" de los que hablan los pueblos mayas.

 

Soy "hijo", en sentido figurado, de la dictadura de Pinochet en Chile, nacido y criado en un país bajo ocupación militar, donde los partidos políticos estaban prohibidos y portar ciertos libros o cierta música era un delito, literalmente. No escuché canciones críticas en español hasta que fui adolescente y no supe de elecciones hasta que fui adulto. En ese mundo, hecho a imagen y semejanza de Pinochet, fui formado como hijo de una familia humilde sin experiencia política.

 

Tuve que aprender obligatoriamente los himnos de las diferentes fuerzas armadas y policiales en el colegio, y algunos versos y entonaciones llegaron a gustarme auténticamente. En ese mundo, Fidel Castro era una especie de figura vaga, pero malévola, que había querido dominar el país y había contribuido a llevarlo a la ruina de la que lo salvaron los militares.

 

A inicios de los años ochenta el pueblo chileno, tras una década de aplastamiento inmisericorde, se levantó en protestas masivas. Muy rápidamente, casi en cuestión de meses, yo y cientos de miles de mi generación, nos politizamos. Vertiginosamente consumimos los libros y la música prohibida, desenterramos la memoria robada y mentida. Literalmente, nos volvimos otros.

 

La aguda crisis de miseria y la salvaje represión criminal contra nuestro pueblo, nos hizo madurar aprisa, violentamente. Muchos compañeros y compañeras de mi generación, que asumieron la primera línea en la lucha popular fueron cobardemente asesinados siendo muy jóvenes, a veces apenas unos muchachos y muchachas.

 

En esa lucha y en esa maduración, Fidel reapareció, esta vez como maestro, como ejemplo, como líder, en muchos libros y en vídeos. Cuba, se transformó en referencia obligada, indiscutida. Su solidaridad incondicional con el drama y el combate desigual del pueblo chileno no tuvo límites ni cálculos y no decepcionó ni una sola vez; algo que no podemos decir de otros países muchos más ricos y supuestamente más democráticos.

 

En esa larga época, que recorre las décadas del ochenta y el noventa del siglo pasado, recuerdo con toda claridad cómo fue creciendo para mí y mi generación la figura intelectual y ética de Fidel, como se fue ganando genuinamente un lugar de admiración.

 

Hay que recordar que no solo éramos hijos de la dictadura sino de esa época triste y sin brillo del predominio neoliberal, de caída del denominado "socialismo real" de los países del este, en que pseudos intelectuales latinoamericanos, bien rentados por los poderes fácticos, nos envenenaban con la celebración del capitalismo, el teórico, no el real, como sinónimo de libertad; y con la falsa idea de que para ser"objetivo", para ser "libre", para ser "crítico", no se debe reconocer a las grandes personas y sus luchas y se debe asumir que todos y todas son siempre corruptos e interesados.

 

No fue fácil superar esas trampas ideológicas y éticas, y en ello Fidel jugó un papel importante. Fue parte de mi aprendizaje de que toda obra y toda lucha humana es necesariamente imperfecta, tiene errores, y es válido y aún necesario señalarlos, pero que hay obras y luchas que son justas y otras que son injustas y esto es lo crucial y lo decisivo.

 

Fidel ha sido maestro y ejemplo, no sólo como autor de monumentos del pensamiento, ya clásicos y de una fuerza ética interminable, como la Segunda Declaración de la Habana o el Discurso por la caída del Che. Sino por innumerables pero importantes detalles que íbamos descubriendo, nos sorprendían, nos formaban más integralmente y alimentaban nuestra admiración. Fueron momentos que nos ayudaron a crecer en nuestra formación y ahora son recuerdos que tengo muy vívidos y comparto algunos con ustedes.

 

En ocasión de la muerte del Che, por ejemplo, Haydée Santamaría, compañera de los guerrilleros desde los primeros tiempos, escribe al Che caído y cuenta como todos se preguntaban que rango póstumo le daría Fidel al guerrillero heroico, todos los grados parecían pocos, chicos, pero Fidel como siempre encontró los verdaderos, ascendió al Che al grado póstumo de "artista". Conocer y discutir esa carta fue una de las primeras veces en que aprendimos que, intelectualmente, el amor y la belleza pueden y deben ser inseparables complementos de la verdad y la justicia.

 

La misma famosa carta de despedida del Che, la habíamos leído y estudiado muchas veces, pero en algún momento reparamos en que por ahí, al pasar, le decía el Che a Fidel: "Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario". Venía a confirmarnos que las confianzas y los liderazgos se construyen y se mantienen en el tiempo, son necesariamente un proceso, deben ganarse permanentemente en la práctica y no pueden decretarse ni nacen instantáneamente. 

 

Pero además, sabíamos porque lo habíamos estudiado mucho, que el Che era "jodido", tan exigente como auto exigente, una personalidad fuerte, cuyo grado de consecuencia y capacidad hacía objetivamente difícil que reconociera otro liderazgo; y entonces caímos en la cuenta de qué clase de líder debía ser Fidel para que el Che, que era un gigante ético e intelectual, le hiciera semejante reconocimiento público de confianza y liderazgo.

 

En otras ocasiones encontramos pistas para explicarnos ese liderazgo de Fidel que le reconocía el Che. Por ejemplo, en una entrevista en vídeo a Fidel sobre la experiencia guerrillera del Che en Bolivia. Fidel, junto con destacar la epopeya militar que significó, apuntó algunas insuficiencias. Analizando una emboscada en que el Che y sus hombres caen estando de día, señalaba que eso era por el carácter del Che, que ya en mucha desventaja, enfrentaba el peligro haciéndose más temerario; "esa misma emboscada", decía textualmente Fidel, "de noche no le hubiera causado gran daño". Nosotros dijimos, "Anda! Mira lo que es Fidel, ha". Eso nos formó y nos impresionó, discutimos aquel vídeo y nos hizo crecer, nos enseñó la necesidad de dominar al máximo las emociones en medio de la lucha.

 

Otro elemento similar lo descubrimos al conocer la experiencia del Che, bajo el nombre de guerra de "Tatu", en el Congo, África, antes de partir finalmente a Bolivia. Aunque el propio Che había informado que las condiciones de los compañeros congoleños eran tan deficientes que había que retirar transitoriamente a los internacionalistas cubanos, él mismo se resistía a retirarse a pesar de estar cercado y casi sin posibilidades. Sólo un mensaje directo de Fidel recordándole que un repliegue táctico no era una derrota ni una deshonra, lo convence de salir para alivio de sus compañeros.

 

Y es que, en reciprocidad de ese liderazgo tan grande que el Che le reconocía a Fidel, éste también le prodigaba una relación especial al Che, propia de la amistad sincera entre gigantes de la ética y la acción. Así lo descubrimos, debatimos y reflexionamos en una ocasión en torno a una entrevista de Fidel. Ante la bajeza de la propaganda imperial que pretendía diseminar supuestas discrepancias y traiciones entre ambos y que habrían llevado a "abandonar" al Che en Bolivia, Fidel responde relatando como el Che puso como condición de su incorporación, al inicio de la lucha guerrillera en Cuba, que una vez triunfante esa lucha se le permitiera ir a combatir en otras tierras del mundo.

 

Fidel cuenta que el Che hizo valer ese compromiso para ir a Bolivia, a pesar de que Fidel le aconsejaba más tiempo y preparación. En una frase reveladora del respeto mutuo que se profesaban, Fidel decía: "Lo acompañamos lo mejor que pudimos en esa lucha; no podíamos ordenarle que no la emprendiera, aunque estuviéramos en desacuerdo, porque no era ese el tipo de relación que teníamos".

 

Tras inmensos sacrificios y luchas del pueblo chileno, la democracia, al menos formalmente, que no es poca cosa, llegó a Chile. En ese camino, pude conocer luchas y esfuerzos de otros pueblos de Nuestra América. Confirmé en todas partes que Fidel, como Bolívar, es compañero del camino en todo el continente.

 

Cayó el socialismo real y Cuba atravesó, en transitoria y heroica soledad, uno de los peores momentos de la larga agresión política y económica del poder fáctico, ilegítimo e ilegal, norteamericano. Las condiciones tan adversas y el coraje del pueblo cubano en ese "período especial" nunca serán suficientemente aquilatados. Yo personalmente y con dolor llegué a creer que era posible la derrota transitoria de la revolución, que era una posibilidad objetiva. Fidel, una vez más, emergió como un gigante.

 

Recuerdo una vez que un país europeo, ya ni recuerdo que país, creo que España u otro, pretendió sacar ventaja del momento tan crítico del pueblo cubano y suspendió una ayuda humanitaria que daba a Cuba para presionar decisiones del gobierno cubano. Fidel respondió públicamente que "no sólo se suspendía sino que se anulaba esa y cualquier ayuda que pretendiera comprar la soberanía de Cuba". Cuando parecía que ya no era posible, después de tanto tiempo y tantas cosas, Fidel volvió a emocionarme hasta las lágrimas y a hacerme sentir orgulloso, aún en medio de las peores circunstancias, de ser latinoamericano.

 

Finalmente, nuestros pueblos superaron la larga noche de predominio neoliberal y numerosas luchas y gobiernos populares y progresistas surgieron y surgen para disputar la hegemonía en el continente. Cuba y Fidel estuvieron y están siempre al lado de todos ellos, sin excepción. Rompiendo los mandatos extranjeros, Fidel y Cuba volvieron a ser parte de los procesos continentales. Fidel recorrió todos los países y, ante la impotencia de sus enemigos, fue y ha sido siempre recibido, públicamente, por muchedumbres cariñosas y reconocidas.

 

Yo comprendí entonces que, más allá de las generaciones de militantes patriotas y socialistas, son los pueblos mismos los que reconocen la talla de gigante de Fidel. En mi opinión, y así lo ha dicho el mismo Fidel, no desean ser como Cuba o seguir su camino de liberación, cada pueblo construye su propio camino. Sino que saben que Fidel y el pueblo cubano simbolizan objetivamente la dignidad y la soberanía frente a quienes con su prepotencia se creen literalmente dueños del mundo y de los pueblos.

 

Por eso, desde aquí, me permito sencillamente enviar un mensaje, modesto, casi anónimo, al comandante Fidel Castro, a nombre de mi generación. Gracias, comandante compañero, por acompañarnos todo el camino, por ser maestro de la dignidad, la solidaridad y la inteligencia. Tu honda es la de David y ya está en millones de manos.

 

 Artículo escrito por su autor con motivo de un "Homenaje a Fidel Castro", organizado por Todas Las Voces en Lima, Perú, 2 de agosto de 2013

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Adiós, Fidel Castro

Fidel difunto mueve

 

Cuenta Fray Bartolomé de Las Casas que estando el cacique Hatuey en manos del conquistador Diego de Velásquez, un religioso le expresó: "…que si quería creer aquello que le decía, que iría al cielo… y si no, que había de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas".

 

Hatuey preguntó si iban cristianos al cielo. "El religioso respondió que sí, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique, sin más pensar, que no quería ir él allá, sino al infierno por no estar donde estuviesen, y por no ver tan cruel gente…" (1511).

 

Cuatrocientos cuarenta y seis años después, en febrero de 1957, el periodista australiano Herbert Matthews subió a la Sierra Maestra y allí localizó a los descendientes de Hatuey liderados por Fidel Castro, alzados en armas. Matthews escribió: Antes de que finalice el año, él dijo que sería un héroe o un mártir.

 

En el juicio por el ataque fallido al cuartel Moncada (1953), Fidel también pronosticó que la historia lo absolvería. Sin embargo, quienes compartieron con él tramos de su vida, constataban que al comandante sólo le apremiaban las cosas de su pueblo.

 

Mi imagen de Fidel creció en el decenio de 1990. A causa del bloqueo, millones de cubanos empezaban a perder peso vertiginosamente, adelgazando en caminatas interminables o transportándose a sus centros de trabajo en sofocantes autobuses que se demoraban horas en llegar al destino. Así era mi amigo Guerrita, diplomático y cuadro del comité central, quien a diario se montaba en una destartalada y oxidada bicicleta china, hasta que un día su corazón le dijo hasta acá llegué.

 

El 5 de agosto de 1994, cuando las condiciones parecían estar dadas para que Cuba izara trapos blancos, una turba enardecida irrumpió en inmediaciones del hospital Almejeiras, y otros puntos del malecón. Entonces, flanqueado por una pequeña escolta desarmada, Fidel caminó hacia el ojo del huracán.

 

La multitud bajó el tono, haciéndose un silencio apenas interrumpido por las olas estrellándose contra el malecón. El caballo nada dijo, y caños, botellas, palos y piedras cayeron sobre el pavimento. Durante algunos segundos, Fidel fijó su mirada en la estatua ecuestre de Antonio Maceo, el titán de bronce. Y luego, se retiró.

 

A Quevedo le toca el turno ahora:

 

"El que vivo enseñó, difunto mueve/Y el silencio predica en el difunto/ En este polvo mira y llora junto/ La vista cuanto el púlpito le debe…/enmudece en su voz el contrapunto/… y el fénix que en su pluma se renueve".

 

 

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El Fidel que conocí

 

Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres  conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos –Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka– que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.


En aquella época, en mas de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda Africa y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacia siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.


Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales lideres que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olof Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamin, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Marques, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).


Bajo su dirección, su pequeño país (100.000 km2, 11 millones
de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.


En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.
Desde hace mas de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial –reforzado en los años 1990 por las leyes Helms–Burton y Torricelli– que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio "Martí" y TV "Martí", instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.


Por otra parte, varias organizaciones terroristas – Alpha 66 y Omega 7 – hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que mas victimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.


Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola : "En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición." Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución.


Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano : abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones mas eficientes.


Su diplomacia sigue siendo una de las mas activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este ultimo país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de Africa del Sur, lo cual acelero de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.


La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina  y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regimenes inspirados por el modelo cubano.


La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, mas justa, mas sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.


Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90  años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.


En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la Justina social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro – le guste o no a sus detractores–  tiene un lugar reservado.


Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro "Fidel Castro. Biografía a dos voces" (o "Cien horas con Fidel"), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos.

 

Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del DIA, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruya luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.


Descubrí así un Fidel intimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra mas alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje–soldado.


Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el DIA. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas "reuniones importantes"…Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del DIA.


Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes –todos jóvenes y brillantes de unos 30 años– estaban, al final del DIA, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.


Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas... No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.


Una vez definido un proyecto. ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de si. "La intendencia seguirá" decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.


Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.


La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.


En ningún momento, a lo largo de mas de cien horas de conversaciones, Fidel puso un limite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio

 

 

 

 

 

 

 

El Congreso y sus corruptelas + Mis encuentros con un hombre íntegro + El sentimiento de una familia… + Un faro en las antillas

El Congreso y sus corruptelas

 

La llamada clase política guatemalteca se pintó de cuerpo entero el lunes 28 de noviembre.

 

Durante las tres lecturas de rigor fueron aprobadas las reformas constitucionales. Sin embargo, durante el envión final, en la lectura y aprobación por artículos, dieron el ranazo. Con mucha dificultad fue posible llegar a 103 de los 105 votos requeridos para darles el toque final antes de someterlas a consulta popular.

 

Pero ¿cómo se explica semejante incoherencia? En las primeras lecturas, los votos a favor de las reformas superaron el mínimo necesario de 105 (dos terceras partes de los 158 integrantes de la asamblea), pues llegaron a 116. ¿Qué sucedió entonces con los 18 diputados que en los primeros pasos votaron a favor y en la segunda fase o no llegaron o votaron en contra? Cabe analizar si entre los votos ausentes no hubo más de los mencionados debido a que otros que habían votado en contra o se habían abstenido llegaron a apoyar la lectura final.

 

La falta de consistencia mostrada entre el momento de la discusión inicial y la forma como finalmente zafaron bulto solamente evidencia lo mediocre de la presente legislatura. Leer la conducta de las y los congresistas no es complicado si nos atenemos a la historia del Organismo Legislativo. En definitiva, es el espacio político por naturaleza. Es la vitrina de la integración del sistema de partidos políticos.

 

Para llegar allí, en los últimos 30 años no ha sido menester contar con capacidades para legislar. Más bien se ha necesitado de una abultada chequera (propia o ajena, no importa) a fin de llegar a la cuota requerida por los dueños del negocio.

 

Entre oficina de trámites para negocios, sede central de transacciones anómalas y refugio de criminales que se cobijan en el antejuicio, el hemiciclo de Guatemala es poco menos que la cueva de Alí Babá. Así, no resulta extraño identificar los motivos de quienes, con la investidura para legislar, han mandado a la gaveta los cambios necesarios para empezar a limpiar el ejercicio de la cosa pública.

 

Los temas fundamentales que contiene la propuesta resultaron más que mercancía para quienes viven del negocio de poseer una curul. El reconocimiento del pluralismo jurídico, que intenta sentar las bases para empezar a superar la exclusión estructural por razones de origen étnico en una sociedad multicultural, quedó fuera, como también quedaron fuera las modificaciones al derecho de antejuicio y la separación de funciones en la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Los tres, temas vitales de transformación para depurar el ejercicio de la política y la justicia.

 

En materia de convivencia armónica entre los sistemas jurídicos que incluyan a las comunidades maya, garífuna y xinca, su vigencia daría paso a formalizar un esquema que durante siglos ha funcionado sin reconocimiento legal. Sería el punto de partida del proceso de superación social de la persistente exclusión originada en el racismo y la discriminación institucionalizados.

 

En lo que respecta al antejuicio, se trata de limitar el empleo abusivo, como en el caso del amparo usado en litigio malicioso, para solapar la comisión de delitos. De un legítimo instrumento de garantía para proteger de la persecución política espuria, el derecho de antejuicio se ha convertido en una de las principales bases de la impunidad, a tal grado que en la nueva junta directiva del Congreso y en el pleno hay diputados que por este principio siguen en sus puestos pese a las evidencias de criminalidad que hay contra ellos.

 

Finalmente, la separación de funciones en el Organismo Judicial es un principio básico para avanzar en la administración de justicia. Hasta ahora, la CSJ desempeña tanto funciones de administración de justicia como de gerencia operativa del sistema, así como de designación de jueces. Otra arma que se presta a la corrupción y a la pervivencia de la impunidad.

 

Por ello quizá, al mejor estilo de los mercaderes, en el Congreso se vendió la decisión contra los reclamos sociales. Y para ello, ¡qué mejor instrumento que el mecanismo establecido para la negociación de leyes: la innecesaria, engorrosa y corrompible lectura y aprobación final por artículos en toda ley que se pretende emitir! Por lo tanto, la única manera de revertir la situación presente es movilizarnos y por esta vía forzar al Congreso a que conozca de nuevo las reformas y se deje de mañas y corruptelas.

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Mis encuentros con un hombre íntegro

 

 

Lo conocí por primera vez cuando la Federación de Mujeres de la Revolución nos invitó a las abuelas a la isla en 1984. Viajamos con otra abuela, invitadas por Vilma Espín, la esposa de Raúl Castro. Estábamos emocionadas y ansiosas porque, no sabíamos, pero quizá alcanzábamos a ver a Fidel.

 

 

Recuerdo que para mí y para mi esposo la Revolución cubana había sido una alegría. Y finalmente pasó lo que las mujeres de la federación suponían que podía llegar a pasar: de repente apareció Fidel, que pasaba a visitar la reunión de la que estábamos participando. Solía hacer eso, nos dijeron: se escabullía de su custodia y armaba la rutina de su día como él quería.

 

 

Los tenía siempre locos a quienes lo custodiaban. Después de ese encuentro, hubo varios otros. Lo vi al año siguiente, también invitada por la Federación. Más adelante, viajamos con mi esposo, otra abuela y su esposo, que era maestro de orquesta y había sido invitado por Cuba a dar un concierto a beneficio de la búsqueda de los nietos robados en Argentina.

 

 

Esa vuelta charlamos con él los cuatro casi dos horas. Era un hombre que sabía de todo: de música, de pintura, pero también de lo que había pasado en nuestro país, de la dictadura cívico militar. Era una persona cordial y muy simpática. Un hombre íntegro, que no tenía miedos y que le encantaba andar entre su gente.

 

 

Él sabía quiénes éramos, por qué éramos Madres o Abuelas de Plaza de Mayo y quiénes y por qué habían matado a nuestros hijos, a nuestros revolucionarios. Reivindicaba nuestra lucha, ofrecía su ayuda, sobre todo para difundir nuestro trabajo, consustanciado en la defensa de nuestro derecho a seguir pidiendo justicia, encontrar a nuestros nietos, cultivar la memoria. Su recuerdo, su historia y su presencia será permanente. Estará junto al Che, junto a Chávez y desde algún lugarcito seguirá mirando nuestras patrias y empujándolas al sueño de la patria grande.

 

 

Pienso que los pueblos aprenden, como hemos aprendido nosotros. Y aunque vengan tiempos distintos ahora para Cuba, porque Fidel era alguien que lideraba desde donde estuviere, lo que aprende la sociedad no se olvida y no creo que por el hecho de que no esté físicamente el pueblo cubano llegue a perder la fuerza de su liberación, de su autodeterminación. Con miserias y escasez, siempre fue un pueblo fuerte y valiente. Latinoamérica, desde donde estemos, debemos ayudarlos a que sigan viviendo, tal vez con estrechez, pero con libertad.

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El sentimiento de una familia…

 

Viviendo en un país en el que su sistema está diseñado para que los tres poderes sean órganos gestores de negocios, componendas y tráfico de influencias, provocando como consecuencia que el mismo Estado olvide a su gente, la deje atrás y le asegure un eterno subdesarrollo, la noticia de la liberación de un niño de 10 años y la captura de quienes los tenían en cautiverio retumba aún más alimentando esperanza de cambio.

 

Esta semana arrancó con la actitud cínica de una clase política que se opone a los cambios y se aferra a las mafias para lograr que las cosas sigan igual y que encuentran el camino libre porque los "buenos" y/o los que deseamos cambios estamos muy quietos, fragmentados y al borde de la línea que divide la indiferencia con la complicidad.

 

El martes decía mi padre, Oscar Clemente Marroquín, "de nada sirve que, como dicen, los buenos sean más que los malos si no mueven un dedo para hacerse notar y ejercer algún tipo de influencia. El silencio que produce esa mayoría, buena pero indiferente, resulta abrumador y devastador porque significa la bendición para asegurar eternidad al perverso modelo de corrupción e impunidad".

 

Los guatemaltecos necesitamos reaccionar y por ende es que casos como el de PNC son ejemplares porque nos enseñan que hay policías con mística y entrega que se la juegan por salvar una vida y lograr un mejor país. Personas que sacrifican a sus cónyuges e hijos porque les dedican poco tiempo y quienes por cantidades que no responden al nivel de su trabajo, luchan mucho y duermen poco por aportar su grano de arena por una Guatemala mejor.

 

Ejemplos que también encontramos en operadores de justicia, tanto del OJ o el MP, que en medio de unos cuantos mafiosos, lograr hacer bien su trabajo (aunque no siempre remunerado acorde a la entrega o al riesgo) porque están convencidos que un mejor país es posible si nos decidimos a luchar en contra de la corriente.

 

Tanto en el sector público como en el privado hay una mayoría que hace las cosas bien, de cara al sol, pero resulta que no logramos opacar, enfrentar y derrotar a los malos porque esos sí se logran unir porque cuando la carretera es sin escrúpulos, siempre encuentran el camino que los une.

 

El sentimiento que habrá tenido ese niño de 10 años al ver la mano de sus salvadores, la fe que tuvo para mantenerse vivo, más preocupado por los que estaban afuera que por él mismo, y la lucha de los agentes que con mucha táctica acompañada de alma, corazón y h….., son elementos que deben servir de ejemplo para todos aquellos que dicen estar hartos por el estado actual de las cosas. ¡Sí se puede, si se quiere!

 

Nuestra meta debe ser llegar a sentir lo que experimentó el niño, su familia, los agentes y operadores de justicia cuando lograron el objetivo, puesto que si nosotros logramos cambiar la situación actual para lograr liberar a nuestro Estado de un histórico secuestro, estoy seguro que sentiremos una satisfacción porque entenderemos que solo así un futuro mejor es posible.

 

Y cierro con otra cita de mi padre, "No me cabe la menor duda que los poderes ocultos tienen enorme experiencia y capacidad por la experiencia acumulada durante tantos años de ejercer el más absoluto control del sistema político nacional. Por ello es que sus reacciones ante el vendaval que se desató en abril del año pasado han sido eficientes para recomponer sus fuerzas y evitar que se consolide el tema de la lucha contra la corrupción y utilizan cualquier recurso para provocar divisiones y contradicciones entre quienes entienden claramente el fondo del problema del país, pero que se dividen fácilmente a la hora de hablar de acciones concretas que se pueden o deben tomar para atacarlo de raíz", para que entendamos que la primera victoria de las mafias es tenernos divididos, sin ilusión y eso debe cambiar.

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Un faro en las antillas

 

 

 

cualquier frase nacida  de este páramo de duelo profundo, será redundante. Desde el 25 de noviembre los teclados de los ordenadores no han parado, se cuentan por cientos de miles las expresiones de pesar por la muerte de Fidel Castro Ruz. No es para menos. En la banda opuesta tampoco hay descanso: se da rienda suelta al denuesto primitivo y se hace escarnio de quien ha partido a los territorios de la inmortalidad histórica. No es para menos: nunca pudieron con él. Es comprensible el contraste entre la admiración y  el respeto a un líder de talla universal, y el vilipendio enconado, cargado del odio de clase de quienes defienden  y se benefician de un orden económico y social injusto,ese que la vibrante voz y el acerado pensamiento de Fidel Castro Ruz puso al desnudo.

 

Por eso lo odiaron y ahora odian su memoria; no es para menos. Pero Fidel Castro Ruz no fue un iluminado, ni un semidios a quien deba quemarse incienso. Fue un hijo de su siglo y de la larga historia de luchas de su propio pueblo y de los pueblos latinoamericanos. Talento, carisma, conocimiento profundo de la historia, audacia, sagacidad, firmeza de principios y flexibilidad estratégica-táctica, sin duda los tuvo y por eso llegó a ser quien fue. Pero no para sí, sino para encabezar un proceso histórico que cimbró a todo un continente, empezando por el poder imperial al que irremisiblemente resultó enfrentado. ¿Para qué? Para hacer valer palabras hace tiempo olvidadas por nuestras elites gobernantes: soberanía y autodeterminación.

 

Duele la partida de Fidel Castro Ruz, por él, por el humanista. Pero también por el pueblo de Cuba, cuyos admirables logros sociales estarán por siempre ligados al nombre del líder que ahora pasa a otra dimensión histórica: la de su ejemplo, su capacidad de trabajo y su fidelidad a las propias convicciones. 

 

Envalentonados por la próxima asunción de Donald Trump a la presidencia del imperio, los enemigos de la revolución cubana se frotan las manos y hacen lenguas sobre "la transición", como si ésta no hubiera entrado también en la visión estratégica del desaparecido líder. Y sí, la vida continúa: Cuba tiene derecho, ahora como hace 57 años, a decidir por sí misma su destino.

 

Ese, entre muchos, es uno de los grandes legados de Fidel Castro Ruz a su propio pueblo. También lo es para los pueblos latinoamericanos, en muchos de cuyos países, Guatemala en primera fila, el rescate de la soberanía y la autodeterminación para construir una sociedad donde la felicidad sea posible, es asignatura pendiente. Lo dijo Fidel Castro Ruz el 4 de febrero de 1962 en la Segunda Declaración de La Habana: "las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos.

 

Lo que Cuba puede dar a los pueblos, y ha dado ya, es su ejemplo". Digamos, con Nicolás Guillén, que "la hora no es de lágrima y pañuelo, sino de machete en mano", para defender ese legado resumido en un cartel virtual que ha circulado en estos días: "200 millones de niños en el mundo duermen hoy en las calles, ninguno es cubano".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de diciembre de 2016

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Sr. Daney Green Esq.

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Fidel es ya millones + El adiós de los amigos latinoamericanos + El fascismo festeja; esa es la cultura del imperialismo, señala Evo Morales + American Curios

 

 

Fidel es ya millones

 

 

Es la conclusión a que llega quien conozca Cuba y la materia prima de que están hechos su pueblo, sus hermanos latino-caribeños y los de todo el mundo. Fidel se ausenta físicamente para multiplicarse en las dolidas y fervorosas multitudes de niños y jóvenes, de hombres y mujeres cubanos de todas las edades, que la noche del martes proclaman ¡yo soy Fidel! en la Plaza de la Revolución y en todos los rincones de Cuba. Pero igual podían haber sido venezolanos, bolivianos, ecuatorianos, argentinos, brasileños, nicaragüenses, salvadoreños, mexicanos, caribeños.

 

Contrariamente a lo que han escrito algunos, las recientes derrotas de gobiernos populares están lejos de significar que se acabe el proceso nuestroamericano iniciado con el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. Al contrario, hoy aprende de sus errores, acumula fuerzas y en los combates de nuestros pueblos se fortalece el proyecto de unidad e integración regional, que siguiendo el camino trazado por Bolívar y Martí, impulsaron Fidel, Chávez y la hornada de líderes de la región llegados a los gobiernos con propuestas posneoliberales después de 1999. Pese a reveses momentáneos, esa ola histórica llegó para quedarse. El mejor ejemplo está en Brasil y Argentina, donde el terrorismo mediático y la represión no puede detener las protestas populares.

 

Es como un caracazo multiplicado exponencialmente. Pues si miramos no sólo a nuestra parte del mundo, sino a Estados Unidos y a otros países de todos los continentes, apreciamos que se acumulan energías y combustible revolucionarios y cada vez más los neoliberales, anestesiados, no saben cómo lidiar con las nuevas demandas populares mientras sus aparatos represivos no dan abasto para ahogar la rebelión social.

 

Fidel predijo en su momento que como respuesta a las políticas neoliberales nadie debía extrañarse de que estallaran nuevas revoluciones –además de los procesos de cambios ya en marcha en América Latina y el Caribe– y es lo que estamos viendo. Son las revoluciones de siglo XXI con nuevas formas y renovados contenidos aunque mantengan el apego a las heroicas tradiciones de que son herederas. Están en marcha y a veces ni nos damos cuenta.

 

El diverso y plural sujeto social y político que las protagoniza es muy diferente al proletariado industrial que Marx desentrañara, aunque su esencia no cambie. Fue delineado por Fidel en La Historia me absolverá y en la Segunda Declaración de La Habana. En esta ya se vaticinaba el protagonismo político que estaban llamados a alcanzar los pueblos indios.

 

Y es que Fidel vio muy temprano las potencialidades revolucionarias de las masas de campesinos sin tierra, de maestros sin aula, de desempleados, de grandes sectores marginados y pauperizados que crecen sin cesar en lo que antes llamábamos tercer mundo. Como también de esa parte de él empeñada en luchas de liberación nacional hasta muy entrado el siglo XX. A ellos entregó toda la solidaridad y fecundas iniciativas.

 

Por eso era natural que fueran a rendirle tributo con vibrantes discursos líderes africanos, asiáticos, europeos, árabes y latino-caribeños cuyos pueblos hicieron suyo al comandante en jefe de la revolución cubana. Los líderes de Suráfrica y Namibia para dejar constancia de que si terminó el apartheid y se liberó África austral fue, en gran medida por la aplastante derrota infligida por tropas cubanas al ejército del régimen de Pretoria. Y, por supuesto, la jefa del parlamento de Vietnam, que agradeció a Fidel su solidaridad, simbolizada con la sentencia de que, por Vietnam, Cuba estaba dispuesta a dar su propia sangre. Queridos por los cubanos, Correa, Evo, Maduro y Ortega fueron ovacionados. Enrique Peña Nieto reiteró inequívoamente la amistad de México con Cuba. De particular importancia fueron los cálidos discursos de Li Yuanchao, vicepresidente de China, y de Viachesalav Volodin, presidente de la Duma de Rusia, cuando vuelven a proferirse bravuconadas y amenazas a Cuba desde el norte revuelto y brutal que nos desprecia.

 

Los restos de Fidel partieron hoy desde La Habana en exacto sentido inverso a la ruta recorrida por él entre el 2 y el 8 de enero de 1959, aclamado por el pueblo a raíz de la histórica victoria revolucionara del primero de enero. En todas partes reciben el cariño de un pueblo que lo considera su padre. El lunes 5 serán inhumados, no podía ser de otra manera, junto al sitio donde reposan los de su maestro José Martí. Dos gigantes que no han muerto porque cumplieron bien la obra de la vida.

 

 

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El adiós de los amigos latinoamericanos

 

Ante una imponente multitud que colmó a la histórica Plaza de la Revolución, en La Habana, los mandatarios latinoamericanos le rindieron uno de los últimos tributos a Fidel Castro.


A las 19 en punto (las 21 en Argentina), con el himno nacional, comenzó el acto central en la capital, al que asistieron más de 20 jefes de estado y de gobierno, y varias decenas de funcionarios de países y organismos internacionales. Fueron casi cuatro horas en las que las intervenciones de los mandatarios emocionaron y exaltaron al público que los acompañaba 


Los presidentes de Latinoamérica destacaron el aporte de Castro a las relaciones bilaterales de diferentes países, su legado, sus anécdotas, su lucha permanente, su compromiso social, las gestiones hacia países necesitados y las frases que inmortalizó. 


Uno de los momentos más emotivos se vivieron en el discurso del nicaragüense Daniel Ortega. Cuando le preguntó a la multitud "¿Dónde está Fidel?", un impresionante coro de decenas de miles de voces le respondió: "¡Yo soy Fidel! ¡Yo soy Fidel!"


Raúl Castro salió al estrado tras el discurso del venezolano Nicolás Maduro: "Para tranquilidad de todos, soy el último orador", comenzó con una broma Castro un discurso que se desarrolló, sin embargo, con gravedad y dedicado, fundamentalmente, a elogiar el legado de su hermano Fidel. "Consagró su vida a la solidaridad y encabezó una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes", afirmó el mandatario.


El presidente, que anunció la muerte de Fidel el viernes por la noche, no hablaba desde entonces. El dirigente glosó el legado de Fidel con referencias históricas. "Frente a las agresiones apoyadas por la Organización de Estados Americanos, Fidel proclamó que detrás de la patria, detrás de la bandera libre, detrás de la revolución redentora, hay un pueblo digno dispuesto a defender su independencia y el común destino de América latina liberada", dijo Raúl Castro.

 

 

El presidente de Cuba terminó con un emocionado saludo a la memoria de Fidel Castro: "Precisamente aquí donde conmemoramos nuestras victorias, te decimos junto a nuestro abnegado, combativo y heroico pueblo: ¡Hasta la victoria siempre!". El público aplaudió y coreó "Raúl, amigo, el pueblo está contigo".


Antes de tomar la palabra Castro, Maduro, principal socio de La Habana como continuador del pacto de colaboración entre Hugo Chávez y Fidel, le dijo al presidente dándole paso: "Cuenta con Venezuela, hoy más que nunca". Maduro fue uno de los mandatarios más ovacionados en el acto oficial. "Fidel, tu obra es el faro que iluminará por siempre a los pueblos del mundo.

 

 

Y con el concepto de revolución, lo juramos desde el alma, lo haremos. Seguiremos el camino victorioso", señaló el mandatario venezolano, ante una multitud que no dejó de gritar el nombre de Fidel. "Cuenta con Venezuela: hoy, más que nunca, juntos para seguir transitando los caminos y abrirle el horizonte al siglo XXI", apuntó.


El presidente de Ecuador, Rafael Correa, fue el primer líder internacional en intervenir y declaró que el ejemplo del ex presidente cubano transcenderá el tiempo y vivirá en todo el continente americano. "La lucha de Fidel Castro continúa en los jóvenes idealistas empeñados en cambiar el mundo", fueron las primeras palabras del presidente ecuatoriano. "Fidel, la mayoría del pueblo te amó con pasión, una minoría te odió, pero nadie pudo ignorarte", aseguró.


El presidente de Bolivia, Evo Morales, que decretó en su país una semana de luto oficial por el fallecimiento del ex presidente cubano, subrayó que Fidel "no ha muerto" y que está "más vivo que nunca, más necesario que nunca". "Fidel puso a Cuba en el mapa del mundo luchando contra la codicia del imperio. Fidel demostró al mundo que no hay imperio perpetuo ni poder imperial", exclamó Morales y señaló que el fallecido líder ha sido un verdadero padre de los excluidos, de los marginados, de los más pobres del mundo

 

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Trump, un ignorante; sus palabras, prueba de lo que puede esperar AL: Rafael Correa

 

El fascismo festeja; esa es la cultura del imperialismo, señala Evo Morales

 

 

Carmen Paz, hija de Salvador Allende, recuerda con cariño y agradecimiento al líder cubano

Celebración en La pequeña Habana, en Miami, por la muerte del líder cubanoFoto Afp

Dpa, Xinhua y Pl

 

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La Paz.

Los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de Ecuador, Rafael Correa, rechazaron este domingo enérgicamente las declaraciones del manadatrio electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien calificó al fallecido líder cubanoFidel Castro de dictador brutal.

 

El presidente electo de Estados Unidos con un grupo de personas hace fiesta. El fascismo con mucho cinismo festeja la muerte de Fidel. Esa es la cultura del imperialismo, afirmó Morales en un acto público celebrado en una zona rural del departamento de La Paz.

 

El presidente boliviano calificó de facista el mensaje de Trump. Evo Morales visitaba al menos dos veces al año a Fidel Castro. La última vez fue cuando el líder cumplió 90 años, en agosto pasado.

 

Según el mandatario, el mejor homenaje que se le puede hacer al líder cubano es identificar a los enemigos internos y externos de los gobiernos progresistas, y acusó a sus opositores en Bolivia de respaldar las celebraciones por el deceso del ex gobernante cubano.

 

Nuestro líder, Fidel Castro, en este tiempo debe considerarse como Túpac Katari, porque enfrentó la dominación estadunidense, al sistema capitalista, al sistema imperialista, como enfrentó nuestro abuelo Túpac Katari y Bartolina Sisa a la colonia española, afirmó en una ceremonia pública en La Paz.

 

Túpac Katari encabezó en 1781 un levantamiento indígena contra la colonia española, y por esa insurrección fue condenado a morir descuartizado, atado a cuatro caballos.

 

Para el gobernante ecuatoriano, Rafael Correa, los dichos de Trump son palabras de un ignorante, indicó en Twitter. Una muestra de lo que puede esperar América Latina, agregó el gobernante socialista.

 

Carmen Paz Allende, hija mayor del fallecido presidente chileno Salvador Allende, recordó a Castro con mucho cariño y agradecimiento por permitirle a mi hijo estudiar medicina en Cuba, mientras las jóvenes diputadas chilenas Karol Cariola y Camila Vallejo reiteraron sus sentimientos de admiración hacia el comandante cubano, al considerarlo como una de las figuras imprescindibles de la historia.

 

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American Curios

Milagros

 

 

El pasado viernes 26 de noviembre falleció Bernardo Álvarez Herrera, quien se encontraba en ejercicio de sus funciones como embajador de Venezuela ante la OEA. También fue representante diplomático venezolano ante Estados Unidos entre 2003 y 2010. Más allá de sus talentos como diplomático, era un creador de y para el colectivo. La imagen es de 2007Foto Ap

 

Los milagros no caen del cielo, se hacen en la tierra con sueños, puños y amor. A veces se desvanecen, o se distorsionan, a veces permanecen; dependen de los veladores, los serenos, de esos milagros. Y dependen de nuestra memoria colectiva, que nos reta a tener la estatura para defender, proteger y respetar esos milagros. No hay mayor crimen que extinguir un milagro.

 

No tengo la capacidad lírica o analítica para abordar qué significa la muerte de una figura como Fidel y su insistencia en los milagros, en su audacia necesaria para desafiar a los que buscan que todos nos sometamos sólo a lo posible. Pero su muerte y, ese mismo día, la de nuestro amigo Bernardo Álvarez Herrera, me detona la necesidad urgente de intentar ponderar en voz alta eso de los milagros colectivos.

 

Hay gente que sabe crear milagros colectivos. Construirlos, alimentarlos y defenderlos. Casi siempre lo hacen a un gran costo personal, pero uno jamás se entera. No se sabe si ni ellos lo saben. Crear algo colectivo es lo más difícil en este mundo, que suele estar dedicado a destruirse. Nada es más fácil que destruir, y casi siempre –y desafortunadamente esto es hasta común entre los que se dicen progresistas– se hace con justificaciones retóricas expresadas en un vocabulario disfrazado de lo opuesto, de la defensa de los derechos y la justicia y libertad. Eso es muy fácil y tiene efectos trágicos cuando derrumba algo creado de la nada, de lo imposible, de puro corazón y fe inquebrantable en los demás. Justo por ello, toda creación colectiva es, por eso, un milagro.

 

Bernardo, más allá de sus talentos como diplomático, era un creador de y para el colectivo. Atrevido y amante de la vida, de su sabor, su música y los sueños colectivos. Por eso era un gran amigo de cualquiera que él sospechaba –y lo sospechaba de demasiados, pero sólo por ello al hacerlo los elevaba– compartían ese amor. Les contaba cuentos y dichos e historias y, con un cuatro o guitarra en las manos, les cantaba canciones de su país o de México (amaba la música y la cultura mexicana, la última vez que lo vi estaba cantando Juan Charrasqueado), y los invitaba a sumarse a la creación de algo colectivo. No aguantaba la soledad. Se rebelaba contra ella y con ello jalaba a otros de sus aislamientos. Aun cuando uno no quería.

 

Coqueteaba con todos y de repente armaba complicidades para crear milagros y defender otros a pesar de las derrotas, sin parar.

 

Lo conocí cuando era embajador en Washington de uno de los más grandes y nobles experimentos populares en tiempos recientes, asignado a ser representante de un sueño bolivariano socialista en salsa de Miranda y Martí en el mero ombligo del proclamado enemigo de ese sueño. Una de mis primeras preguntas fue por qué Hugo Chávez hacía cosas tan locas que podrían ser contraproducentes para la relación con Washington y otros países. Me respondió que si yo pensaba que el mundo como estaba era lógico, que si las políticas de Washington eran razonables; ante ello, preguntó, para qué sirve portarse bien, mejor decir las cosas como eran.

 

Vale recordar que Chávez y su equipo, incluido Bernardo, y su pueblo, encabezaron un desafío sin precedente al proyecto hegemónico de Estados Unidos en el hemisferio, y triunfaron. Con una pala en la mano, Chávez proclamaría que los pueblos latinoamericanos a través de sus gobiernos progresistas llegaron para enterrar el proyecto neoliberal denominado el consenso de Washington, y eso marcó el funeral del Acuerdo de Libre Comercio de las Americas (ALCA).

 

Pero la política hacia Estados Unidos no se limitó al enfrentamiento con Washington. Bernardo, como embajador de Chávez, fue uno de los arquitectos y, más difícil aún, implementador, de una de las políticas más novedosas hacia Estados Unidos. Mientras enfrentaban abiertamente políticas intervencionistas de Washington, a la vez ofrecían una política de solidaridad concreta con el pueblo de Estados Unidos. En el caso de Venezuela, esto se expresó con calor: desde abrazos culturales extraordinarios (para empezar por la música, con su corona, la Orquesta Sinfónica Simon Bolívar) hasta la calefacción para los más pobres.

 

Álvarez, siempre inquieto, viajó extensamente por este país, sobre todo a las zonas más marginadas, lugares que ningún otro diplomático latinoamericano ha visitado, y desde ahí, en nombre de un pueblo y líder desconocido, ofreció millones de dólares en combustible para la calefacción de los pobres en los inviernos de este país. Esto sucedió en las sombras de ciudades riquísimas como Nueva York, en comunidades olvidadas como reservaciones indígenas en el noreste y el medio oeste, y hasta en comunidades de Alaska. No conozco a ese señor Chávez, pero le quiero dar un gran abrazo a él y a su pueblo, comentaba una abuela a Bernardo en el sur del Bronx al recibir la solidaridad.

 

Bernardo, más allá de sus actividades diplomáticas formales, también logró crear solidaridad –de la verdadera– en todos los niveles de Estados Unidos, desde intelectuales y artistas hasta sindicalistas, desde líderes sociales latinos y afroestadunidenses hasta estudiantes y empresarios (incluso petroleros). No temía decir sus verdades. Gozaba más que nada buscar, entre el humor (aunque a veces con chistes malísimos) y la disciplina de sus tareas oficiales, crear, impulsar y defender lo más frágil y delicado: la creación de milagros colectivos.

 

Mucho de esto, lo de Bernardo y su pueblo, ni hablar lo de Cuba, y lo de Estados Unidos, ha sido registrado durante más de tres décadas por este periódico que de eso mismo nace, de un milagro colectivo.

 

Los que saben crear milagros colectivos regalan no el milagro en sí, sino algo aún más excepcional: la invitación a crear y forjarlos con ellos. A los que tenemos la gran fortuna y el gran privilegio de ser participantes en ellos, nos toca decidir cada día si defenderlos o no. Los enemigos de los milagros colectivos –los que gozan de insistir en que todo eso es imposible– esperan cada día ver qué decidimos. Ante tal decisión, no hay neutrales.

"Lo imposible es posible… los locos somos cuerdos". José Martí.